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lunes, 9 de marzo de 2015

Cine Qua Non: La ilusión espacial

Publicado originalmente en Cine Qua Non

La película como texto para ser leído
Aunque nos gustaría creer que la humanidad está por conquistar el espacio intergaláctico, poniendo el viaje espacial al alcance de los simples mortales, las evidencias indican que eso está muy lejos de hacerse realidad. Tomando esa triste realidad como excusa, en esta participación se destacan un par de historias que muestran al ser humano como un pequeño ente en medio del universo, a merced de mentes y poderes fuera de su alcance.


Cuando nuestro ancestro, el Homo Erectus, surgió de la evolución como un ser erguido en dos piernas, fue capaz de levantar la cabeza y mirar al cielo. Desde esos tiempos remotos, el ser humano se ha maravillado por la bóveda celeste y las incontables estrellas. La ilusión de viajar por el espacio ha movido el trabajo de científicos y la imaginación de artistas rumbo a otros planetas y soles. En Fundación y Tierra, el último libro de la saga de la Fundación, Isaac Asimov describe una sociedad futurista tan maravillada por los viajes espaciales y la conquista de nuevos mundos, que desde hace años ha olvidado el propio origen y prácticamente se desconoce la existencia y ubicación de la Tierra. Así de grande es la ilusión espacial del ser humano en los relatos de ciencia ficción.

El cañonazo lanzado desde la Tierra en 1902 en la película Le Voyage dans la Lune, del fantástico Georges Méliès, inauguró una incontable cascada de producciones cinematográficas con el tema de los viajes espaciales como centro.


La imaginación del público se echó a volar a bordo del crucero C57-5D, la nave Dark Star, el Nostromo, el Entrerprise, el Discovery o mi favorito, el Millennium Falcon. ¿Cuantas naves espaciales -con televisión, fábrica de chocolates y torpedos nucleares incluídos- domadas por amigos de Luke Skywalker o Han Solo habrán explorado las superficies de parques de infancias de todo el mundo?

Sin embargo, los viajes espaciales están muy lejos de convertirse en realidad para el común de las personas. De hecho, las mayores hazañas registradas en el espacio exterior han sido protagonizadas por robots. Es el caso de la exploración de la superficie de Marte por Spirit y Opportunity (y más recientemente por el Curiosity), el heróico aterrizaje de la soviética Venera 13 en Venus, tras pasar por la infernal atmósfera del segundo planeta para conseguir el envío de información antes de que su procesador muriera calcinado, o el trotamundos Voyager 1, que es el artefacto de origen terrícola que más lejos ha llegado y que junto a su hermano menor Voyager 2 consiguió impresionantes fotografías de Júpiter, atravesó los anillos de Saturno comprobando que están formados por diminutas rocas, presenció el paso del gran Neptuno y actualmente continúa su larga travesía fuera del Sistema Solar, a cerca de 20 mil millones de kilómetros del planeta Tierra, cargando con su mensaje musical.

No es por menospreciar los esfuerzos lunáticos de EEUU y URSS, pero vamos, en términos prácticos la Luna es un engendro de la Tierra, y sin exagerar demasiado podríamos decir que la llegada de Neil Armstrong y compañía a nuestro satélite, más que un viaje espacial, fue uno intercontinental.

Incluso el proyecto ampliamente difundido Mars One, que busca establecer una colonia humana en el planeta rojo a partir del 2024, recientemente fue analizado por investigadores del MIT, quienes concluyeron que ante la falta de tecnología más avanzada, de llevarse a cabo la misión como está planteada, los colonos podrían morir asfixiados a los pocos meses. Los resultados fueron publicados durante el LXV Congreso Internacional de Astronáutica, en Toronto.

Ante este panorama, sugiero la resignación y el pesimismo ante los viajes espaciales de la humanidad, para centrar nuestra imaginación en historias que nos muestran lejos del éxito en la conquista del universo. (Al menos hasta que se cumpla lo predicho por Isaac Asimov en la que me parece su mejor novela, El fin de la eternidad, y la organización de científicos sociales que nos controla en secreto sea eliminada y los viajes en el tiempo sean sacrificados para dar paso al glorioso Imperio Galáctico).

El planeta salvaje y el alucinante mundo de Laloux

René Laloux fue un cineasta francés especializado en la animación y cuya filmografía abarcó tres largometrajes y varios cortometrajes magníficamente ambientados. Su primera película, La planète sauvage, es un viaje potente, directo y sin escalas al diminuto lugar que el ser humano ocupa en el cosmos.

En la primera escena vemos a una mujer corriendo en medio de una selva de espinos con un bebé en brazos. Cuando comienza a subir una colina, de pronto se le interpone una enorme mano azul, que con el golpecito de uno de sus dedos la derriba. La persecución termina con la muerte de la mujer y con el pequeño bebé en medio de tres traags adolescentes, quienes estaban jugando con el para ellos diminuto ser. El niño humano es adoptado como una clase de mascota por un niño traag y así es como el espectador puede acceder al interior de las casas y la cultura de los traags, la especie que domina este planeta y que llama a los humanos oms, y en ciertos aspectos son muy similares a quienes actualmente habitamos la tierra.

La película resulta una interesante reflexión sobre la naturaleza y las relaciones sociales, con su buena dosis de aventuras, tensiones y excelente musicalización.


Antes de pasar al siguiente tema, es necesario recomendar al lector a subir a la nave de René Laloux y recorrer completo el viaje por el resto de sus trabajos. La segunda película de Laloux, Les Maîtres du temps, es un recorrido por el planeta Perdide, luego de un desastroso accidente de una nave tripulada por humanos. Su último largometraje, Gandahar, es una coproducción Francia-Corea del Norte que se adentra en la dicotomía vida-tecnología, una gran batalla entre las bellas deformaciones que crea la naturaleza y la fría máquina, un relato lleno de fantasía y ciencia ficción no exenta de una postura filosófica (por cierto, la adaptación del guión de esta película en su versión norteamericana fue escrita por -¿quién más?- Isaac Asimov). El viaje espacial y terrenal de Laloux termina después de ver sus cortometrajes, que pueden localizarse fácilmente en youtube.

El fin de la infancia y la odisea espacial

Uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído es Childhood's End. A pesar de su aparente brevedad, los personajes y situaciones concretas que se presentan logran atrapar al espectador entre los capítulos que avanzan en el tiempo constantemente, y la filosofía que se puede intuir en lo profundo del relato toca temas tan bastos como la cultura, identidad, ciencia y religión; todo, entrelazado a un ritmo que el lector agradece al pasar las páginas sin sentirlas.

Al igual que el planeta salvaje de Laloux, esta novela presenta una humanidad lejos de la gloria de los viajes espaciales y la conquista intergaláctica. Escrita en 1953 y ambientada en los primeros capítulos en dicha época, muestra una sociedad que se ve sorprendida por la llegada de alienígenas, justo en medio de una carrera espacial entre EEUU y URSS que a juzgar por el acontecimiento parece irrisoria o nula, como lo siente Reinhold Hoffmann, un miembro del proyecto espacial norteamericano, en un fragmento de las primeras páginas de la novela:
Reinhold no se sintió apenado porque el trabajo de toda una vida se le derrumbase de pronto. Había luchado para que el hombre llegase a las estrellas, y ahora, en el instante del triunfo, las estrellas - las apartadas e indiferentes estrellas - venían a él. En ese instante la historia suspendía su aliento, y el presente se abría en dos separándose del pasado como un témpano que se desprende de los fríos acantilados paternos y se lanza al mar, a navegar solitario y orgulloso. Todo lo obtenido en las eras del pasado no era nada ahora. En el cerebro de Reinhold sonaban y resonaban los ecos de un único pensamiento: La raza humana ya no estaba sola.
Y no era para menos, pues con la llegada de los Superseñores (Overlords en el original) la humanidad llegó a una clase de edad de oro impuesta: terminaron las guerras, el hambre, la pobreza, la enfermedad, el crimen, el analfabetismo... todo ello gobernado por los misteriosos seres de otro planeta.

Como en todo buen relato de ciencia ficción, las razones de todo cuanto acontece son verosímiles científica y socialmente, dentro de los límites del propio relato. Es decir, no sucede como en otro tipo de ficciones como las del género fantasía, donde el recurso de la magia es suficiente para hacer desaparecer o crecer algo, sin mayor explicación. En la ciencia ficción todo puede pasar, pero si es buena ciencia ficción se dan suficientes argumentos válidos que harían posible, con el uso de un poco de imaginación dirigida, que lo que sucede en la historia fuera totalmente real a la luz de la ciencia. Este libro no solo muestra conocimiento en ciencias físicas o astronómicas, sino sobre todo ciencias sociales, humanidades y mitología, que combinadas todas una excelente y fructífera imaginación dan como resultado un novelón. Pero no nos desviemos, que el tema central es el viaje espacial.

En la historia, los seres humanos no reciben apoyo ni tecnología para realizar viajes al espacio y quedan confinados en su pequeño mundo de utopía real. Sin embargo, hay un personaje que consigue hacer uno de los viajes al espacio más sensacionales y duramente realistas que he imaginado.

Jan Rodricks, uno de los pocos humanos que continúan con interés por la ciencia en la edad de oro, se convierte en una clase de Jonás bíblico-espacial y adentro de una ballena disecada que los Superseñores llevan a su planeta como pieza de museo, consigue viajar como polizón en la nave espacial. Para cuando llega al planeta de los Superseñores Jan ya fue descubierto y es tratado con indiferencia, nadie se preocupa por sacarlo de sus dudas, con el inconveniente de que nadie habla su idioma. Se siente un pigmeo, como un niño que no comprende lo que sucede, aunque pronto se identifica a sí mismo con un hombre de la Edad de Piedra encerrado en un edificio moderno, sin ninguna clase de referencia respecto a cómo y por qué funcionaba lo que veía a su alrededor. Seis meses después regresa a la Tierra sin muchas respuestas claras, y como esperaba debido a su conocimiento sobre la Teoría de la Relatividad, ochenta años terrestres después a su partida. Todas las personas que alguna vez conoció habían muerto ya. La tragedia de Jan Rodricks no es la central de esta novela, pero al final desempeña un papel relevante al colaborar en la observación científica del que sería, sin duda, el suceso más importante de la historia de la humanidad.

Ahora bien, toda esta reseña de un libro ¿en qué se relaciona con el cine? Principalmente por su no adaptación al séptimo arte. Y es que Childhood's End no ha sido adaptado nunca para el cine, sin embargo, este libro habría de ser la semilla de una de las más grandes películas jamás filmadas sobre viajes espaciales. Me refiero a un clásico del cine, un pilar que cambió la historia del séptimo arte y sobre el que se han escrito toneladas de cuartillas en libros, ensayos, tesis de todos los niveles y artículos periodísticos: 2001: A Space Odyssey.

Childhood's End (El fin de la infancia) fue escrito por Arthur C. Clarke en la década de los cincuenta. El libro maravilló a uno de los grandes del cine, Stanley Kubrick, quien se vio imposibilitado para llevarlo al cine pues otro director, Abraham Polonsky, le habría comido el mandado y previamente trabajaba en el guión de una película que finalmente nunca vio la luz. Sin embargo, Stanley Kubrick trabajó junto con Clarke para adaptar el relato El centinela a un guión cinematográfico. Esta fue la primera y única vez que el gran cineasta neoyorquino trabajó al lado de alguien en la construcción de su guión. Incluso en casos de adaptaciones de libros causó polémica por desviarse del texto original, como en A Clockwork Orange donde Kubrick omitió el capítulo final, o en The Shining, donde el autor Stephen King ha mostrado públicamente en diversos espacios y textos su descontento ante los cambios y omisiones que Kubrick hizo a la versión del libro.

El resultado del trabajo en conjunto entre Clarke y Kubrick resultó en una de las películas mejor logradas de todos los tiempos sobre viajes espaciales.



No es necesario polemizar sobre la secuela, 2010: The Year We Make Contact, dirigida por Peter Hyams, que se encuentra años luz del nivel de la película de Kubrick y que más parece una cinta sobre la Guerra Fría que sobre viajes espaciales y cuyo final es totalmente sospechoso.

Sin embargo, la historia de Childhood's End no sólo sirvió de inspiración a Kubrick, sino también a otro de los grandes: a David Gilmour, guitarrista de la banda británica Pink Floyd, quien escribió una rola basada en el libro.

Y finalmente, será presentada una miniserie de seis horas basada en el fenomenal libro de Arthur C. Clarke, según anunció la productora Syfy, y se espera su estreno para este año 2015.

domingo, 15 de mayo de 2011

La evolución de la vida desde el espacio exterior

Las dos conclusiones principales de este capítulo son:
  1. La ausencia en los registros fósiles de formas intermedias requeridas por la teoría evolucionista conocida muestra que, si las formas terrestres de vida han evolucionado a partir de un tronco común, las ramificaciones de más fuste del árbol evolutivo deben de haber ocurrido con gran rapidez.
  2. Las ramificaciones mayores, si ocurrieron, estuvieron acompañadas por cambios genéticos nada pequeños.
Estas conclusiones dan la puntilla al darwinismo, el cual no puede aceptar que se produzcan rápidamente cambios genéticos, según vimos en el capítulo I. La situación es que para retener el esquema evolutivo  apoyado por biólogos, que ha sido ilustrado en los diagramas de este capítulo, será preciso encontrar otros medios para conducir la evolución que no sean la imagen usual del darwinismo. [...]

La segunda posibilidad evoca curiosamente la teoría de la creación especial que William Paley defendió en la segunda mitad del siglo XVIII. Después de hacer ver que planteas y animales están notablemente adaptados a los medios en que viven, Paley comparó la precisión del mundo vivo con un reloj bellamente construido. En seguida arguyó que, así como el reloj debe su origen a un relojero, así también el mundo de la Naturaleza ha de deber su origen a un Creador, Dios. Su obra, a View of the Evidence of Christianity, tuvo gran influencia. Inicialmente fue una serie de conferencias dadas en la Universidad de Cambridge, pero posteriormente el libro se volvió lectura obligatoria en esa universidad. En efecto, hasta principios del siglo XX todos los graduados de la universidad debían aprobar un examen al que popularmente se bautizó con el nombre de "Paley's Evidences".
En 2835 y 1837, Edward Blyth publicó dos trabajos en los que considera los efectos de la seleción natural. Sistuvo que en cuanto alguna especie se adapta a su medio, la selección natural impedirá que se desadapte. También argumentó en forma muy similar a lo dicho por Darwin, que citamos en el capítulo IV: "En general, en todas las especies debe haber un número de individuos muertos por halcones..." Bliyth percibió este razonamiento con toda claridad desde mucho antes de que Darwin lo escribiera en su cuaderno de notas, pero a su juicio sólo serviría para mejorar la adaptación de una planta o animal ya adaptados. Lograr la adaptación inicial seguía siendo un problema, y por esa razón Blyth consideró que era necesario adoptar una posición muy similar a la de Paley. Todavía hasta nuestros días sigue estando en pie el problema de hacerse de las 2 000 enzimas necesarias, según vimos en el capítulo II.
Lo que hicieron tanto Darwin como Alfred Russel Wallace, casi un cuarto de siglo después de Blyth, fue afirmar que la selección natural debía provocar adaptación, tesis que Blyth consideró y rechazó. La afirmación no fue probada, a pesar de que el mundo científico había llegado a pensar que en El origen de las especies (1859) había sido probada sin lugar a dudas. Lo que se da en la obra de Darwin son muchísimos cambios de adaptación de especies ya adaptadas respecto a lo cual nunca ha habido duda real sobre todo después de los trabajos de Blyth de 1835 y 1837. No se aborda la cuestión clave, que es explicar los orígenes a partir de la nada.
Las especulaciones contenidas en El origen de las especies resultaron estar equivocadas, según hemos visto en este capítulo. Es irónico que los hechos científicos dejen fuera a Darwin, y que dejen a William Paley, una figura que fue motivo de burla por más de un siglo, dentro del torneo pcon la probabilidad de ser el ganador final. En los capítulos restantes veremos cómo va el razonamiento.
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Fragmento final del capítulo VI: Hay numerosas filtraciones en los registros de la evolución, del libro La evolución de la vida desde el espacio exterior (1981), de Fred Hoyle y N. C. Wickramasinghe, donde los autores -con información científica de la segunda mitad del siglo XX- contribuyen a teoría de la panspermia del premio Nobel de Química de 1903, el sueco Svante Arrenius. En resumen, que la vida procede del espacio.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Y las ballenas?


Luego de leer el artículo de Margarito Mora (click aquí) me saltó un detalle: las ballenas. De acuerdo a su explicación, los mamíferos partimos de "reptiles mamiferiodes", quienes gracias al huevo amniótico pudieron separar la reproducción de los cuerpos de agua. Por tanto, la ballena sería un animal que evolucionó para salir del agua y posteriormente evolucionó para vivir en el agua. Con mis legos conocimientos biológicos y evolutivos, lo anterior me pareció totalmente extraño y fantasioso.

Sin embargo me equivoqué: los hallazgos de la ciencia han demostrado, hasta el momento (recordar el falsacionismo de Popper), que así es. Luego de millones de años de evolución, los antepasados de la ballena, viviendo ya en tierra, con extremidades y respirando aire, quizás por nostalgia, quizás por azar o por mil razones más, regresaron al origen: al agua.


Este descubrimiento, junto con el poder de la Luna al que me acerqué gracias a los libros de Asimov, es quizás lo más maravilloso que he aprendido este año.

Aquí un video de Richard Dawkins (el señor Gen Egoísta) explicando de forma muy pedagógica esta evolución:


(No olviden poner los subtítulos)

De esta forma, los cetáceos resultan "primos" de los hipopótamos, esos fantásticos animales que asombran al mismo Pechu.

Para mayor información, pueden consultar este par de artículos publicados en revistas científicas serias (no pude encontrar en español): The origin and early evolution of whales, o también Land-to-sea transition in early whales (tarda en cargar porque pesa 15 MB, pero vale la pena). También en Wikipedia hay información útil, sobre todo para quienes sabemos tan poco de biología.

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Desvarío: Hace un par de días me corté de forma tonta un dedo. A los pocos minutos mi sangre ya había coagulado, tapando la fuga. Hoy sólo tengo una pequeña costra que poco a poco desaparecerá, cuando mi dedo quede nuevamente como nuevo. Este proceso que parece tan simple y que todos hemos visto funcionar muchísimas veces, me pone a reflexionar sobre la conciencia. ¿Qué demonios es eso? Si yo, es decir mi consciencia de mí mismo, realmente formo parte de este cuerpo, ¿por qué mi cuerpo no se toma la molestia de preguntarme si realmente quiero sanar, por qué no soy "yo" quien guía la auto-curación, ni tengo la menor idea de cómo es que funciona tal proceso? Suponemos que cada célula "sabe" cómo debe funcionar porque en su misma constitución está la "información" que le hace funcionar como lo que es. Todo esto sería producto de un larguísimo proceso de evolución, de reproducción y reproducción de la vida, de autopoiesis, "de producciones moleculares en las que las moléculas producidas generan con sus interacciones la misma red que las produce" dirían Maturana y Varela. Si nos apegamos a las evidencias científicas, todo parece indicar que realmente el ser humano es producto de toda una evolución de la naturaleza, de la vida, desde hace millones de años. Signos, memes, información que continúa fundamentándose a sí misma a lo largo de los años, de los seres, de los individuos. Nuestros huesos, órganos, constitución genética, química, muestra que somos parte de este mundo. Sin embargo, ¿por qué lo llevamos a la destrucción? ¿Será que es un engaño, una equivocación? ¿Será que la vida, cuando adquiere un avanzado estado de conciencia, se vuelve contra sí misma, termina su proceso de reproducción? ¿Por qué somos los únicos seres vivos que rompemos el equilibrio de todos los demás? ¿O será que los humanos no somos lo que creemos, sino una suerte de exterminadores que fuimos depositados en la tierra, con un cuerpo disfraz tan avanzado que parece venir de la vida surgida en este mismo planeta, de la evolución, y llevamos cumpliendo nuestra misión autodestructiva de forma cada vez mejor? ¿Patrañas? Seguramente... ¿o no?

El hombre no sólo viene del mono

La Gaceta- Ciencia & Seguido

Y antes del mono… ¿qué?
Margarito Mora-Núñez

Una de las preguntas frecuentes, alrededor del tema de evolución humana, es: ¿venimos del mono? La teoría evolutiva nos plantea que todos los seres vivos provenimos de un solo tipo de ser inicial (o algunos pocos tipos), y esto se sustenta en que el código genético de la totalidad de los entes biológicos funciona sustancialmente de una única manera, y que este tronco inicial de vida se ha ido ramificando al transcurrir el tiempo geológico.


La vida surgió en la Tierra hace unos 3 mil 800 millones de años, posiblemente en pequeñas charcas. A este nivel, nuestras formas ancestrales se reducían a pequeñas células, a penas organizadas, que podrían compararse a las bacterias actuales que soportan condiciones ambientales extremas (altas temperaturas, gran alcalinidad, punto de congelación, etcétera). Permanecimos de esta manera por algunos cientos de millones de años.
Hace alrededor de 2 mil millones de años surgieron nuevas maneras de organización celular; el material genético se protegió en el núcleo por una membrana y se adquirieron algunos organelos —quizá por medio de una relación simbiótica—; de esta manera surge lo que se conoce como célula eucariótica, el tipo celular de lo que están constituidos la mayor parte de los seres vivos incluidos los humanos.
Sobre los siguientes mil 400 millones de años se sabe muy poco, pero en ese transcurso se incrementó la complejidad y aparecen los primeros animales pluricelulares. Por primera vez en la historia, un ser vivo está compuestos por más de una célula. Éste es el camino que seguimos los humanos.
Hace unos 600 millones de años, existían pequeños animales con tentáculos a manera de una flor, que vivían adheridos al fondo marino alimentándose de materia suspendida en el agua. Es difícil imaginar que éstos sean nuestros ancestros, sin embargo las modernas teorías acerca del origen de todos los vertebrados proponen como forma ancestral a estos animalitos filtradores sésiles.
El siguiente paso se dio cuando las larvas de este ser tentaculado retuvieron su capacidad de desplazamiento hasta el estado adulto, algo que en lenguaje técnico se denomina neotenia, y de esta manera surgiría una especie de gusano de vida libre, que poseía una varilla esquelética interna, precursora de la columna vertebral. En los mares del periodo Cámbrico (hace unos 530 millones de años), los humanos éramos entonces pequeños gusanos con esqueleto interno que debíamos nadar con rapidez para evadir a los depredadores.
Otro paso de nuestra evolución se dio cuando esta varilla interna se sustituyó por la columna vertebral, cuya función es similar, pero permite una mayor flexibilidad. En este momento éramos ya pequeños peces filtradores sin mandíbula que evadíamos, cuando era posible, el ataque de gigantescos escorpiones de mar.
Con el posterior desarrollo de la mandíbula nos convertimos ya en depredadores de otros organismos y esto aceleró un poco la evolución. Algunos de estos peces mandibulados vivíamos en aguas dulces, en charcas que se secaban debido al cambio estacional; esto hizo posible el desarrollo de pulmones que nos permitieron sobrevivir en condiciones de falta de agua. Además, desarrollamos aletas pectorales y pélvicas fuertes, que al paso de tiempo se convertirían en las primeras patas; una vez logrado esto, pasamos de pez a anfibio y comenzamos a conquistar los ambientes terrestres continentales. En este momento, los humanos y todos los vertebrados que poseemos cuatro extremidades, compartíamos un ancestro con forma de salamandra y que habitaba los primeros bosques de la historia.
En los bosques del Carbonífero (350 millones de años), compartíamos el mundo con arañas, insectos y ciempiés gigantes. En este ambiente se dio otro gran paso en nuestra evolución: el desarrollo del huevo amniótico, es decir, una estructura que permitió que la reproducción se independizara de los cuerpos de agua (como lo hacen los anfibios actuales). Fue así como surgieron los reptiles y, entre ellos, nuestros ancestros. Los reptiles prosperaron en tres líneas básicamente, y una de ellas es la nuestra, los denominados “reptiles mamiferoides”. Estos reptiles darían origen a los mamíferos hace unos 225 millones de años, y ya como mamíferos permanecimos a la sombra de los dinosaurios los siguientes 160 millones de años. Durante todo ese tiempo teníamos forma de pequeña musaraña y éramos de hábitos nocturnos.
Hace 65 millones de años, un evento aún no determinado del todo, exterminó al 80 por ciento de las formas de vida, incluyendo a los dinosaurios, reptiles voladores y marinos. Este acontecimiento permitió que los mamíferos nos desarrolláramos y tomáramos los nichos que los grandes reptiles dejaron atrás. Muchas nuevas líneas evolutivas de mamíferos surgieron como los caballos, rinocerontes, ballenas y elefantes, y entre ellas la nuestra: los primates.
Los primates nos adaptamos a la vida sobre los árboles, desarrollamos manos prensiles y vista en tercera dimensión. Reconocemos los colores, lo que nos permitió discriminar desde la lejanía los frutos verdes de maduros. Vivimos entre las ramas por unos 45 millones de años hasta que los cambios ambientales promovieron la expansión de las praderas y con esto, la evolución de monos terrestres. Más tarde, y como adaptación a los pastizales donde vivíamos, comenzamos a desplazarnos erguidos, en dos patas, y de ahí el desarrollo de todas las especies de homínidos… una historia ya más conocida. Entonces… si, si venimos del mono, y del reptil mamiferoide, y del anfibio y de esa extraña forma de animalito tentaculado sésil. Hemos sido muchas cosas, pero lo mejor es que somos la suma de todo.

* Margarito Mora-Núñez es egresado del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG, Licenciatura en Biología. Actualmente en el doctorado interuniversitario en Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid.

viernes, 18 de junio de 2010

Fundación

El Imperio Galáctico se derrumbaba.

Era un Imperio colosal que se extendía a través de millones de mundos, de un extremo a otro de la inmensa espiral doble que era la Vía Láctea. Su caída también sería colosal, y además prolongada, porque debía abarcar un enorme período de tiempo.

Había estado derrumbándose durante siglos antes de que un hombre se diese realmente cuenta de ello. Aquel hombre era Hari Seldon, el ser que representaba la única chispa de esfuerzo creador que subsistía en la decadencia general. El fue quien desarrolló y llevó a su punto culminante la ciencia de la psicohistoria.

La psicohistoria no trataba del hombre, sino de las masas de hombres. Era la ciencia de las muchedumbres, de miles de millones de personas. Podía prever las reacciones a diferentes estímulos con la misma exactitud que una ciencia menor predecía el rebote de una bola de billar. La reacción de un hombre se podía vaticinar por medio de las matemáticas conocidas, pero la de mil millones era algo distinto.

Hari Seldon presagiaba las tendencias sociales y económicas de la época, y estudiando las curvas previó la continua y acelerada caída de la civilización y el lapso de treinta mil años que debía transcurrir antes de que un nuevo Imperio pudiese emerger de las ruinas.

Era demasiado tarde para detener aquella caída, pero aún había tiempo de cerrar el paso a la llegada de la barbarie...

lunes, 29 de marzo de 2010

El Disco Teletransportador


El Teletransportador es una máquina que hace posible el traslado de un objeto de un lugar a otro de forma prácticamente instantánea, la teletransportación. La historia de ciencia ficción más vieja con el concepto de la teletransportación es "The man without a body", de David Page Mitchell, donde un científico descubre la forma de desintegrar los átomos de un gato y enviarlos a través de un cable; el científico muere al enviarse a sí mismo, pues la batería de su Teletransportador se agotó cuando sólo había transmitido su cabeza.

Sheldon Cooper (TBBT) aclara que aunque una máquina teletransportadora pudiera determinar el estado cuántico de la materia de un individuo, en realidad no estaría teletransportándolo, sino destruyéndolo en una ubicación para luego recrearlo en otra.

La banda de rock Teletraportador hace justamente eso: su música y letras nos hacen llegar a otro lugar, destruyen nuestra materia y nos recrean donde a ellos les plazca... siempre con la batería recargada.


Esta banda, que comenzó a tocar en 2005 bajo el nombre de "Los Cocodrilos", nos presenta su primer disco tras ganar el Rockampeonato Telcel 2008. Desde entonces no han dejado de tocar por todo el país mostrando su proyecto. Oscar (bajo y teclado), Marco (guitarra), Ricardo (batería) y Jorge (voz, guitarra y bajo), definen su música como melancólica y existencial. El crítico Enrique Blanc los describió en OCIO como "Un cuarteto que hace rock neto, bien ejecutado, ése con guitarras eléctricas al frente y, en ocasiones, como sucede en la lograda Estoy tranquilo, con estructuras rítmicas más reposadas".


Pueden visitar su página en: http://www.myspace.com/teletransportate
También búsquenlos en el Facebook y sus videos en You tube.




Para bajar el disco: click aquí. Incluí una cancioncita que no fue editada en el disco original, sino para un demo previo.

lunes, 1 de junio de 2009

Vampiros del Toro

Para los lectores que gustan de la ciencia ficción, el cineasta tapatío Guillermo del Toro se estrena como escritor y pone en el ruedo su primer libro. En esta ocasión no es sobre un Fauno, fantasmas o diablos, sino que retoma el tema de su primera película Cronos: los vampiros.


Seguramente será una propuesta novedosa, más interesante que la popular Crepúsculo, como nos tiene acostumbrados.

Para leer más sobre este lanzamiento, click aquí.