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jueves, 8 de noviembre de 2012
¿Cómo terminar una comunidad de 140 años en 15 días?
Una producción del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (MAPDER), este video reúne testimonios de comunidades afectadas, activistas y movimientos que denuncian las violaciones a los derechos humanos por la construcción de presas en México.
miércoles, 22 de junio de 2011
Planeta Azul, Planeta Mar
Esta serie es verdaderamente fenomenal. Sobre todo si el observador especula con las diversas posibilidades de la evolución.
Más del 60% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por una capa de agua salada de más de kilómetro y medio de espesor, lo que significa que el océano Abisal es el hábitat más extenso de la tierra, un hábitat que nos es prácticamente desconocido... llegaremos al fondo del mar, a un extraño mundo nunca revelado...
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Me pregunto qué pasaría si las televisoras -públicas y privadas- en México no sólo transmitieran ese tipo de programas, sino que produjeran algún documental con científicos al frente.
Más del 60% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por una capa de agua salada de más de kilómetro y medio de espesor, lo que significa que el océano Abisal es el hábitat más extenso de la tierra, un hábitat que nos es prácticamente desconocido... llegaremos al fondo del mar, a un extraño mundo nunca revelado...
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Me pregunto qué pasaría si las televisoras -públicas y privadas- en México no sólo transmitieran ese tipo de programas, sino que produjeran algún documental con científicos al frente.
domingo, 7 de noviembre de 2010
¿Y las ballenas?

Luego de leer el artículo de Margarito Mora (click aquí) me saltó un detalle: las ballenas. De acuerdo a su explicación, los mamíferos partimos de "reptiles mamiferiodes", quienes gracias al huevo amniótico pudieron separar la reproducción de los cuerpos de agua. Por tanto, la ballena sería un animal que evolucionó para salir del agua y posteriormente evolucionó para vivir en el agua. Con mis legos conocimientos biológicos y evolutivos, lo anterior me pareció totalmente extraño y fantasioso.
Sin embargo me equivoqué: los hallazgos de la ciencia han demostrado, hasta el momento (recordar el falsacionismo de Popper), que así es. Luego de millones de años de evolución, los antepasados de la ballena, viviendo ya en tierra, con extremidades y respirando aire, quizás por nostalgia, quizás por azar o por mil razones más, regresaron al origen: al agua.
Este descubrimiento, junto con el poder de la Luna al que me acerqué gracias a los libros de Asimov, es quizás lo más maravilloso que he aprendido este año.
Aquí un video de Richard Dawkins (el señor Gen Egoísta) explicando de forma muy pedagógica esta evolución:
(No olviden poner los subtítulos)
De esta forma, los cetáceos resultan "primos" de los hipopótamos, esos fantásticos animales que asombran al mismo Pechu.
Para mayor información, pueden consultar este par de artículos publicados en revistas científicas serias (no pude encontrar en español): The origin and early evolution of whales, o también Land-to-sea transition in early whales (tarda en cargar porque pesa 15 MB, pero vale la pena). También en Wikipedia hay información útil, sobre todo para quienes sabemos tan poco de biología.
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Desvarío: Hace un par de días me corté de forma tonta un dedo. A los pocos minutos mi sangre ya había coagulado, tapando la fuga. Hoy sólo tengo una pequeña costra que poco a poco desaparecerá, cuando mi dedo quede nuevamente como nuevo. Este proceso que parece tan simple y que todos hemos visto funcionar muchísimas veces, me pone a reflexionar sobre la conciencia. ¿Qué demonios es eso? Si yo, es decir mi consciencia de mí mismo, realmente formo parte de este cuerpo, ¿por qué mi cuerpo no se toma la molestia de preguntarme si realmente quiero sanar, por qué no soy "yo" quien guía la auto-curación, ni tengo la menor idea de cómo es que funciona tal proceso? Suponemos que cada célula "sabe" cómo debe funcionar porque en su misma constitución está la "información" que le hace funcionar como lo que es. Todo esto sería producto de un larguísimo proceso de evolución, de reproducción y reproducción de la vida, de autopoiesis, "de producciones moleculares en las que las moléculas producidas generan con sus interacciones la misma red que las produce" dirían Maturana y Varela. Si nos apegamos a las evidencias científicas, todo parece indicar que realmente el ser humano es producto de toda una evolución de la naturaleza, de la vida, desde hace millones de años. Signos, memes, información que continúa fundamentándose a sí misma a lo largo de los años, de los seres, de los individuos. Nuestros huesos, órganos, constitución genética, química, muestra que somos parte de este mundo. Sin embargo, ¿por qué lo llevamos a la destrucción? ¿Será que es un engaño, una equivocación? ¿Será que la vida, cuando adquiere un avanzado estado de conciencia, se vuelve contra sí misma, termina su proceso de reproducción? ¿Por qué somos los únicos seres vivos que rompemos el equilibrio de todos los demás? ¿O será que los humanos no somos lo que creemos, sino una suerte de exterminadores que fuimos depositados en la tierra, con un cuerpo disfraz tan avanzado que parece venir de la vida surgida en este mismo planeta, de la evolución, y llevamos cumpliendo nuestra misión autodestructiva de forma cada vez mejor? ¿Patrañas? Seguramente... ¿o no?
El hombre no sólo viene del mono
La Gaceta- Ciencia & Seguido
Y antes del mono… ¿qué?
Margarito Mora-Núñez
Una de las preguntas frecuentes, alrededor del tema de evolución humana, es: ¿venimos del mono? La teoría evolutiva nos plantea que todos los seres vivos provenimos de un solo tipo de ser inicial (o algunos pocos tipos), y esto se sustenta en que el código genético de la totalidad de los entes biológicos funciona sustancialmente de una única manera, y que este tronco inicial de vida se ha ido ramificando al transcurrir el tiempo geológico.

La vida surgió en la Tierra hace unos 3 mil 800 millones de años, posiblemente en pequeñas charcas. A este nivel, nuestras formas ancestrales se reducían a pequeñas células, a penas organizadas, que podrían compararse a las bacterias actuales que soportan condiciones ambientales extremas (altas temperaturas, gran alcalinidad, punto de congelación, etcétera). Permanecimos de esta manera por algunos cientos de millones de años.
Hace alrededor de 2 mil millones de años surgieron nuevas maneras de organización celular; el material genético se protegió en el núcleo por una membrana y se adquirieron algunos organelos —quizá por medio de una relación simbiótica—; de esta manera surge lo que se conoce como célula eucariótica, el tipo celular de lo que están constituidos la mayor parte de los seres vivos incluidos los humanos.
Sobre los siguientes mil 400 millones de años se sabe muy poco, pero en ese transcurso se incrementó la complejidad y aparecen los primeros animales pluricelulares. Por primera vez en la historia, un ser vivo está compuestos por más de una célula. Éste es el camino que seguimos los humanos.
Hace unos 600 millones de años, existían pequeños animales con tentáculos a manera de una flor, que vivían adheridos al fondo marino alimentándose de materia suspendida en el agua. Es difícil imaginar que éstos sean nuestros ancestros, sin embargo las modernas teorías acerca del origen de todos los vertebrados proponen como forma ancestral a estos animalitos filtradores sésiles.
El siguiente paso se dio cuando las larvas de este ser tentaculado retuvieron su capacidad de desplazamiento hasta el estado adulto, algo que en lenguaje técnico se denomina neotenia, y de esta manera surgiría una especie de gusano de vida libre, que poseía una varilla esquelética interna, precursora de la columna vertebral. En los mares del periodo Cámbrico (hace unos 530 millones de años), los humanos éramos entonces pequeños gusanos con esqueleto interno que debíamos nadar con rapidez para evadir a los depredadores.
Otro paso de nuestra evolución se dio cuando esta varilla interna se sustituyó por la columna vertebral, cuya función es similar, pero permite una mayor flexibilidad. En este momento éramos ya pequeños peces filtradores sin mandíbula que evadíamos, cuando era posible, el ataque de gigantescos escorpiones de mar.
Con el posterior desarrollo de la mandíbula nos convertimos ya en depredadores de otros organismos y esto aceleró un poco la evolución. Algunos de estos peces mandibulados vivíamos en aguas dulces, en charcas que se secaban debido al cambio estacional; esto hizo posible el desarrollo de pulmones que nos permitieron sobrevivir en condiciones de falta de agua. Además, desarrollamos aletas pectorales y pélvicas fuertes, que al paso de tiempo se convertirían en las primeras patas; una vez logrado esto, pasamos de pez a anfibio y comenzamos a conquistar los ambientes terrestres continentales. En este momento, los humanos y todos los vertebrados que poseemos cuatro extremidades, compartíamos un ancestro con forma de salamandra y que habitaba los primeros bosques de la historia.
En los bosques del Carbonífero (350 millones de años), compartíamos el mundo con arañas, insectos y ciempiés gigantes. En este ambiente se dio otro gran paso en nuestra evolución: el desarrollo del huevo amniótico, es decir, una estructura que permitió que la reproducción se independizara de los cuerpos de agua (como lo hacen los anfibios actuales). Fue así como surgieron los reptiles y, entre ellos, nuestros ancestros. Los reptiles prosperaron en tres líneas básicamente, y una de ellas es la nuestra, los denominados “reptiles mamiferoides”. Estos reptiles darían origen a los mamíferos hace unos 225 millones de años, y ya como mamíferos permanecimos a la sombra de los dinosaurios los siguientes 160 millones de años. Durante todo ese tiempo teníamos forma de pequeña musaraña y éramos de hábitos nocturnos.
Hace 65 millones de años, un evento aún no determinado del todo, exterminó al 80 por ciento de las formas de vida, incluyendo a los dinosaurios, reptiles voladores y marinos. Este acontecimiento permitió que los mamíferos nos desarrolláramos y tomáramos los nichos que los grandes reptiles dejaron atrás. Muchas nuevas líneas evolutivas de mamíferos surgieron como los caballos, rinocerontes, ballenas y elefantes, y entre ellas la nuestra: los primates.
Los primates nos adaptamos a la vida sobre los árboles, desarrollamos manos prensiles y vista en tercera dimensión. Reconocemos los colores, lo que nos permitió discriminar desde la lejanía los frutos verdes de maduros. Vivimos entre las ramas por unos 45 millones de años hasta que los cambios ambientales promovieron la expansión de las praderas y con esto, la evolución de monos terrestres. Más tarde, y como adaptación a los pastizales donde vivíamos, comenzamos a desplazarnos erguidos, en dos patas, y de ahí el desarrollo de todas las especies de homínidos… una historia ya más conocida. Entonces… si, si venimos del mono, y del reptil mamiferoide, y del anfibio y de esa extraña forma de animalito tentaculado sésil. Hemos sido muchas cosas, pero lo mejor es que somos la suma de todo.
* Margarito Mora-Núñez es egresado del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG, Licenciatura en Biología. Actualmente en el doctorado interuniversitario en Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid.
Y antes del mono… ¿qué?
Margarito Mora-Núñez
Una de las preguntas frecuentes, alrededor del tema de evolución humana, es: ¿venimos del mono? La teoría evolutiva nos plantea que todos los seres vivos provenimos de un solo tipo de ser inicial (o algunos pocos tipos), y esto se sustenta en que el código genético de la totalidad de los entes biológicos funciona sustancialmente de una única manera, y que este tronco inicial de vida se ha ido ramificando al transcurrir el tiempo geológico.

La vida surgió en la Tierra hace unos 3 mil 800 millones de años, posiblemente en pequeñas charcas. A este nivel, nuestras formas ancestrales se reducían a pequeñas células, a penas organizadas, que podrían compararse a las bacterias actuales que soportan condiciones ambientales extremas (altas temperaturas, gran alcalinidad, punto de congelación, etcétera). Permanecimos de esta manera por algunos cientos de millones de años.
Hace alrededor de 2 mil millones de años surgieron nuevas maneras de organización celular; el material genético se protegió en el núcleo por una membrana y se adquirieron algunos organelos —quizá por medio de una relación simbiótica—; de esta manera surge lo que se conoce como célula eucariótica, el tipo celular de lo que están constituidos la mayor parte de los seres vivos incluidos los humanos.
Sobre los siguientes mil 400 millones de años se sabe muy poco, pero en ese transcurso se incrementó la complejidad y aparecen los primeros animales pluricelulares. Por primera vez en la historia, un ser vivo está compuestos por más de una célula. Éste es el camino que seguimos los humanos.
Hace unos 600 millones de años, existían pequeños animales con tentáculos a manera de una flor, que vivían adheridos al fondo marino alimentándose de materia suspendida en el agua. Es difícil imaginar que éstos sean nuestros ancestros, sin embargo las modernas teorías acerca del origen de todos los vertebrados proponen como forma ancestral a estos animalitos filtradores sésiles.
El siguiente paso se dio cuando las larvas de este ser tentaculado retuvieron su capacidad de desplazamiento hasta el estado adulto, algo que en lenguaje técnico se denomina neotenia, y de esta manera surgiría una especie de gusano de vida libre, que poseía una varilla esquelética interna, precursora de la columna vertebral. En los mares del periodo Cámbrico (hace unos 530 millones de años), los humanos éramos entonces pequeños gusanos con esqueleto interno que debíamos nadar con rapidez para evadir a los depredadores.
Otro paso de nuestra evolución se dio cuando esta varilla interna se sustituyó por la columna vertebral, cuya función es similar, pero permite una mayor flexibilidad. En este momento éramos ya pequeños peces filtradores sin mandíbula que evadíamos, cuando era posible, el ataque de gigantescos escorpiones de mar.
Con el posterior desarrollo de la mandíbula nos convertimos ya en depredadores de otros organismos y esto aceleró un poco la evolución. Algunos de estos peces mandibulados vivíamos en aguas dulces, en charcas que se secaban debido al cambio estacional; esto hizo posible el desarrollo de pulmones que nos permitieron sobrevivir en condiciones de falta de agua. Además, desarrollamos aletas pectorales y pélvicas fuertes, que al paso de tiempo se convertirían en las primeras patas; una vez logrado esto, pasamos de pez a anfibio y comenzamos a conquistar los ambientes terrestres continentales. En este momento, los humanos y todos los vertebrados que poseemos cuatro extremidades, compartíamos un ancestro con forma de salamandra y que habitaba los primeros bosques de la historia.
En los bosques del Carbonífero (350 millones de años), compartíamos el mundo con arañas, insectos y ciempiés gigantes. En este ambiente se dio otro gran paso en nuestra evolución: el desarrollo del huevo amniótico, es decir, una estructura que permitió que la reproducción se independizara de los cuerpos de agua (como lo hacen los anfibios actuales). Fue así como surgieron los reptiles y, entre ellos, nuestros ancestros. Los reptiles prosperaron en tres líneas básicamente, y una de ellas es la nuestra, los denominados “reptiles mamiferoides”. Estos reptiles darían origen a los mamíferos hace unos 225 millones de años, y ya como mamíferos permanecimos a la sombra de los dinosaurios los siguientes 160 millones de años. Durante todo ese tiempo teníamos forma de pequeña musaraña y éramos de hábitos nocturnos.
Hace 65 millones de años, un evento aún no determinado del todo, exterminó al 80 por ciento de las formas de vida, incluyendo a los dinosaurios, reptiles voladores y marinos. Este acontecimiento permitió que los mamíferos nos desarrolláramos y tomáramos los nichos que los grandes reptiles dejaron atrás. Muchas nuevas líneas evolutivas de mamíferos surgieron como los caballos, rinocerontes, ballenas y elefantes, y entre ellas la nuestra: los primates.
Los primates nos adaptamos a la vida sobre los árboles, desarrollamos manos prensiles y vista en tercera dimensión. Reconocemos los colores, lo que nos permitió discriminar desde la lejanía los frutos verdes de maduros. Vivimos entre las ramas por unos 45 millones de años hasta que los cambios ambientales promovieron la expansión de las praderas y con esto, la evolución de monos terrestres. Más tarde, y como adaptación a los pastizales donde vivíamos, comenzamos a desplazarnos erguidos, en dos patas, y de ahí el desarrollo de todas las especies de homínidos… una historia ya más conocida. Entonces… si, si venimos del mono, y del reptil mamiferoide, y del anfibio y de esa extraña forma de animalito tentaculado sésil. Hemos sido muchas cosas, pero lo mejor es que somos la suma de todo.
* Margarito Mora-Núñez es egresado del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG, Licenciatura en Biología. Actualmente en el doctorado interuniversitario en Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid.
jueves, 15 de julio de 2010
San José del Pacífico
La altitud de las montañas.
Toca el suelo con sus pies desnudos, baja lentamente de la camioneta que lo llevó hasta ese lugar pues tiene un mareo solo explicado por la falta de costumbre de estar en altitudes elevadas, da las gracias al chofer, toma su morral de viaje y mira a su alrededor.
La niebla que cubre la superficie del suelo hace que las puntas de sus dedos sientan frío y que se sienta tal como si estuviera pisando algodón recolectado y esparcido en pilas por toda la tierra a su alrededor. Tras cinco minutos en la misma posición dejó de sentir los pies, entumecimiento a causa de lo helado del piso, entonces se decide, empieza a caminar.
Camina, o en realidad flota, sobre las nubes esparcidas, se dirige a un café, lo primero y más cercano que ve, bebe un té de limón; mira al interior del local, un sin fin de imágenes, esculturas, figuras de barro, arcilla, cerámica y tela: "la zona de los alucinógenos", le dicen al observar su estupor por verse rodeado de tan variadas representaciones de hongo.
Hace un saludo a una pareja sentada en sillas de madera, en silencio, fuera del café, éstos le responden calurosamente, y comienza a flotar en dirección del cerro; hay un camino que sube, todavía se puede subir más.
Viajando en dirección al cielo encuentra a su paso casas de madera pintadas con diversos colores, guajolotes destinados a la comida del día, niños jugando con la desnudez pura de su edad, mujeres lavando en el pilón comunitario, la iglesia con una explanada que da una vista panorámica de la región, es entonces que se da cuenta que ha subido más de lo que había pensado, caminar con el frío estimulante es, para él, mil veces más entretenido que soportar el sofocante calor, dado lo cual siguió su paso flotante.
El mareo se le va quitando a cada nueva ráfaga de viento que le llega a su rostro; tras una hora comienza a sentir un ligero cansancio en sus pies, un poco maltratados ya por la inobservable superficie que pisaban; recostose bajo un árbol a la orilla del camino, viendo el cielo blanco, y las aves que pasaban por entre las ramas, pensando que nadie las vigilaba a esa altura.
Reconoce algunas cuantas de aquellas aves: cenzontles, gorriones, petirrojos, azulejos de gran tamaño, verdines, canarios, pero también observa muchas que nunca ha visto, algunas con la cola más larga que su cuerpo mostrando colores que iban del verde al azul, por un momento cree que es un quetzal, pero era imposible por su tamaño; otros ofrecen un pecho amarillo que se logra divisar a través de la neblina y unas largas alas negras que les alzaban al vuelo; todos emiten sus sonidos sin recato, juntos forman una hermosa melodía mezclándose con las percusiones del viento golpeando la copa de los árboles y la rítmica casi imperceptible de los roedores que atraviesan el campo corriendo con sus patitas recortadas; disfruta de aquel melódico conjunto de ruidos, recostado aun sobre la hierba.
No sabe cuánto tiempo lleva en aquel sitio pero cree que es momento de continuar caminando, se eleva nuevamente sobre las nubes, que se han hecho más espesas que antes, observa al horizonte y éste comienza a perderse; el camino deja de subir e inicia un descenso, es lo más alto del lugar, lo más alto que jamás ha estado, al menos lo cree así en ese instante.
“Es momento de bajar”, se dice en voz alta, como para que la naturaleza que le rodea le escuche y le siga, no vaya a ser que decida quedarse en ése alto lugar temiendo algún peligro.
Así comienza la bajada por el mismo camino, la niebla comienza a subir cada vez más, las aves se fueron a resguardar del frío pese a su petición, mas ahora son nubes bien formadas las que le acompañan camino abajo, las toca con los dedos de sus manos, las aspira, siente su aroma a agua condensada y ríe junto con ellas, ríe como una nube a la vez que camina entre ellas.
Sin darse cuenta se encuentra de nuevo en donde comenzó a subir, autos pasan esporádicamente por la carretera, esa carretera que conduce a la costa y que para ello debe pasar por la Sierra, en la que tiene que subir para después bajar, dicho camino llega al punto más alto de la cadena montañosa, que es en el que él se encuentra, de esto se entera sin haber necesitado de los datos que se lo confirmasen.
Camina por la orilla de la carretera antes de que las nubes tapen la vista a los conductores, encuentra una cabaña de la cual sale un aroma que le atrae, entra y saluda con cortesía, le ofrecen una taza de chocolate, café y algo de comida.
Feliz de ese encuentro sale a sentarse en un balcón que da al vacío montañoso, los árboles muestran sus troncos, más abajo otros muestran sus copas, ve algunos mapaches y varias ardillas que van pasando de un lado al otro; las nubes que hace unos momentos le hicieran compañía le ven y lentamente inician un ascenso que las acerque a él.
Es buen momento, toma una pluma, papel y comienza a escribir; mientras escribe recuerda cosas, dibuja mapas, piensa en el cariño y bebe su chocolate; el sabor de esa bebida explota en su paladar con ese dulzor tan especial que nunca había sentido y jamás olvidará, aspira el vapor que sale de su taza de cerámica cristalizada, el aroma invade todo su cuerpo, el ligero calor que necesitaba, su cuerpo se ilumina en medio de la densa blancura.
Termina su chocolate molido y es tiempo del café, dulce olor a canela mezclado con el de la humedad del entorno, bebe y continúa escribiendo, las aves más aventuradas y nada temerosas del frío y del viento, continúan volando y cantando a su alrededor, el horizonte ya no existe, ahora todo es blanco, solo alcanza a distinguir sus extremidades, su propio cuerpo, la hoja llena de letras y el humo que sale de su taza.
Siente el aire frío por todos los poros de su piel, las nubes quieren entrar a su cuerpo y por eso comienzan a rodearlo; se levanta, camina hacia el precipicio, encuentra una escalera que da al bosque, baja, se encuentra otra vez sintiendo la tierra, piedras y pasto en sus plantas y en medio de sus dedos, algunas hacen cosquillas o tocan puntos muy sensibles que le hacen estremecerse; camina por entre los árboles, no sabe si se ha alejado mucho de la cabaña, pero se detiene al ver una gran mata llena de flores azules, moradas y blancas que miran hacia abajo, con pétalos largos, semejando campanas que son sostenidas por ramas verdes, la planta es tan grande que se puede ver el interior de sus flores con solo mirar hacia arriba, decide recostarse para inspeccionarla, siente la tierra por todo su cuerpo.
Unos chapulines saltan, un colibrí se acerca esparciendo con sus alas la niebla, el ave extrae néctar de las flores que está observando; siente que algo camina por sus brazos, se trata de un escarabajo, de color azul platinado, brillante, lo observa fijamente, se levanta y lo coloca suavemente en su palma admirando esa coraza tan brillante.
En ese momento cierra los ojos, en todo el trayecto no lo había hecho, pero en ese momento algo le lleva a ello, todo se vuelve rojo, con algunas manchas naranjas, todo se mueve y hace un movimiento para sentarse.
Dura así un tiempo indefinido, disfrutando las tonalidades y formas que su mente combina con tan alta estética, siente estar en el cielo, a una altura superior de la que en realidad se encuentra, ahora todo es azul con plata, cascadas suben entre filas de nubes que encandilan, todo hace un círculo y se pierde, se deja caer, sigue recostado; es imposible describir todo lo que en ese momento observó, con los ojos dirigidos hacia su interior, un giro de 180 grados de sus órbitas oculares; de repente, sin saber por qué, abre los ojos.
Su sonrisa es completa e irradiaba felicidad; sin saber cómo, encuentra el camino hacia la cabaña en que están sus objetos, los toma; la blancura se espesa, como puede observar.
Sale de la cabaña, la carretera ha desaparecido y no se ven seres humanos en las calles, un burro cargado y amarrado se da un festín con pastura que tiene cerca.
Sube por la carretera hasta el café que le dio la bienvenida en primer instante, pide té de limón, espera pacientemente la camioneta que lo lleva de nuevo por donde llegó a este lugar, da una vuelta con sus ojos a su alrededor, todo en el interior del local es igual excepto por la pareja que se encontraba sentada afuera; escucha el sonido de la camioneta, la ve acercarse, sube.
Mientras piensa en lo hermoso de todo lo que vio, pide la hora, no ha pasado mucho tiempo; sentado, solo le quedará una duda, si toda esa belleza que experimento en el viaje fue real, si de verdad estuvo ahí junto a él, o solo era un efecto primario o secundario de aquel hongo que le dieron a probar una mujer y un hombre indígenas, con preciosos vestidos típicos, ella de gran tocado, él con sombrero, sentados en madera afuera del café al que llegan todos los caminantes a ese alto territorio de la Sierra Oaxaqueña…
Toca el suelo con sus pies desnudos, baja lentamente de la camioneta que lo llevó hasta ese lugar pues tiene un mareo solo explicado por la falta de costumbre de estar en altitudes elevadas, da las gracias al chofer, toma su morral de viaje y mira a su alrededor.
La niebla que cubre la superficie del suelo hace que las puntas de sus dedos sientan frío y que se sienta tal como si estuviera pisando algodón recolectado y esparcido en pilas por toda la tierra a su alrededor. Tras cinco minutos en la misma posición dejó de sentir los pies, entumecimiento a causa de lo helado del piso, entonces se decide, empieza a caminar.
Camina, o en realidad flota, sobre las nubes esparcidas, se dirige a un café, lo primero y más cercano que ve, bebe un té de limón; mira al interior del local, un sin fin de imágenes, esculturas, figuras de barro, arcilla, cerámica y tela: "la zona de los alucinógenos", le dicen al observar su estupor por verse rodeado de tan variadas representaciones de hongo.
Hace un saludo a una pareja sentada en sillas de madera, en silencio, fuera del café, éstos le responden calurosamente, y comienza a flotar en dirección del cerro; hay un camino que sube, todavía se puede subir más.
Viajando en dirección al cielo encuentra a su paso casas de madera pintadas con diversos colores, guajolotes destinados a la comida del día, niños jugando con la desnudez pura de su edad, mujeres lavando en el pilón comunitario, la iglesia con una explanada que da una vista panorámica de la región, es entonces que se da cuenta que ha subido más de lo que había pensado, caminar con el frío estimulante es, para él, mil veces más entretenido que soportar el sofocante calor, dado lo cual siguió su paso flotante.
El mareo se le va quitando a cada nueva ráfaga de viento que le llega a su rostro; tras una hora comienza a sentir un ligero cansancio en sus pies, un poco maltratados ya por la inobservable superficie que pisaban; recostose bajo un árbol a la orilla del camino, viendo el cielo blanco, y las aves que pasaban por entre las ramas, pensando que nadie las vigilaba a esa altura.
Reconoce algunas cuantas de aquellas aves: cenzontles, gorriones, petirrojos, azulejos de gran tamaño, verdines, canarios, pero también observa muchas que nunca ha visto, algunas con la cola más larga que su cuerpo mostrando colores que iban del verde al azul, por un momento cree que es un quetzal, pero era imposible por su tamaño; otros ofrecen un pecho amarillo que se logra divisar a través de la neblina y unas largas alas negras que les alzaban al vuelo; todos emiten sus sonidos sin recato, juntos forman una hermosa melodía mezclándose con las percusiones del viento golpeando la copa de los árboles y la rítmica casi imperceptible de los roedores que atraviesan el campo corriendo con sus patitas recortadas; disfruta de aquel melódico conjunto de ruidos, recostado aun sobre la hierba.
No sabe cuánto tiempo lleva en aquel sitio pero cree que es momento de continuar caminando, se eleva nuevamente sobre las nubes, que se han hecho más espesas que antes, observa al horizonte y éste comienza a perderse; el camino deja de subir e inicia un descenso, es lo más alto del lugar, lo más alto que jamás ha estado, al menos lo cree así en ese instante.
“Es momento de bajar”, se dice en voz alta, como para que la naturaleza que le rodea le escuche y le siga, no vaya a ser que decida quedarse en ése alto lugar temiendo algún peligro.
Así comienza la bajada por el mismo camino, la niebla comienza a subir cada vez más, las aves se fueron a resguardar del frío pese a su petición, mas ahora son nubes bien formadas las que le acompañan camino abajo, las toca con los dedos de sus manos, las aspira, siente su aroma a agua condensada y ríe junto con ellas, ríe como una nube a la vez que camina entre ellas.
Sin darse cuenta se encuentra de nuevo en donde comenzó a subir, autos pasan esporádicamente por la carretera, esa carretera que conduce a la costa y que para ello debe pasar por la Sierra, en la que tiene que subir para después bajar, dicho camino llega al punto más alto de la cadena montañosa, que es en el que él se encuentra, de esto se entera sin haber necesitado de los datos que se lo confirmasen.
Camina por la orilla de la carretera antes de que las nubes tapen la vista a los conductores, encuentra una cabaña de la cual sale un aroma que le atrae, entra y saluda con cortesía, le ofrecen una taza de chocolate, café y algo de comida.
Feliz de ese encuentro sale a sentarse en un balcón que da al vacío montañoso, los árboles muestran sus troncos, más abajo otros muestran sus copas, ve algunos mapaches y varias ardillas que van pasando de un lado al otro; las nubes que hace unos momentos le hicieran compañía le ven y lentamente inician un ascenso que las acerque a él.
Es buen momento, toma una pluma, papel y comienza a escribir; mientras escribe recuerda cosas, dibuja mapas, piensa en el cariño y bebe su chocolate; el sabor de esa bebida explota en su paladar con ese dulzor tan especial que nunca había sentido y jamás olvidará, aspira el vapor que sale de su taza de cerámica cristalizada, el aroma invade todo su cuerpo, el ligero calor que necesitaba, su cuerpo se ilumina en medio de la densa blancura.
Termina su chocolate molido y es tiempo del café, dulce olor a canela mezclado con el de la humedad del entorno, bebe y continúa escribiendo, las aves más aventuradas y nada temerosas del frío y del viento, continúan volando y cantando a su alrededor, el horizonte ya no existe, ahora todo es blanco, solo alcanza a distinguir sus extremidades, su propio cuerpo, la hoja llena de letras y el humo que sale de su taza.
Siente el aire frío por todos los poros de su piel, las nubes quieren entrar a su cuerpo y por eso comienzan a rodearlo; se levanta, camina hacia el precipicio, encuentra una escalera que da al bosque, baja, se encuentra otra vez sintiendo la tierra, piedras y pasto en sus plantas y en medio de sus dedos, algunas hacen cosquillas o tocan puntos muy sensibles que le hacen estremecerse; camina por entre los árboles, no sabe si se ha alejado mucho de la cabaña, pero se detiene al ver una gran mata llena de flores azules, moradas y blancas que miran hacia abajo, con pétalos largos, semejando campanas que son sostenidas por ramas verdes, la planta es tan grande que se puede ver el interior de sus flores con solo mirar hacia arriba, decide recostarse para inspeccionarla, siente la tierra por todo su cuerpo.
Unos chapulines saltan, un colibrí se acerca esparciendo con sus alas la niebla, el ave extrae néctar de las flores que está observando; siente que algo camina por sus brazos, se trata de un escarabajo, de color azul platinado, brillante, lo observa fijamente, se levanta y lo coloca suavemente en su palma admirando esa coraza tan brillante.
En ese momento cierra los ojos, en todo el trayecto no lo había hecho, pero en ese momento algo le lleva a ello, todo se vuelve rojo, con algunas manchas naranjas, todo se mueve y hace un movimiento para sentarse.
Dura así un tiempo indefinido, disfrutando las tonalidades y formas que su mente combina con tan alta estética, siente estar en el cielo, a una altura superior de la que en realidad se encuentra, ahora todo es azul con plata, cascadas suben entre filas de nubes que encandilan, todo hace un círculo y se pierde, se deja caer, sigue recostado; es imposible describir todo lo que en ese momento observó, con los ojos dirigidos hacia su interior, un giro de 180 grados de sus órbitas oculares; de repente, sin saber por qué, abre los ojos.
Su sonrisa es completa e irradiaba felicidad; sin saber cómo, encuentra el camino hacia la cabaña en que están sus objetos, los toma; la blancura se espesa, como puede observar.
Sale de la cabaña, la carretera ha desaparecido y no se ven seres humanos en las calles, un burro cargado y amarrado se da un festín con pastura que tiene cerca.
Sube por la carretera hasta el café que le dio la bienvenida en primer instante, pide té de limón, espera pacientemente la camioneta que lo lleva de nuevo por donde llegó a este lugar, da una vuelta con sus ojos a su alrededor, todo en el interior del local es igual excepto por la pareja que se encontraba sentada afuera; escucha el sonido de la camioneta, la ve acercarse, sube.
Mientras piensa en lo hermoso de todo lo que vio, pide la hora, no ha pasado mucho tiempo; sentado, solo le quedará una duda, si toda esa belleza que experimento en el viaje fue real, si de verdad estuvo ahí junto a él, o solo era un efecto primario o secundario de aquel hongo que le dieron a probar una mujer y un hombre indígenas, con preciosos vestidos típicos, ella de gran tocado, él con sombrero, sentados en madera afuera del café al que llegan todos los caminantes a ese alto territorio de la Sierra Oaxaqueña…
viernes, 2 de julio de 2010
O tú o ninguna
Día nublado, mal augurio.
Odio las despedidas. Quizás ella lo sabía y prefirió que nuestra última vez juntos terminara en una caricia, en una puerta que se cierra y nunca más se vuelve a abrir, y no con ojos de coraje, rabietas, gritos y llanto. Ahora nadie me ve, ya puedo chillar. No quiero chillar, mejor me pongo a escribir.
Sólo estuvimos juntos por dos años, desde el 15 de mayo del 2008. Mis planes iban más allá de hoy, mucho más. Ella de 35 y yo de 23, supuse que aún nos quedaba una larga vereda.
Una persona sensata no debe encariñarse con los objetos. Yo me encariñé con ella desde antes de tocarla, de pisarla, de sentirla. Quizás por eso nunca la consideré un objeto. Desde esa primera fotografía que nos tomamos, desde que me apoyé en ella y sonreímos a la cámara, la sentí parte de mí.
La Combi. Nunca le puse nombre, no era necesario. No una combi o mi combi, era La Combi.
Soy muy cursi... alguna vez pensé que La Combi debía ser como mi corazón. Grande, con las puertas bien abiertas para que entraran muchos, todos, cuantos quepan, apretados, en el suelo, en las piernas, de cabeza, donde sea, con tal de ir juntos. ¿A dónde vamos? A donde sea...
A muchos les tocó empujarla, irse caminando porque no quiso prender, por que se le acabó la batería, porque se le rompió la galleta. Muchos se rieron cuando la puerta rodaba por los suelos, cuando el volante se salía a medio camino, cuando intentábamos rebasar y nos echábamos para atrás porque a los 100 Km/hr parecía que iba a explotar, cuando se chamuscó por dentro y casi me mata.
Una tarde lluviosa Bo se puso muy mal. Tenía que llevarlo al hospital, pero a La Combi se le fregó el alternador un par de días antes. Me arriesgué a quedarnos parados en medio de la lluvia; cualquier riesgo era mejor a ver a mi abuelo sufrir y no hacer nada. Nos fue bien, no falló ni tantito. Esa tarde, cuando Bo se puso mejor tras regresar del hospital, fue la última vez que lo vi sonreir. En la parte de atrás se quedó el banquito que fue de su combi.
Conoció a todos los que quiero, y ella también los quiso, los aceptó sin dudarlo, los protegió y mimó. Se fue, en su repleta guantera, la colección de casettes caseros grabados con rock en español más grande que haya existido jamás.
Pero se quedan las noches oscuras. Se queda la carretera zigzagueante que baja al Faro, con los tacubos tocando "No me comprendes". Se quedan las calles del Cerro de las Ranas. Las caguamas destapadas. Las rondas escolares en las madrugadas. Los Circos Calles. Las mañanas del Negrito. Las mudanzas a Ajijic. Las voces emergentes de Mezcala. Los Tlajomulcos con sus aguas hirvientes de Cosalá. La Huerta en camión, porque el viaje irremediablemente era sólo de dos. Los cactus y nopales espinosos. Los Montones de Guajes...
Con ella se llevaron los planes de recorridos, las salidas truncas, las fiestas cebas, las tortas ahogadas para pasar el rato mientras Jacho la reparaba, los choquecitos, rayoncitos, SICARIO's, machucadas y toques.
Al final, todo valió la pena. De eso se tratan las relaciones, ¿no?, de voltear para atrás y poder sonreir.
No se si sea la delincuencia, no sé si una suerte de karma por lo que contaminaba. No sé por qué se la llevaron, no sé quién, no sé si vuelva. Pero sé que no volveré a tener otra.
O tú o ninguna.
Odio las despedidas. Quizás ella lo sabía y prefirió que nuestra última vez juntos terminara en una caricia, en una puerta que se cierra y nunca más se vuelve a abrir, y no con ojos de coraje, rabietas, gritos y llanto. Ahora nadie me ve, ya puedo chillar. No quiero chillar, mejor me pongo a escribir.
Sólo estuvimos juntos por dos años, desde el 15 de mayo del 2008. Mis planes iban más allá de hoy, mucho más. Ella de 35 y yo de 23, supuse que aún nos quedaba una larga vereda.
Una persona sensata no debe encariñarse con los objetos. Yo me encariñé con ella desde antes de tocarla, de pisarla, de sentirla. Quizás por eso nunca la consideré un objeto. Desde esa primera fotografía que nos tomamos, desde que me apoyé en ella y sonreímos a la cámara, la sentí parte de mí.
Soy muy cursi... alguna vez pensé que La Combi debía ser como mi corazón. Grande, con las puertas bien abiertas para que entraran muchos, todos, cuantos quepan, apretados, en el suelo, en las piernas, de cabeza, donde sea, con tal de ir juntos. ¿A dónde vamos? A donde sea...
A muchos les tocó empujarla, irse caminando porque no quiso prender, por que se le acabó la batería, porque se le rompió la galleta. Muchos se rieron cuando la puerta rodaba por los suelos, cuando el volante se salía a medio camino, cuando intentábamos rebasar y nos echábamos para atrás porque a los 100 Km/hr parecía que iba a explotar, cuando se chamuscó por dentro y casi me mata.
Una tarde lluviosa Bo se puso muy mal. Tenía que llevarlo al hospital, pero a La Combi se le fregó el alternador un par de días antes. Me arriesgué a quedarnos parados en medio de la lluvia; cualquier riesgo era mejor a ver a mi abuelo sufrir y no hacer nada. Nos fue bien, no falló ni tantito. Esa tarde, cuando Bo se puso mejor tras regresar del hospital, fue la última vez que lo vi sonreir. En la parte de atrás se quedó el banquito que fue de su combi.Conoció a todos los que quiero, y ella también los quiso, los aceptó sin dudarlo, los protegió y mimó. Se fue, en su repleta guantera, la colección de casettes caseros grabados con rock en español más grande que haya existido jamás.
Pero se quedan las noches oscuras. Se queda la carretera zigzagueante que baja al Faro, con los tacubos tocando "No me comprendes". Se quedan las calles del Cerro de las Ranas. Las caguamas destapadas. Las rondas escolares en las madrugadas. Los Circos Calles. Las mañanas del Negrito. Las mudanzas a Ajijic. Las voces emergentes de Mezcala. Los Tlajomulcos con sus aguas hirvientes de Cosalá. La Huerta en camión, porque el viaje irremediablemente era sólo de dos. Los cactus y nopales espinosos. Los Montones de Guajes...
Con ella se llevaron los planes de recorridos, las salidas truncas, las fiestas cebas, las tortas ahogadas para pasar el rato mientras Jacho la reparaba, los choquecitos, rayoncitos, SICARIO's, machucadas y toques. Al final, todo valió la pena. De eso se tratan las relaciones, ¿no?, de voltear para atrás y poder sonreir.
No se si sea la delincuencia, no sé si una suerte de karma por lo que contaminaba. No sé por qué se la llevaron, no sé quién, no sé si vuelva. Pero sé que no volveré a tener otra.
O tú o ninguna.
sábado, 5 de junio de 2010
Petróleo Café
Crocknicas marcianas
Joselo
Petróleo
Nací en Minatitlán, Veracruz y el olor del chapopote y el azufre que despedía la refinería de petróleo de ese lugar me acompañó toda mi infancia. Mis hermanos y yo nacimos ahí, pues mi padre, regiomontano hecho y derecho, consiguió una chamba en Pemex, en la refinería de Mina.
Supongo que mi madre estaba muy enamorada de él, pues en Minatitlán hace un calor húmedo de los mil demonios, es una ciudad pequeña perdida en la selva, que se inundaba cuando el río Coatzacoalcos desbordaba en tiempo de lluvias. Sólo el amor a mi padre y luego a sus hijos, debió mantenerla en un lugar tan diferente a donde nació, Michoacán.
Desde la colonia petrolera en donde vivíamos se alcanzaba a ver un fuego perenne, que nunca tuve idea de su función, pero que a nosotros nos servía para saber el lugar donde trabajaba nuestro padre sin horario fijo: la refinería General Lázaro Cárdenas.
Yo era muy pequeño, pero tengo la sensación de que mi padre entraba y salía de la casa a horas imprevistas. Traía el uniforme de los trabajadores de Pemex, camisola y pantalones color caqui. En la cabeza, que ya por esa época se estaba quedando sin pelo, traía un casco de metal con el que mi hermano y yo jugábamos cuando nuestro progenitor estaba comiendo.
Mi padre había estudiado ingeniería química y supongo que siendo ingeniero con título profesional no tenía que mancharse las manos como lo hacía. Tengo la teoría de que le gustaba entrarle de lleno a las máquinas manchadas de chapopote, verificar in situ que las cosas marcharan bien.
Yo no sé si mis hermanos sabían que en algunas ocasiones mi padre estaba en peligro. Yo no me daba cuenta. A lo mucho veía preocupada a mi mamá, pero no sabía por qué. Ahora lo sé: las refinerías y las plataformas petroleras son como bombas de tiempo en donde, como dice José Alfredo Jiménez, “la vida no vale nada”.
Ahora que aparece en las noticias un derrame en las costas de Luisiana, EU, me vienen muchos recuerdos.
Qué triste que una tragedia de esa magnitud me lleve de regreso a la infancia. Pero la mente tiene caminos misteriosos.
Recuerdo un día haber estado en la playa de Coatzacoalcos, la ciudad costera más cercana a Minatitlán, y ver cientos de peces muertos en la arena. Mis hermanos y yo nos dedicamos a juntarlos en un montículo, igual que todos los niños que andaban ese día en la playa ¡Qué divertido! ¡jugar con peces muertos! No nos podíamos meter al agua pues el mar con cada ola traía una capa de aceite y petróleo que luego teníamos que quitarnos en casa con estopa y gasolina. ¿por qué ese espectáculo tan macabro? ¿Por qué se habían muerto los peces? Algún barco tiró petróleo, decía mi padre. Imagínense, sólo era un barco y mataba cientos de peces ¿qué no hará esta nueva mancha de petróleo?
El derrame que pronto llegará a la costa de EU afectará a más de 400 especies animales que habitan en las playas. Todos los ecosistemas se verán afectados por este accidente. La forma de resolverlo, quemando el petróleo derramado, es una solución que también acarrea destrucción.
No sé cómo resolverán, o tratarán de disminuir la destrucción que la mancha va a generar, no sólo en las costas de EU, sino de rebote en las playas de México. ¿Cómo no vamos a pensar que el fin del mundo está cerca? Con nubes de ceniza y terremotos por todos lados, la mancha de petróleo suma a la sensación de que algo raro está pasando.
Qué fácil resulta señalar culpables, despotricar de las megaempresas que manejan el petróleo o que en este caso, por un accidente afectan a nuestro planeta y al mutndo entero.
Pero, ¿quién está dispuesto a dejar su coche (que se alimenta de ese petróleo) y empezar a pedalear una bicicleta? Pocos. Una mancha más en la ya funesta historia de lo mal que tratamos a nuestro planeta.

------------
Para completar la crónica de Joselo (guitarista de Café Tacvba para el que no sepa) les comparto la hermosa Trópico de Cáncer, del disco Re (1994), toda una Ficción Total musical.
Y sí, ya me voy a comprar una bici.
Joselo
Petróleo
Nací en Minatitlán, Veracruz y el olor del chapopote y el azufre que despedía la refinería de petróleo de ese lugar me acompañó toda mi infancia. Mis hermanos y yo nacimos ahí, pues mi padre, regiomontano hecho y derecho, consiguió una chamba en Pemex, en la refinería de Mina.
Supongo que mi madre estaba muy enamorada de él, pues en Minatitlán hace un calor húmedo de los mil demonios, es una ciudad pequeña perdida en la selva, que se inundaba cuando el río Coatzacoalcos desbordaba en tiempo de lluvias. Sólo el amor a mi padre y luego a sus hijos, debió mantenerla en un lugar tan diferente a donde nació, Michoacán.
Desde la colonia petrolera en donde vivíamos se alcanzaba a ver un fuego perenne, que nunca tuve idea de su función, pero que a nosotros nos servía para saber el lugar donde trabajaba nuestro padre sin horario fijo: la refinería General Lázaro Cárdenas.
Yo era muy pequeño, pero tengo la sensación de que mi padre entraba y salía de la casa a horas imprevistas. Traía el uniforme de los trabajadores de Pemex, camisola y pantalones color caqui. En la cabeza, que ya por esa época se estaba quedando sin pelo, traía un casco de metal con el que mi hermano y yo jugábamos cuando nuestro progenitor estaba comiendo.
Mi padre había estudiado ingeniería química y supongo que siendo ingeniero con título profesional no tenía que mancharse las manos como lo hacía. Tengo la teoría de que le gustaba entrarle de lleno a las máquinas manchadas de chapopote, verificar in situ que las cosas marcharan bien.
Yo no sé si mis hermanos sabían que en algunas ocasiones mi padre estaba en peligro. Yo no me daba cuenta. A lo mucho veía preocupada a mi mamá, pero no sabía por qué. Ahora lo sé: las refinerías y las plataformas petroleras son como bombas de tiempo en donde, como dice José Alfredo Jiménez, “la vida no vale nada”.
Ahora que aparece en las noticias un derrame en las costas de Luisiana, EU, me vienen muchos recuerdos.
Qué triste que una tragedia de esa magnitud me lleve de regreso a la infancia. Pero la mente tiene caminos misteriosos.
Recuerdo un día haber estado en la playa de Coatzacoalcos, la ciudad costera más cercana a Minatitlán, y ver cientos de peces muertos en la arena. Mis hermanos y yo nos dedicamos a juntarlos en un montículo, igual que todos los niños que andaban ese día en la playa ¡Qué divertido! ¡jugar con peces muertos! No nos podíamos meter al agua pues el mar con cada ola traía una capa de aceite y petróleo que luego teníamos que quitarnos en casa con estopa y gasolina. ¿por qué ese espectáculo tan macabro? ¿Por qué se habían muerto los peces? Algún barco tiró petróleo, decía mi padre. Imagínense, sólo era un barco y mataba cientos de peces ¿qué no hará esta nueva mancha de petróleo?
El derrame que pronto llegará a la costa de EU afectará a más de 400 especies animales que habitan en las playas. Todos los ecosistemas se verán afectados por este accidente. La forma de resolverlo, quemando el petróleo derramado, es una solución que también acarrea destrucción.
No sé cómo resolverán, o tratarán de disminuir la destrucción que la mancha va a generar, no sólo en las costas de EU, sino de rebote en las playas de México. ¿Cómo no vamos a pensar que el fin del mundo está cerca? Con nubes de ceniza y terremotos por todos lados, la mancha de petróleo suma a la sensación de que algo raro está pasando.
Qué fácil resulta señalar culpables, despotricar de las megaempresas que manejan el petróleo o que en este caso, por un accidente afectan a nuestro planeta y al mutndo entero.
Pero, ¿quién está dispuesto a dejar su coche (que se alimenta de ese petróleo) y empezar a pedalear una bicicleta? Pocos. Una mancha más en la ya funesta historia de lo mal que tratamos a nuestro planeta.

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Para completar la crónica de Joselo (guitarista de Café Tacvba para el que no sepa) les comparto la hermosa Trópico de Cáncer, del disco Re (1994), toda una Ficción Total musical.
Y sí, ya me voy a comprar una bici.
sábado, 8 de mayo de 2010
El oscuro Lajous
British Petroleum es la empresa responsable de un grave derrame de crudo en el Golfo de México, misma que provoca daños irreversibles en el ecosistema marítimo. Para comprender mejor el poder de estas compañías petroleras transnacionales, que han tenido una intervención nefasta a lo largo de la historia mexicana, con la activa participación el señor Adrián Lajous Vargas, aquí una valiosa participación del señor Alfredo Jalife-Rahme, internacionalista de la UNAM, en Medios UdeG.
Tras esto, sería bueno darle una revisadita a la columna que publicó la señora Ifigenia Martínez en Proceso, en el lejano noviembre del 95... click aquí.
jueves, 12 de noviembre de 2009
¿Misioneros radicales?
Estaba en la cocina esperando a que se calentaran los frijoles para hacerme unas suculetas sopitas y de reojo vi varias revistas en la mesa. Eran el Amiguito-Juandieguito, una llamada Familia Cristiana o algo así y otra, delgada, que mostraba en la portada a un campesino -ya entrado en años- cabizbajo. Esta última llamó mi atención. En letras grandes decía "La crisis del campo Mexicano", tema principal de ese número de la revista de los misioneros combonianos, Esquila Misional.
Comencé a hojearla y me llevé una grata sorpresa. Adentro encontré reportajes, datos y defensa de los campesinos que salen a las calles a manifestarse por las brutales condiciones a las que se enfrentan. En medio de los textos -como es obvio- incluyen cuestiones religiosas y utilizan pasajes de la biblia para justificar su rechazo al neoliberalismo, a la globalización si no trae consigo equidad, a la injusticia, al TLCAN, a la discriminación contra los pobres, los indígenas, las mujeres. Digamos que son algo así como una congregación de padrecitos radicales, sacerdotes de izquierda... ¡Hasta le tiran a los transgénicos!
Esto no es nuevo, el EZLN recibió muchísimo apoyo de parte de algunos sectores de la iglesia católica. Gavilán nos recordaba al ya popular Francisco Witack, quien se formó como sacerdote. Ciertamente no son la mayoría, pero es bueno toparse con curas que ven más allá de las limosnas y la construcción de nuevos santuarios fastuosos... cuando no cometiendo fechorías.
Pueden leer ese ejemplar dando click aquí. Y dándose una vuelta por el sitio seguro encontrarán algún otro artículo interesante sobre pobreza, marginación o claro, teología.
Comencé a hojearla y me llevé una grata sorpresa. Adentro encontré reportajes, datos y defensa de los campesinos que salen a las calles a manifestarse por las brutales condiciones a las que se enfrentan. En medio de los textos -como es obvio- incluyen cuestiones religiosas y utilizan pasajes de la biblia para justificar su rechazo al neoliberalismo, a la globalización si no trae consigo equidad, a la injusticia, al TLCAN, a la discriminación contra los pobres, los indígenas, las mujeres. Digamos que son algo así como una congregación de padrecitos radicales, sacerdotes de izquierda... ¡Hasta le tiran a los transgénicos!Esto no es nuevo, el EZLN recibió muchísimo apoyo de parte de algunos sectores de la iglesia católica. Gavilán nos recordaba al ya popular Francisco Witack, quien se formó como sacerdote. Ciertamente no son la mayoría, pero es bueno toparse con curas que ven más allá de las limosnas y la construcción de nuevos santuarios fastuosos... cuando no cometiendo fechorías.
Pueden leer ese ejemplar dando click aquí. Y dándose una vuelta por el sitio seguro encontrarán algún otro artículo interesante sobre pobreza, marginación o claro, teología.
domingo, 9 de agosto de 2009
Hoy, día de marcha. Réquiem 28 de mayo.

Pasaron 1532 días para que un presidente de Estados Unidos volviera a pisar tierras tapatías, hoy las circunstancias fueron otras a las de aquel 28 de mayo de 2004 cuando se celebró la III cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea.
Hoy no viene nadie más importante que Obama, y el evento es sólo trilateral; los lideres de América del Norte; hoy ya no está Bush ni tampoco Ramírez Acuña es el gobernador del estado. También se ha ido Fox y lo sustituye Calderón; hoy el gobierno del estado de Jalisco, el anfitrión, cedió un poco, permitió que se manifestarán las diferentes organizaciones civiles en contra de las políticas públicas de los países participantes, Estados Unidos, Canadá y México
Hoy Emilio cedió terreno, unas cuentas cuadras… presto el kiosco de la plaza de armas a los ciudadanos, no enseño las armas ni el coraje de los antimotines, acordó y replegó a los federales cuando asomaron las narices en el cruce de Federalismo y Juárez…no quería problemas, no quería recuerdos vivos.
Hoy el problema no fue la represión, si acaso el más acosado fue Juan, un paletero singular que hizo su agosto en plaza de armas mientras había mitin, que con su librito que decía en la portada “Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos” en la mano me decía que no violentaba la ley, que basado en otro librito que escondía y que se leía como el código penal del estado de Jalisco señalaba el articulo 124 el abuso de autoridad del que era objeto cuando los inspectores lo amenazaron con quitarle el carrito. Que les tomará una foto, me pedía, estos cabrones me están amenazando, sí, ese pinché gordo me dijo que me iba a buscar y que cuando me encontrará me lo iba a quitar, gritaba acariciando la caja que contenía paletas de a 5 y de a 10.
Hoy los manifestantes se organizaron, las autoridades se anticiparon y hasta los comerciantes se precavieron… amurallaron sus negocios con tablas de madera cubriendo los vidrios, aquel 28 de mayo llovieron cristales y mucha sangre; aquella tarde de viernes fue un delito ser joven y caminar por el centro, aquella noche no se olvida.
Hoy las fuerzas de seguridad del contingente estaban llenas de personas que nada tienen que ver con el prototipo de personas fuertes o entrenadas para proteger o hacer frente a fuerzas especiales, como Don Ignacio Cárdenas, una persona que a sus 77 años sigue pensando que AMLO es su presidente, que me invita a echar maromas en contra del espurio, que le encanta la vacilada. Va al centro de la seguridad, y a su lado Paty, oriunda de Guadalajara, majadera como ella misma pero con firmes convicciones en que otras maneras de hacer política son posibles.
Aquella noche de lluvia del 2004 los condenados eran simplemente globalifobicos, hoy todos tenían santo y seña de donde provenían, los ex braceros que buscan una pensión digan, la organización sin Maíz no hay país que piden reformas al TLC, los de GreenPeace con peticiones para la utilización de energías ecológicas, los que viajaron desde otras partes de la republica mexicana para exigir la libertad de presos políticos, como los de la APPO, el EZLN o los provenientes de Atenco. Se veían grupos de feministas y gays acompañando al comité 68. Todos al unísono en contra de algo que llaman imperialismo pero que difícilmente pueden explicar.
Aquel 28 de mayo la historia continuó después del enfrentamiento, hoy los grupos harán sesiones plenarias para discutir temas nacionales e internacionales y quizá no vuelvan a salir a las calles hasta que de nuevo venga una luminaria tan grande como Obama o por lo menos cuando encuentren otro culpable. Porque ayer como hoy, nadie les ayuda.
miércoles, 21 de enero de 2009
Ecoproductos, ecotiendas, ecocapitalismo
Un amplio reportaje de Mariana y Elizabeth sobre los productos organicos tan de moda hoy en día... ¿son buenos, son malos, son caros, valen la pena?
Pulsa aquí
viernes, 28 de noviembre de 2008
Periodismo Censural Ecológico Sangroncito
En el Programa de radio "Cosa Pública" de Rubén Martín, a quién también pueden leer en Público, me enteré de una cosa lamentable: El periódico en apoyo a la economía familiar -a cinco! lleve lleve!! sólo cinco pesitos!!-, El Informador, decidió censurar la información del proyecto de construcción de una planta de geotermia en pleno bosque de La Primavera (La referencia a esta página está al final del programa, por ahí del minuto 34:11).
Hace más de diez años se realizó un proyecto similar y se afectaron muchas hectáreas del bosque. ¿Saben qué hizo el gobierno en turno para disimular los daños? Utilizaron pintura verde para que no se viera por helicóptero la zona que se vio afectada... así como oyen (bueno, leen) pintura verde en donde sólo quedaban restos del arbolado que alguna vez existió; vaya cinismo.

Ahora nuevamente la CFE plantea este proyecto. Es verdad, han pasado muchos años y la técnica debe ser mejor pero se debe evaluar muy bien, y no a la ligera, el proyecto.
Para dar vergüenza la decisión de El Informador de desinformar.
Hace más de diez años se realizó un proyecto similar y se afectaron muchas hectáreas del bosque. ¿Saben qué hizo el gobierno en turno para disimular los daños? Utilizaron pintura verde para que no se viera por helicóptero la zona que se vio afectada... así como oyen (bueno, leen) pintura verde en donde sólo quedaban restos del arbolado que alguna vez existió; vaya cinismo.

Ahora nuevamente la CFE plantea este proyecto. Es verdad, han pasado muchos años y la técnica debe ser mejor pero se debe evaluar muy bien, y no a la ligera, el proyecto.
Para dar vergüenza la decisión de El Informador de desinformar.
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