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lunes, 9 de marzo de 2015

Cine Qua Non: La ilusión espacial

Publicado originalmente en Cine Qua Non

La película como texto para ser leído
Aunque nos gustaría creer que la humanidad está por conquistar el espacio intergaláctico, poniendo el viaje espacial al alcance de los simples mortales, las evidencias indican que eso está muy lejos de hacerse realidad. Tomando esa triste realidad como excusa, en esta participación se destacan un par de historias que muestran al ser humano como un pequeño ente en medio del universo, a merced de mentes y poderes fuera de su alcance.


Cuando nuestro ancestro, el Homo Erectus, surgió de la evolución como un ser erguido en dos piernas, fue capaz de levantar la cabeza y mirar al cielo. Desde esos tiempos remotos, el ser humano se ha maravillado por la bóveda celeste y las incontables estrellas. La ilusión de viajar por el espacio ha movido el trabajo de científicos y la imaginación de artistas rumbo a otros planetas y soles. En Fundación y Tierra, el último libro de la saga de la Fundación, Isaac Asimov describe una sociedad futurista tan maravillada por los viajes espaciales y la conquista de nuevos mundos, que desde hace años ha olvidado el propio origen y prácticamente se desconoce la existencia y ubicación de la Tierra. Así de grande es la ilusión espacial del ser humano en los relatos de ciencia ficción.

El cañonazo lanzado desde la Tierra en 1902 en la película Le Voyage dans la Lune, del fantástico Georges Méliès, inauguró una incontable cascada de producciones cinematográficas con el tema de los viajes espaciales como centro.


La imaginación del público se echó a volar a bordo del crucero C57-5D, la nave Dark Star, el Nostromo, el Entrerprise, el Discovery o mi favorito, el Millennium Falcon. ¿Cuantas naves espaciales -con televisión, fábrica de chocolates y torpedos nucleares incluídos- domadas por amigos de Luke Skywalker o Han Solo habrán explorado las superficies de parques de infancias de todo el mundo?

Sin embargo, los viajes espaciales están muy lejos de convertirse en realidad para el común de las personas. De hecho, las mayores hazañas registradas en el espacio exterior han sido protagonizadas por robots. Es el caso de la exploración de la superficie de Marte por Spirit y Opportunity (y más recientemente por el Curiosity), el heróico aterrizaje de la soviética Venera 13 en Venus, tras pasar por la infernal atmósfera del segundo planeta para conseguir el envío de información antes de que su procesador muriera calcinado, o el trotamundos Voyager 1, que es el artefacto de origen terrícola que más lejos ha llegado y que junto a su hermano menor Voyager 2 consiguió impresionantes fotografías de Júpiter, atravesó los anillos de Saturno comprobando que están formados por diminutas rocas, presenció el paso del gran Neptuno y actualmente continúa su larga travesía fuera del Sistema Solar, a cerca de 20 mil millones de kilómetros del planeta Tierra, cargando con su mensaje musical.

No es por menospreciar los esfuerzos lunáticos de EEUU y URSS, pero vamos, en términos prácticos la Luna es un engendro de la Tierra, y sin exagerar demasiado podríamos decir que la llegada de Neil Armstrong y compañía a nuestro satélite, más que un viaje espacial, fue uno intercontinental.

Incluso el proyecto ampliamente difundido Mars One, que busca establecer una colonia humana en el planeta rojo a partir del 2024, recientemente fue analizado por investigadores del MIT, quienes concluyeron que ante la falta de tecnología más avanzada, de llevarse a cabo la misión como está planteada, los colonos podrían morir asfixiados a los pocos meses. Los resultados fueron publicados durante el LXV Congreso Internacional de Astronáutica, en Toronto.

Ante este panorama, sugiero la resignación y el pesimismo ante los viajes espaciales de la humanidad, para centrar nuestra imaginación en historias que nos muestran lejos del éxito en la conquista del universo. (Al menos hasta que se cumpla lo predicho por Isaac Asimov en la que me parece su mejor novela, El fin de la eternidad, y la organización de científicos sociales que nos controla en secreto sea eliminada y los viajes en el tiempo sean sacrificados para dar paso al glorioso Imperio Galáctico).

El planeta salvaje y el alucinante mundo de Laloux

René Laloux fue un cineasta francés especializado en la animación y cuya filmografía abarcó tres largometrajes y varios cortometrajes magníficamente ambientados. Su primera película, La planète sauvage, es un viaje potente, directo y sin escalas al diminuto lugar que el ser humano ocupa en el cosmos.

En la primera escena vemos a una mujer corriendo en medio de una selva de espinos con un bebé en brazos. Cuando comienza a subir una colina, de pronto se le interpone una enorme mano azul, que con el golpecito de uno de sus dedos la derriba. La persecución termina con la muerte de la mujer y con el pequeño bebé en medio de tres traags adolescentes, quienes estaban jugando con el para ellos diminuto ser. El niño humano es adoptado como una clase de mascota por un niño traag y así es como el espectador puede acceder al interior de las casas y la cultura de los traags, la especie que domina este planeta y que llama a los humanos oms, y en ciertos aspectos son muy similares a quienes actualmente habitamos la tierra.

La película resulta una interesante reflexión sobre la naturaleza y las relaciones sociales, con su buena dosis de aventuras, tensiones y excelente musicalización.


Antes de pasar al siguiente tema, es necesario recomendar al lector a subir a la nave de René Laloux y recorrer completo el viaje por el resto de sus trabajos. La segunda película de Laloux, Les Maîtres du temps, es un recorrido por el planeta Perdide, luego de un desastroso accidente de una nave tripulada por humanos. Su último largometraje, Gandahar, es una coproducción Francia-Corea del Norte que se adentra en la dicotomía vida-tecnología, una gran batalla entre las bellas deformaciones que crea la naturaleza y la fría máquina, un relato lleno de fantasía y ciencia ficción no exenta de una postura filosófica (por cierto, la adaptación del guión de esta película en su versión norteamericana fue escrita por -¿quién más?- Isaac Asimov). El viaje espacial y terrenal de Laloux termina después de ver sus cortometrajes, que pueden localizarse fácilmente en youtube.

El fin de la infancia y la odisea espacial

Uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído es Childhood's End. A pesar de su aparente brevedad, los personajes y situaciones concretas que se presentan logran atrapar al espectador entre los capítulos que avanzan en el tiempo constantemente, y la filosofía que se puede intuir en lo profundo del relato toca temas tan bastos como la cultura, identidad, ciencia y religión; todo, entrelazado a un ritmo que el lector agradece al pasar las páginas sin sentirlas.

Al igual que el planeta salvaje de Laloux, esta novela presenta una humanidad lejos de la gloria de los viajes espaciales y la conquista intergaláctica. Escrita en 1953 y ambientada en los primeros capítulos en dicha época, muestra una sociedad que se ve sorprendida por la llegada de alienígenas, justo en medio de una carrera espacial entre EEUU y URSS que a juzgar por el acontecimiento parece irrisoria o nula, como lo siente Reinhold Hoffmann, un miembro del proyecto espacial norteamericano, en un fragmento de las primeras páginas de la novela:
Reinhold no se sintió apenado porque el trabajo de toda una vida se le derrumbase de pronto. Había luchado para que el hombre llegase a las estrellas, y ahora, en el instante del triunfo, las estrellas - las apartadas e indiferentes estrellas - venían a él. En ese instante la historia suspendía su aliento, y el presente se abría en dos separándose del pasado como un témpano que se desprende de los fríos acantilados paternos y se lanza al mar, a navegar solitario y orgulloso. Todo lo obtenido en las eras del pasado no era nada ahora. En el cerebro de Reinhold sonaban y resonaban los ecos de un único pensamiento: La raza humana ya no estaba sola.
Y no era para menos, pues con la llegada de los Superseñores (Overlords en el original) la humanidad llegó a una clase de edad de oro impuesta: terminaron las guerras, el hambre, la pobreza, la enfermedad, el crimen, el analfabetismo... todo ello gobernado por los misteriosos seres de otro planeta.

Como en todo buen relato de ciencia ficción, las razones de todo cuanto acontece son verosímiles científica y socialmente, dentro de los límites del propio relato. Es decir, no sucede como en otro tipo de ficciones como las del género fantasía, donde el recurso de la magia es suficiente para hacer desaparecer o crecer algo, sin mayor explicación. En la ciencia ficción todo puede pasar, pero si es buena ciencia ficción se dan suficientes argumentos válidos que harían posible, con el uso de un poco de imaginación dirigida, que lo que sucede en la historia fuera totalmente real a la luz de la ciencia. Este libro no solo muestra conocimiento en ciencias físicas o astronómicas, sino sobre todo ciencias sociales, humanidades y mitología, que combinadas todas una excelente y fructífera imaginación dan como resultado un novelón. Pero no nos desviemos, que el tema central es el viaje espacial.

En la historia, los seres humanos no reciben apoyo ni tecnología para realizar viajes al espacio y quedan confinados en su pequeño mundo de utopía real. Sin embargo, hay un personaje que consigue hacer uno de los viajes al espacio más sensacionales y duramente realistas que he imaginado.

Jan Rodricks, uno de los pocos humanos que continúan con interés por la ciencia en la edad de oro, se convierte en una clase de Jonás bíblico-espacial y adentro de una ballena disecada que los Superseñores llevan a su planeta como pieza de museo, consigue viajar como polizón en la nave espacial. Para cuando llega al planeta de los Superseñores Jan ya fue descubierto y es tratado con indiferencia, nadie se preocupa por sacarlo de sus dudas, con el inconveniente de que nadie habla su idioma. Se siente un pigmeo, como un niño que no comprende lo que sucede, aunque pronto se identifica a sí mismo con un hombre de la Edad de Piedra encerrado en un edificio moderno, sin ninguna clase de referencia respecto a cómo y por qué funcionaba lo que veía a su alrededor. Seis meses después regresa a la Tierra sin muchas respuestas claras, y como esperaba debido a su conocimiento sobre la Teoría de la Relatividad, ochenta años terrestres después a su partida. Todas las personas que alguna vez conoció habían muerto ya. La tragedia de Jan Rodricks no es la central de esta novela, pero al final desempeña un papel relevante al colaborar en la observación científica del que sería, sin duda, el suceso más importante de la historia de la humanidad.

Ahora bien, toda esta reseña de un libro ¿en qué se relaciona con el cine? Principalmente por su no adaptación al séptimo arte. Y es que Childhood's End no ha sido adaptado nunca para el cine, sin embargo, este libro habría de ser la semilla de una de las más grandes películas jamás filmadas sobre viajes espaciales. Me refiero a un clásico del cine, un pilar que cambió la historia del séptimo arte y sobre el que se han escrito toneladas de cuartillas en libros, ensayos, tesis de todos los niveles y artículos periodísticos: 2001: A Space Odyssey.

Childhood's End (El fin de la infancia) fue escrito por Arthur C. Clarke en la década de los cincuenta. El libro maravilló a uno de los grandes del cine, Stanley Kubrick, quien se vio imposibilitado para llevarlo al cine pues otro director, Abraham Polonsky, le habría comido el mandado y previamente trabajaba en el guión de una película que finalmente nunca vio la luz. Sin embargo, Stanley Kubrick trabajó junto con Clarke para adaptar el relato El centinela a un guión cinematográfico. Esta fue la primera y única vez que el gran cineasta neoyorquino trabajó al lado de alguien en la construcción de su guión. Incluso en casos de adaptaciones de libros causó polémica por desviarse del texto original, como en A Clockwork Orange donde Kubrick omitió el capítulo final, o en The Shining, donde el autor Stephen King ha mostrado públicamente en diversos espacios y textos su descontento ante los cambios y omisiones que Kubrick hizo a la versión del libro.

El resultado del trabajo en conjunto entre Clarke y Kubrick resultó en una de las películas mejor logradas de todos los tiempos sobre viajes espaciales.



No es necesario polemizar sobre la secuela, 2010: The Year We Make Contact, dirigida por Peter Hyams, que se encuentra años luz del nivel de la película de Kubrick y que más parece una cinta sobre la Guerra Fría que sobre viajes espaciales y cuyo final es totalmente sospechoso.

Sin embargo, la historia de Childhood's End no sólo sirvió de inspiración a Kubrick, sino también a otro de los grandes: a David Gilmour, guitarrista de la banda británica Pink Floyd, quien escribió una rola basada en el libro.

Y finalmente, será presentada una miniserie de seis horas basada en el fenomenal libro de Arthur C. Clarke, según anunció la productora Syfy, y se espera su estreno para este año 2015.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Presentan a "Zapopis", la nueva mascota panamericana

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Periódico El Intrigoso
Rulberto Zarrafia
 

Zapopis, Gavo, Leo y Huichi son, desde hoy, las cuatro mascotas oficiales de Guadalajara 2011.

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 Zapopis, la nueva mascota oficial de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, fue presentada sorpresivamente en conferencia de prensa ayer domingo en el Parque Metropolitano de Guadalajara. De esta forma el equipo de mascotas queda conformado por un total de cuatro personajes: Zapopis la virgen, Gavo el agave, Leo el león y Huichi la venada.

Voceros del Comité Organizador de los Juegos [Copag] explicaron la necesidad de agregar una nueva mascota que representara al pueblo católico, pues la Zona Metropolitana de Guadalajara es reconocida tradicionalmente como una de las plazas más fervorosas del país. Así, Zapopis es una caracterización de la virgen de Zapopan, advocación mariana que recibe millones de peregrinos durante su fiesta o "Romería", que se celebra el día 12 de octubre, dos días antes del inicio de los Juegos.

"No es novedad que la mayoría de los tapatíos practican la fe católica. El agave representaba al tequila, el león representaba a la ciudad, la venadita representaba a los huicholes, pero nos faltaba una mascota con la que se identificara el pueblo mismo. Qué mejor que nuestra generala de Zapopan", dijo Horacio de la Vega, director comercial de la Copag. "Como buen jaliscience, me siento orgulloso de tener una mascota a la medida de mi fe", agregó Emilio González Márquez, gobernador constitucional de Jalisco.

La nueva mascota se irá incorporando paulatinamente a los materiales promocionales y de difusión de los Juegos, y se espera una pronta aceptación por parte de la opinión pública, según el mismo De la Vega. "Sin duda, Zapopis será un éxito comercial, y digna representante de nuestras tradiciones", dijo.

Al evento acudieron figuras de la política local y nacional, así como representantes de los diversos organismos deportivos y de la jerarquía católica.

sábado, 26 de marzo de 2011

Aristegui opina sobre el acuerdo para cubrir la violencia en los medios

El acuerdo
Carmen Aristegui F.
Mural
26 Mar. 11

"Balance", hubiera sido el nombre del periódico que Felipe Calderón habría dirigido si en lugar de haber sido político hubiera sido periodista, según dijo él mismo cuando se refería, críticamente, a lo que sucede hoy en los medios de comunicación.

Inspirado en Castillo Peraza, dijo que las únicas informaciones que son precisas y confiables son aquellas que se refieren a los resultados deportivos. A principios del año pasado también recriminó a los medios que difundían gratis las mantas de criminales, mientras que -confesión textual- a los del gobierno "nos cuesta varios millones de pesos pagar una primera plana".

Ha dicho también que el gobierno no ha sabido explicar lo que se está haciendo en el combate al crimen. Ha lamentado no tener "... el control de la información estatal". Parece estar convencido de que lo que hay aquí es un problema de percepción.

Viene al caso recordarlo a la luz de la firma del "Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia", realizada este miércoles en el Museo de Antropología. El acuerdo se firmó bajo los auspicios de "Iniciativa México", el proyecto impulsado desde la televisión. Por diferentes motivos, el texto del acuerdo no fue suscrito ni por todos los medios ni por todos los periodistas del país. Algunos, como Grupo Reforma, explicaron en dos líneas sus razones. El acuerdo busca establecer: "criterios editoriales comunes" para "la cobertura informativa de la violencia". Llama la atención que para estrenar "criterios editoriales comunes" algunos colegas firmantes nos identificaron reiteradamente como "mezquinos" o "los mezquinos de siempre", a los que, en nuestro derecho, no suscribimos un acuerdo uniformador como el que fue anunciado. Entre otras cosas, como en mi caso, porque ni siquiera fuimos invitados.

Por supuesto que no se puede estar en desacuerdo con varios de los planteamientos hechos en el texto sobre la responsabilidad de los medios y el papel relevante que jugamos cuando realizamos nuestras tareas informativas y de opinión, especialmente en un contexto tan delicado como el que ahora vivimos. Por supuesto que la sociedad merece un marco de comportamiento ético dentro de los medios para comprender y estar enterados de una realidad tan cruda como la que tenemos enfrente, pero resulta imposible sacudir la sospecha -como diría el doctor Edgardo Buscaglia- de que la pretensión final de todo esto es "... gerenciar el flujo de la información", uniformar coberturas e intentar modificar, desde los medios y no desde la transformación misma de esta realidad, la percepción social de lo que está pasando.

El acuerdo se firma en el momento en el que todos los indicadores apuntan al fracaso de la estrategia gubernamental. Obama dijo a CNN que Calderón estaba frustrado por "el crecimiento de los cárteles", en el peor de los diagnósticos posibles. El FBI habló de resultados insatisfactorios. Napolitano advirtió que "... la batalla contra los cárteles está en un punto muy peligroso y puede retroceder hasta donde empezó... es necesario sostener la lucha porque de lo contrario los cárteles continuarán creciendo". La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes recién informó que las organizaciones criminales en México dominan la oferta ilícita a granel de cocaína, heroína y metanfetaminas en Estados Unidos. Noventa por ciento de la cocaína de Sudamérica pasa por México. El cultivo de amapola para heroína en México ha crecido sostenidamente desde el 2000. Somos el tercer lugar en producción de opio. La corrupción sigue obstaculizando el combate al narcotráfico. El Secretario de Salud informó que en seis años se ha duplicado el consumo de cocaína y ha aumentado 50% el de marihuana. Una encuesta de la American Chambers dice que el 67% de empresarios se sienten inseguros. En materia de detenciones, los expertos hablan de un sesgo a favor del cártel más poderoso. La cifra oficial de muertos asciende a 34 mil 612 personas, al corte de enero. La violencia y las prácticas de terror son de todos conocidas.

Estamos, en resumen, ante un balance catastrófico y hay que saberlo. Es este un contexto en el que lo que menos se necesita es uniformidad, "discreción", o achatamiento de los medios que es, precisamente, lo que sugiere la firma de este acuerdo. Lo que la sociedad mexicana requiere es una cosa enteramente distinta: información clara, precisa, amplia, diversa, plural y crítica de los sucesos que marcan la vida nacional. Cualquier intento en sentido contrario será derrotado por la realidad misma.

viernes, 28 de enero de 2011

Armas y letras

Mural
Juan Villoro
28 Ene. 11

La loable iniciativa de transparentar los datos sobre la violencia ha permitido conocer de manera confiable una escabrosa realidad. Más de 34 mil muertos en cuatro años, saldo superior al de la guerra en Afganistán.

No es extraño que en un ambiente de deterioro la crispación se generalice. Si alguien critica la política de seguridad que produce tantas víctimas, otro comenta: "¿Y qué querías: que no se hiciera nada?".

La discusión entre Todo o Nada lleva al silencio. Criticar los accidentes en una carretera no invita a suspender los viajes, sino a mejorar la forma en que se hacen. El problema no es que se combata al narcotráfico, sino que no se obtengan mejores resultados.

No conocemos la solución porque no existe un remedio. A largo plazo, la salida del conflicto vendrá de los efectos combinados de la legalización regulada y paulatina de ciertas drogas, la investigación de redes de financiamiento y lavado de dinero, la detención de cómplices del narcotráfico en los tres poderes y en el mundo empresarial, y una más eficaz relación con Estados Unidos, donde el tráfico de drogas y armas opera con el suave fluir de lo institucional, sin cárteles ni capos conocidos.

En un contexto en el que tanto se discute sorprende que no se hayan atendido las variables educativas y culturales del tema. Los focos rojos están a la vista. El Presidente Calderón señaló que el país tiene siete millones de "ninis", jóvenes que no estudian ni trabajan. Tampoco tienen opciones deportivas, religiosas o culturales.

En 2010 México ocupó el último lugar en América Latina en recuperación de empleos. Al menos una generación carecerá de un horizonte laboral deseable. Su destino lógico es la inopia, acentuada por el alcohol, las drogas y la televisión.

Suiza tiene tantos habitantes como nosotros tenemos "ninis". Si contamos a los que tienen empleos o estudios temporales y carecen de futuro garantizado, podríamos llenar varios países escandinavos con mexicanos sin alternativas.

El problema es gravísimo por una razón adicional: hay otras opciones, todas ilegales. El narcotráfico no puede ser visto como un simple "Llamado del Mal"; para millones de jóvenes, representa la única opción concreta de obtener una mejoría económica instantánea, compartir códigos de pertenencia, asumir una identidad definida y elevar la autoestima. El hecho de que un sicario pueda morir pronto no siempre es un argumento disuasorio. El peligro -las intensidades de una vida breve- incluso pueden ser un aliciente. Además, queda la compensación de dejar una casa para la familia y haber disfrutado algo en un destino que se extendía al modo de un desierto.

Como señaló Antanas Mokus en su campaña a la presidencia de Colombia, combatir el crimen a través de la educación y de la ética es más tardado y costoso que combatirlo con las balas, pero se trata de la única solución definitiva.

Para reconstruir su tejido social, Colombia ha construido bibliotecas en sitios que se consideraban bastiones del hampa. Es el caso de la Biblioteca España, situada en uno de los barrios más bravos de Medellín, algo equivalente a edificar un inmenso centro cultural en Badiraguato, Sinaloa, meca del narcotráfico.

Disponemos de información sobre los municipios más conflictivos del país. Urge una cruzada cultural que los atienda y permita una recuperación social definitiva.

A largo plazo, la política de seguridad depende más de la Secretaría de Educación que de la Secretaría de la Defensa. Además, el Ejército no sólo necesita un armamento superior, sino capacitación en áreas que no se han tomado en cuenta (ética, antropología, historia, literatura). Sabemos que la mejor guerra es la que no se libra. Cuando se vuelve inevitable, el pacifismo consiste en ganarla sin quebrantar principios.

La educación sirve para prevenir el delito, pero también para combatirlo sin deponer la ética. En este sentido, la recuperación cultural del país no puede ser ajena al Ejército, que no sólo requiere de atención logística y económica.

En su discurso sobre las armas y las letras, Cervantes, escritor soldado, encomia la entrega del "mílite guerrero" por encima de la vida especulativa de quien renuncia a la acción. El fundador de la novela moderna conocía los límites de la imaginación y las urgencias de la práctica.

Un amigo expresaba hace poco: "Un joven que lee a Salgari no puede ser sicario". Se trata de una frase hermosa, que admite un matiz para no ser ingenua. Es cierto que no conocemos sicarios que hayan leído a Salgari, pero conocemos comandantes nazis que sí lo hicieron. No se trata de combatir en exclusiva con las armas ni en exclusiva con las letras. Digamos que leer dificulta ser sicario, pero sólo lo impide si la sociedad en su conjunto demuestra que ha leído.

No hay soluciones simples. Por eso es grave que las discrepancias lleven a la estéril dicotomía de Todo o Nada. Tenemos que ponernos de parte de una solución compleja.

La cultura no debe ser el privilegio de quienes "superaron" su circunstancia, sino la normalidad de quienes viven en ella.

sábado, 8 de enero de 2011

La miseria feliz

Mural
Juan Villoro
7 Ene. 11

"¿Estás de malas o sólo eres francés?". Esta pregunta tiene peculiar sentido. Como todos los años, la agencia Gallup valoró los índices de optimismo y pesimismo en el planeta. Noblesse oblige, los más tristes de la Tierra fueron los franceses, seguidos por los islandeses, los rumanos, los serbios y los británicos.

Una vez más, la alegría estuvo del lado de los países pobres. La nación más feliz del orbe es Nigeria. El segundo lugar se lo llevó Vietnam. El tercer puesto fue un empate que anuncia un partido épico para el próximo Mundial: Brasil y Ghana. El cuarto lugar le correspondió al gigante del capitalismo autoritario (China) y el sorprendente quinto sitio a Kosovo (uno pensaría que si los serbios sucumben a la depresión, otro tanto debería pasarle a los kosovares, pero está visto que la historia impacta de distinto modo a quienes pasan por cataclismos similares).

Que los franceses dominen la tristeza invita a reflexionar, no sólo sobre el humor de esa región, sino sobre la noción misma de "felicidad".

París es, quizá, la capital más bella del mundo, pero sus habitantes la recorren como si no lo supieran. ¿Ignoran la supremacía de esos puentes y la cuidada geometría de los edificios? Por supuesto que no. Simplemente desprecian la dicha fácil. Uno de los grandes misterios de la cultura es que le otorga valor a la inconformidad y al pesimismo. Repasemos algunos de los títulos más populares de la literatura francesa del siglo 20: "La Náusea", "La Peste", "Buenos Días, Tristeza", "El inmoralista", "Viaje al Fondo de la Noche", "Pompas Fúnebres". Sin llegar a la contundencia de Victor Hugo, que resumió su época con un lema sin consuelo ("Los Miserables"), los novelistas franceses del siglo pasado demostraron que lo interesante suele ser canijo. En manos de un francés, hasta los títulos neutros parecen tremendos: cuando Malraux escribe "La Condición Humana", Camus "El Extranjero" o Houellebecq "La Posibilidad de una Isla", sospechamos que no hay alivio en ser humano, forastero o isleño.

La "nueva ola" del cine francés perfeccionó los personajes maravillosamente tristes. Mientras Alain Delon fumaba un cigarro oscuro, sus ojos melancólicos anunciaban que en la última toma sería acribillado con injusta elegancia.

El cine francés le debe mucho a los suéteres de cuello de tortuga, la iluminación en penumbra y los coches Citroen que permitían tomas a la altura de las rodillas de los peatones. Pero sobre todo, le debe su fortuna a la demostración de que las reacciones emocionales son arbitrarias y casi nunca agradables. El cine francés refinó al máximo la belleza neurótica: para tener chiste, las guapas también deben tener problemas.

Desde "Las Relaciones Peligrosas", de Chardelos de Laclos, sabemos que, cuando el amor se enreda, requiere de denominaciones francesas como femme fatale, ménage ˆ trois o voyeur.

Las teorías de Lacan, Foucault, Derrida, Barthes y Bataille hicieron lo suyo para demostrar que el placer tiene causas raras. Los antecedentes del asunto son remotos. Denis de Rougemont encontró el impulso rector de la poesía amorosa en los textos cátaros del siglo 12, que tratan de la pasión no correspondida. El hombre satisfecho no versifica; el impulso creador viene del rechazo o de las tribulaciones que trae la aceptación.

Total que Francia ha dedicado buena parte de su cultura a hacer interesante la tristeza. "Llueve en la ciudad como llueve en mi corazón", escribe Verlaine.

No es raro que los franceses se depriman en forma tan satisfactoria. En su contexto, la dicha en estado puro parece un remedio de farmacia, un jarabe demasiado simple.

Resulta imposible evaluar la dicha al margen de cada sociedad. Las ilusiones son tan cambiantes como los países. Quienes saben que las cosas podrían estar mejor no se declaran satisfechos. En este sentido, el descontento es un atributo de la conciencia crítica. "Sólo un cretino es feliz de tiempo completo", comenta Umberto Eco.

¿Significa esto que los países que se juzgan dichosos estén desinformados, o sean ingenuos o incluso irresponsables? No necesariamente. Cada caso merece análisis especial. ¿El clima y el paisaje volcánico juegan un papel en el pesimismo islandés? ¿La tiránica sociedad china hace que sus habitantes se declaren felices por decreto?

No siempre es fácil traducir encuestas al idioma en que dicen algo. A mi modo de ver, los sondeos nacionales no expresan una valoración real de la esperanza o la decepción; expresan la peculiar forma en que la gente se adapta a su país. Como explica Martín Caparrós en "Contra el Cambio", en Nigeria la alegría no es el resultado de una vida satisfecha sino la promesa de que la vida es posible. De manera equivalente, en Francia, cierta dosis de nihilismo no es un síntoma de suicidio sino el sofisticado requisito para la aceptación. En el fondo, ser alegre en Nigeria se parece bastante a ser triste en Francia. En ambos casos la adaptación viene de un problema: donde hay carencia, hay expectativa.

A todo esto, ¿qué pasa con la felicidad en México? ¿Todavía existe? La próxima semana analizaremos el asunto.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Acciones para el cambio

Carlos Fuentes
15 Nov. 10

Ha hecho bien mi amigo Manuel Arango en recordarnos que la realidad mayor -la gran realidad- de México es la de quienes acuden diariamente a su trabajo; sacan adelante a sus familias y mejoran sus condiciones de vida; crean empresas, generan empleo, brindan bienes y servicios.

Arango se refiere al país de profesionistas, académicos, alumnos y amas de casa, de trabajadores buscando mejorar sus condiciones de vida, y de ciudadanos que acuden a votar y que se apoyan en una cultura milenaria que los mexicanos de hoy -su habla, su memoria, sus aspiraciones, su trato- hacen presente.

Cuando yo nací, México salía con dificultades de 20 años de lucha armada y ambiciones políticas arrebatadas. La violencia asociada a nuestro país se extinguió gracias a la determinación del presidente Lázaro Cárdenas de derrotar, aislándolo, al último caudillo rebelde, Saturnino Cedillo, al tiempo que aceleraba el proceso modernizante del país. No siempre exitosa, la política cardenista abolió el latifundio, protegió el ejido y dio lugar, entre ambos, a la pequeña propiedad. Nacionalizó el petróleo y abrió el camino a las nuevas industrias. Rehusó, para siempre, la tentación de la re-elección presidencial.

Los desafíos al México revolucionario vinieron de movimientos contra-revolucionarios como la cristiada y de luchas entre facciones de la propia Revolución. De intervenciones norteamericanas de los gobiernos de Woodrow Wilson a Herbert Hoover, superadas por las políticas de respeto mutuo de Cárdenas y Franklin Roosevelt.

Todos estos desafíos, eran políticos. Surgían de personalidades, fuerzas y realidades de naturaleza política.

Desafiar a los desafíos, construir con todos los retos una nación moderna -la que evoca Manuel Arango- costó tiempo, costó esfuerzo, costó imaginación.

Hoy, ¿está en peligro ese país, el nuestro, por nuevos desafíos, ya no puramente políticos, sino siniestramente criminales?

Setenta y dos migrantes, trabajadores provenientes de la América Central, de Ecuador y hasta de Brasil, son asesinados en Tamaulipas porque, entre el ofrecimiento del crimen y la dignidad del trabajo, escogieron éste y por ello perdieron la vida.

En la penitenciaría de Gómez Palacio, las autoridades daban permiso a los criminales recluidos allí de salir durante las horas nocturnas a cometer sus crímenes y regresar, de madrugada, a la cárcel.

Escojo sólo dos casos que, por mínimos o máximos, que sean, afectan al país descrito por Arango, lo injurian, lo perturban.

Podríamos evocar muchos más ejemplos de secuestros, extorsiones, amenazas y chantajes que se van extendiendo desde la esfera criminal contra esa ciudadanía que mayoritariamente trabaja, vota, y estudia.

¿Cómo se suma, numéricamente, nuestra actual población?

En 1920, había descendido de 15 a 14 millones, debido a la intensidad de la lucha fratricida.

En 1930, habíamos ascendido a 20 millones, y como decía el lema publicitario, 20 millones de mexicanos no pueden estar equivocados.

Hoy, en 2010 somos más de 100 millones de ciudadanos, somos el país de lengua española más poblado, somos el país frontera con los Estados Unidos de América pero también somos la frontera del mundo en desarrollo con el mundo desarrollado, somos la frontera de las lenguas castellana e inglesa. Somos la incierta frontera de los mundos latino y anglosajón.

Y somos el socio menor -el socio, relativamente pobre- del Tratado de Libre Comercio, NAFTA, con los Estados Unidos y Canadá.

Nos hacemos la pregunta:

¿Somos nación?

¿Hay todavía naciones?

¿Somos estado?

¿Existen aún estados?

O la globalidad, borrando fronteras, ¿borra también naciones, borra también estados, nos incluye en un gran abrazo donde cuentan los consorcios más que los países, las grandes empresas globales más que los disminuidos estados-naciones?

Hago la pregunta porque de la -o las- respuestas dependerá cómo hacemos frente a cuanto desdibuja el certero cuadro que pinta Manuel Arango y nos propone esenciales preguntas:

¿Podemos solos o sólo con otros?

¿Tenemos la voluntad, los recursos, las políticas necesarias para ordenar nuestra propia casa, en nombre y beneficio de la mayoría mexicana que trabaja, estudia, ama y vive?

Y si no, ¿qué formas de cooperación son admisibles para vencer al crimen, defender a la ciudadanía y retomar nuestro porvenir?

Ahora, son ellos -los jóvenes mexicanos de treinta años o menos- los que harán la historia.

¿Qué historia?

Hay un desequilibrio básico en nuestra sociedad.

Confiamos demasiado en los tres rubros que más divisas nos generan:

El petróleo, el turismo y las remesas de los trabajadores en los EE.UU.

Pero el precio del petróleo es inestable. Nuevas fuentes de energía desplazan al "oro negro". Prejuicios históricos nos impiden ampliar, diversificar, potenciar la industria sin renunciar a su carácter público.

Y la mala publicidad de nuestra violencia desanima al turismo extranjero que ha disminuido en tanto que las remesas de trabajadores migrantes alcanzan la suma de 21 mil millones de dólares.

¿Podemos continuar confiando en estos aleatorios hechos?

¿Cómo afectará a nuestros trabajadores la crisis económica en los Estados Unidos?

¿Estamos preparados para darles en México el empleo que los Estados Unidos, en mayor o menor grado, les negará?

Soy consciente de que muchos trabajadores mexicanos en los EE.UU. acabarán por hacerse parte de la sociedad norteamericana, como lo advierte el presidente Barack Obama en su discurso del pasado mes de julio, recordando que "los inmigrantes han ayudado siempre a construir y defender a los Estados Unidos. El presidente de los Estados Unidos está obligado -lo cito- "a imponer sus propias leyes de residencia y ciudadanía". Pero por vez primera, un jefe de estado norteamericano abre una ventana a la realidad del siglo XXI: la migración favorece la inserción de los Estados Unidos en una nueva economía internacional que al globalizar al trabajo, acabará por eliminar las barreras al trabajo.

En la economía global, circulan libremente los valores y las cosas, pero no los trabajadores. Es tiempo de incorporar el trabajo a la globalidad.

Ello no nos exime de la obligación de crear trabajo dentro de nuestras propias fronteras. Que el trabajador migratorio reciba la protección y el respeto que merece, pero que el trabajador que se queda en México reciba la oportunidad de construir todo lo que nos falta, todo lo que se ha quedado atrás, todo lo que requiere trabajadores mexicanos en México.

Estamos en el mundo. Las fronteras se desvanecen. El mundo angloamericano influye en el mundo mexicano. Y éste, el mexicano, influye en los Estados Unidos. No sólo con lenguaje y música, voces y cocina, sino con fuerza de trabajo: agricultura, hospitales, restoranes, jardinería y servicios domésticos, conducción de vehículos y trabajo de industrias.

Evoco estos hechos para llegar a lo que quiero preguntar hoy:

La mitad de nuestra población tiene 30 años o menos.

Estos jóvenes mexicanos son herederos de la historia que aquí, someramente, he evocado.

No existirían sin esa historia.

Pregunto de nuevo: ¿Qué harán los jóvenes mexicanos de 30 años o menos?

¿Se dejarán seducir por el crimen?

Y cuando digo "crimen" digo dinero, digo sexo, digo resentimiento y venganza social.

¿O se dejarán seducir por el trabajo?

¿Sabremos emplearlos, darle oportunidades claras y evidentes a nuestra juventud trabajadora en la magna, la inmensa tarea de construir y reconstruir nuestro país a partir de las realidades tan claramente señaladas por Manuel Arango?

Tenemos un país por hacer y rehacer.

Renovación urbana para atender a poblaciones que no se concentran sólo en el Distrito Federal, sino que se extienden a ciudades en crecimiento explosivo, no previsto, desafiante para autoridades, y ciudadanos: Guadalajara, Monterrey, Puebla, Juárez, Tijuana...

Renovación portuaria para acceder al nuevo mundo comercial que, lejos de remitirlos al pasado, da nueva relevancia a puertos modernos, comunicación y dársena complementarias de una explosiva globalidad.

Nuevas carreteras que no sólo nos comuniquen de norte a sur, de frontera a frontera, sino de mar a mar, de sierra a sierra, en contra del sino del aislamiento interno que tanto ha confinado a México.

Nuevas presas para luchar contra una naturaleza huraña que nos arroja el agua de las montañas al mar resecando al centro y al norte de la República.

Nuevos hospitales que lleven la salud a zonas apartadas de un territorio inmenso -cuatro veces más grande que Francia- donde hemos vencido antiguos males pero acaso no estamos preparados para las nuevas plagas.

Nuevas escuelas para una población que crece velozmente y a veces no encuentra escuela local y debe caminar penosamente a otra localidad donde la escuela además, es desatendida debido a viejas prácticas de permanencia magisterial en un país que requiere con urgencia apertura educativa, como lo entendió José Vasconcelos, remozamiento de cuadros, profesores jóvenes.

Hay una constante angustia en nuestra historia. La mitad de nuestra población -20 millones en 1930, 100 millones en 2000- vive en diversos estados de pobreza.

Por más que algunos asciendan, otros permanecen abajo y otros, inclusive, descienden.

El gran desafío, no sólo para México, para toda la América Latina, es el de proponerse un desarrollo que no dañe a nadie, pero que mejore a todos.

Que no se contente con lo logrado, sino que se preocupe por lo que falta hacer.

Que extienda el concepto de ciudadanía, de la política a la economía, a la educación, a la salud, al trabajo.

Pienso en un nuevo contrato social mexicano que desarrolle, con la máxima velocidad, el inmenso potencial de México para ser, a partir de lo que ha sido y de lo que es, lo que México puede ser.

martes, 19 de octubre de 2010

La Guerra de los Insultos

La guerra de los insultos
Javier Sicilia

Para Tomás Calvillo

MÉXICO, D.F., 18 de octubre.- Para las lenguas antiguas –pienso en el sánscrito, en el hebreo o en el griego–, las palabras son sagradas. No sólo nombran las cosas, sino que hacen que las cosas sean, es decir, poseen un dinamismo y una fuerza vital que permite que su contenido se realice. Sólo existe lo que se nombra. La rosa, por ejemplo, sólo aparece en el mundo porque pronunciamos su nombre, porque le damos con él una existencia activa y un contenido. De lo contrario sólo sería algo sin significado, una realidad incognoscible, sumida en la oscura pasividad de su ser.

A pesar de que esa percepción ha desaparecido de nuestros conceptos lingüísticos, las palabras siguen teniendo ese peso. Ellas –lo sabemos aún los poetas y algunos filósofos y psicoanalistas– pueden liberar de la oscuridad y del laberinto interior el sentido, pueden poner fin a la soledad, establecer una unión de amor y cambiar el rumbo de una vida. Pueden también hacer lo contrario: humillar, destruir la vida de alguien y desatar una guerra. Las palabras, cosidas al pensamiento y al ser, se desprenden de la persona que las pronuncia para asumir una existencia independiente.

El libro de los Proverbios lo dice con el delicado sabor de la sentencia: “La vida y la muerte está en poder de la lengua, del uso que de ella haga tal será el fruto”. Con no menos delicadeza, Platón lo repite en otro contexto y otra cultura: “Entiéndelo bien, mi querido Critón, la incorrección en la lengua no es sólo una falta contra la lengua misma, hace también mal a las almas”.

Por desgracia, esta realidad de la lengua que ya no se enseña, ha llegado en México a grados de perversión tales que se ha convertido en una especie de babel a través de la cual no sólo puede decirse cualquier cosa sin responsabilidad alguna, sino que en el espacio público se ha degradado, como si no sucediera nada, al insulto, a la difamación, a la amenaza y a la banalidad.

El uso irresponsable de la lengua en nuestros políticos y en los medios de comunicación, está destruyendo la pequeña franja política que, en medio de la guerra y del Estado fallido en el que nos encontramos, aún nos queda.

Desde que Calderón, y quienes estaban decididos a destruir el ascenso político de López Obrador, tomaron la determinación de difundir por todos los medios a su alcance que era “un peligro para México”, la consecuencia fue, primero, la fracturación de la ciudadanía entre los que aceptaron creerlo y los que, con justicia, negándose a creerlo lo defendieron; después, la guerra contra el crimen organizado, el hundimiento del Estado y la violencia en la que estamos inmersos. Unas simples palabras de desprecio y de odio hicieron posible que el desprecio y el odio se instalaran en el país.

Hoy, cuando Felipe Calderón vuelve a decirlo, está empujando lo que queda de la vida política del país al terreno de una violencia sin retorno. Lo mismo puede decirse que hace López Obrador cuando continúa llamando a Calderón “espurio” y “pelele” o cuando el lenguaje del insulto entre diputados, senadores, comunicadores y prelados recorre el espacio público. Decir hoy que López Obrador es “un peligro” para el país y que sus seguidores son una “feligresía del odio”; gritar que Calderón es un “pelele”, vociferar “que el Estado laico es una jalada” es darle carta de ciudadanía a la violencia y al caos, es permitir que el lenguaje de la criminalidad y de la negación de lo humano se instale para siempre en la mesa de la política y de la vida pública, es aceptar que sólo podemos dirimir nuestra existencia como ciudadanos a través de esa palabra con la que el español de México define su barbarie: los chingadazos, es destruir en la conciencia de la ciudadanía lo poco que queda de dignidad en las figuras que la representan y cuya presencia debe ser la propuesta, el debate y la controversia, es decir, el diálogo y la presencia de la palabra como contenedora de sentido y de bien, de crítica y de verdad. Insultar, lejos de humanizarnos y de rehacer la realidad, la oscurecen, destruye el sentido, “daña –como señalaba Platón– las almas” y, trae, como lo muestra el libro de los Proverbios y la realidad en la que vivimos, frutos de muerte.

Quienes aún amamos este país, quienes aún tenemos un sentido del peso de las palabras, no podemos permitirlo. No se trata de hablar con un lenguaje light ni de utilizar la hipocresía del eufemismo –tan en boga en lo que se ha dado en llamar “lo políticamente correcto” de las democracias–, sino de negarse al insulto para, dados los problemas que nos rodean, entrar en el debate de contenidos, un debate duro, pero inteligente, crítico y a la vez propositivo. Si aceptamos que nuestros políticos continúen utilizando el lenguaje de la violencia y la descalificación, y nos contaminamos de él no contribuiremos en nada a los contenidos de verdad y de sentido que perdimos y que nos tienen en la irritación. En tiempos de violencia no necesitamos palabras nuevas, sino una relación grave y respetuosa con la lengua, es decir, recordar que las palabras pesan y se concretan en lo real, que del uso que de ellas hacemos tal es el fruto, y que únicamente el corazón dicta los verdaderos sentidos con el respeto y la firmeza que el amor produce, esos sentidos que pueden devolverle al país su voz profunda.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.

viernes, 8 de octubre de 2010

¡Qué asco me dan los gays!



¡Qué asco me dan los gays!
Marta Lamas
Revista Proceso - 10 de Enero de 2010

La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, junto con el derecho a que adopten criaturas, ha desatado una andanada de respuestas críticas entre las que sobresalen las campañas de odio homofóbicas. Lo de los obispos era previsible, aunque no en ese nivel (el obispo de Aguascalientes, ignorando a Darwin, dijo: “Ni siquiera los perros hacen sexo con perros de su mismo sexo”). En la Ciudad de México, por lo que muestran las encuestas y la red de conversaciones, se ha alcanzado un nivel civilizatorio muy aceptable aunque no faltan los que sueltan frases del tipo de: “Yo estoy a favor de que las parejas homosexuales tengan derechos, ¡pero la verdad me da asco pensar lo que hacen en la cama!”

Hace tiempo la antropóloga británica Mary Douglas explicó, en su famoso libro Pureza o peligro, que el asco no sólo es una reacción biológica, sino que básicamente es una construcción humana: lo que nos da asco depende de nuestra percepción de las reglas sociales, o sea, de nuestra cultura. La homofobia es una combinación de asco, miedo y odio, pero como no es políticamente correcto sentir odio por los homosexuales, y como nadie acepta tener miedo (¿a la atracción?), el asco resulta ser el sentimiento que se manifiesta más frecuentemente. Se siente asco por aquellas personas a las que se desprecia (en ocasiones también lo provocan los políticos). El asco es el sentimiento despectivo cuya siguiente etapa es un rechazo muy activo.

El problema político con el discurso del asco es que deriva en prácticas excluyentes, incluso, represivas. La antropóloga peruana Rocío Silva considera que el asco es una forma de construir una “otredad”. Las fronteras entre lo que aceptamos y lo que nos da asco crean una división entre “nosotros” y los “otros”. Silva llama basurización simbólica a una forma de organizar al otro como elemento sobrante de un sistema simbólico. La Iglesia católica acepta únicamente la heterosexualidad reproductiva, y condena la homosexualidad como motivo de abominación. Así, el dogma católico, entretejido en la cultura mexicana, alienta la basurización simbólica de las personas homosexuales. Este tipo de asco “ideológico” genera no sólo rechazo a la otredad, sino también miedo teatral a la contaminación. Por eso, además de ver a lesbianas y gays como seres degenerados o anormales, se les considera peligrosos y se teme que “corrompan” a los demás.

Los seguidores del Vaticano no se preguntan por qué varios países han borrado toda referencia al sexo en los contratos matrimoniales ni indagan por qué se permite a parejas del mismo sexo adoptar. Desconocen que sociedades preocupadas por hacer efectivo el principio de no discriminación encontraron lo negativo que era normar la ciudadanía a partir de la vida sexual, y eso condujo a cambios legales para dar igualdad jurídica a la diversidad sexual. Contar con una legislación que explícitamente vea en la homosexualidad una conducta lícita ha sido un avance democrático indudable, aunque, como bien nos explicó el obispo Lozano Barragán, esa forma de amar impide llegar al cielo.

Ahora bien, la basurización simbólica que en nuestro país se hace de las lesbianas y los gays se apoya en la ignorancia cerril de quienes desconocen los planteamientos éticos y políticos, psicoanalíticos y antropológicos que han llevado a reformular el estatuto social y jurídico de la homosexualidad. En México amplios sectores de la población aún ven en la homosexualidad una degeneración asociada con pedofilia, pederastia y prostitución. Las patéticas muestras de intolerancia de los funcionarios del Vaticano en nuestro país y el asco “moral” que expresan algunos sectores de la población hablan no sólo del desprecio por los otros, sino también de su autocomplacencia: “Te agradezco, Señor, que no me gusten los vecinos o mis acólitos”, algo no pronunciado por Marcial Maciel.

La reciente reforma en el Distrito Federal, concebida como una acción antidiscriminatoria, no va a impulsar por sí sola una mejor comprensión sobre la sexualidad humana ni tampoco va a esclarecer cómo se construye la orientación sexual. Si bien la estricta aplicación del principio de igualdad obliga al debate público sobre el tema, es muy probable que la carencia de información científica al respecto haga que se ventilen prejuicios y opiniones personales.

Como las fuerzas conservadoras van a impugnar la decisión de la mayoría de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, no estaría de más una discusión pública sobre el asco, la basurización simbólica, la discriminación y el principio de igualdad. Eso sí, habría que compartir un piso mínimo de conocimiento con una serie de lecturas básicas; por ejemplo, la de Mary Douglas. Ella explica que en muchas culturas lo situado en lugares inadecuados provoca asco. ¿Será por eso que las personas que piensan que las lesbianas y los gays que quieren casarse y tener una familia están “fuera de lugar” también suelen sentir asco?

¿Qué es lo opuesto al asco? ¿El amor, el respeto, la indiferencia? ¿Por qué hay gente capaz de decir: “Yo respeto que cada quién haga de su vida un papalote, pero me da asco pensar en dos hombres o dos mujeres ayuntándose”? No da asco lo que se respeta. Hay mucho sobre lo cual reflexionar y seguiré en mis próximas colaboraciones.

miércoles, 23 de junio de 2010

Gira y da vueltas...



Les comparto este viejo y sincero audio, grabado hace tiempo. No pretende ser el mejor del mundo, simplemente somos honestos. Lo hice hace 3 años pero ahora con lo de Nancy y las lluvias, vuelve a tener valor. Para oirlo, click aquí:

sábado, 5 de junio de 2010

Petróleo Café

Crocknicas marcianas
Joselo
Petróleo

Nací en Minatitlán, Veracruz y el olor del chapopote y el azufre que despedía la refinería de petróleo de ese lugar me acompañó toda mi infancia. Mis hermanos y yo nacimos ahí, pues mi padre, regiomontano hecho y derecho, consiguió una chamba en Pemex, en la refinería de Mina.

Supongo que mi madre estaba muy enamorada de él, pues en Minatitlán hace un calor húmedo de los mil demonios, es una ciudad pequeña perdida en la selva, que se inundaba cuando el río Coatzacoalcos desbordaba en tiempo de lluvias. Sólo el amor a mi padre y luego a sus hijos, debió mantenerla en un lugar tan diferente a donde nació, Michoacán.

Desde la colonia petrolera en donde vivíamos se alcanzaba a ver un fuego perenne, que nunca tuve idea de su función, pero que a nosotros nos servía para saber el lugar donde trabajaba nuestro padre sin horario fijo: la refinería General Lázaro Cárdenas.

Yo era muy pequeño, pero tengo la sensación de que mi padre entraba y salía de la casa a horas imprevistas. Traía el uniforme de los trabajadores de Pemex, camisola y pantalones color caqui. En la cabeza, que ya por esa época se estaba quedando sin pelo, traía un casco de metal con el que mi hermano y yo jugábamos cuando nuestro progenitor estaba comiendo.

Mi padre había estudiado ingeniería química y supongo que siendo ingeniero con título profesional no tenía que mancharse las manos como lo hacía. Tengo la teoría de que le gustaba entrarle de lleno a las máquinas manchadas de chapopote, verificar in situ que las cosas marcharan bien.

Yo no sé si mis hermanos sabían que en algunas ocasiones mi padre estaba en peligro. Yo no me daba cuenta. A lo mucho veía preocupada a mi mamá, pero no sabía por qué. Ahora lo sé: las refinerías y las plataformas petroleras son como bombas de tiempo en donde, como dice José Alfredo Jiménez, “la vida no vale nada”.

Ahora que aparece en las noticias un derrame en las costas de Luisiana, EU, me vienen muchos recuerdos.

Qué triste que una tragedia de esa magnitud me lleve de regreso a la infancia. Pero la mente tiene caminos misteriosos.

Recuerdo un día haber estado en la playa de Coatzacoalcos, la ciudad costera más cercana a Minatitlán, y ver cientos de peces muertos en la arena. Mis hermanos y yo nos dedicamos a juntarlos en un montículo, igual que todos los niños que andaban ese día en la playa ¡Qué divertido! ¡jugar con peces muertos! No nos podíamos meter al agua pues el mar con cada ola traía una capa de aceite y petróleo que luego teníamos que quitarnos en casa con estopa y gasolina. ¿por qué ese espectáculo tan macabro? ¿Por qué se habían muerto los peces? Algún barco tiró petróleo, decía mi padre. Imagínense, sólo era un barco y mataba cientos de peces ¿qué no hará esta nueva mancha de petróleo?

El derrame que pronto llegará a la costa de EU afectará a más de 400 especies animales que habitan en las playas. Todos los ecosistemas se verán afectados por este accidente. La forma de resolverlo, quemando el petróleo derramado, es una solución que también acarrea destrucción.

No sé cómo resolverán, o tratarán de disminuir la destrucción que la mancha va a generar, no sólo en las costas de EU, sino de rebote en las playas de México. ¿Cómo no vamos a pensar que el fin del mundo está cerca? Con nubes de ceniza y terremotos por todos lados, la mancha de petróleo suma a la sensación de que algo raro está pasando.

Qué fácil resulta señalar culpables, despotricar de las megaempresas que manejan el petróleo o que en este caso, por un accidente afectan a nuestro planeta y al mutndo entero.

Pero, ¿quién está dispuesto a dejar su coche (que se alimenta de ese petróleo) y empezar a pedalear una bicicleta? Pocos. Una mancha más en la ya funesta historia de lo mal que tratamos a nuestro planeta.


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Para completar la crónica de Joselo (guitarista de Café Tacvba para el que no sepa) les comparto la hermosa Trópico de Cáncer, del disco Re (1994), toda una Ficción Total musical.



Y sí, ya me voy a comprar una bici.

sábado, 4 de abril de 2009

Pasatiempos


Esta es la publicidad que finalmente el IFE prohibió difundir, de hecho el PAN hace berrinche en su página de internet:


Comparto lo que escribió en Nuevo Excélsior José Antonio Crespo al respecto, aquí.

viernes, 13 de marzo de 2009

Sobre los corridos de Público

Los periodistas y nuestra democracia
Huizapol
Myriam Vidriales


Por los que se fueron,
y para los que se quedan

Leerlo por todos lados no es antídoto. Todos los días en los diarios del mundo leemos de periodistas que se quedan sin empleo y medios que cierran sus puertas. De la crisis económica sí, pero también de la crisis de identidad que persigue a los medios en todo el mundo. Esa es la parte de realidad de México y de Guadalajara. Traumática, nos mete de lleno a algo que parecía suceder en otro lado.

Hace ya tiempo que en México la televisión y la radio, con excepciones que no abarcan los diez dedos de la mano, dejaron de servir a la democracia (basta darse una vuelta de zapping a la hora de los noticieros para darse cuenta). La prensa escrita, y sus caminos aún experimentales por subirse en línea, son uno de los últimos espacios para la discusión y circulación de las ideas, para el análisis, para la denuncia, para la socialización y eventualmente, la movilización.

Que los medios comiencen a trabajar con el personal indispensable significa más declaraciones y menos preguntas. Más demagogia y menos cuestionamiento. Más zonas oscuras y menos manos capaces de iluminarlas. Los periodistas son los ojos del ciudadano ahí en donde el ciudadano no puede entrar. Menos periodistas en la calle son menos voces que pregunten en qué se gastan el dinero los políticos, porqué no hay medicinas en el Seguro Social, cómo se decide cuál calle pavimentar y cuál no. Es cierto, con el advenimiento de Internet y de las plataformas de socialización en línea, el periodismo vive una crisis de identidad, pero no es una crisis de sentido, porque hoy, el periodismo sirve para lo mismo que servía ayer: para que unos pocos, investiguen y hagan público lo que importa a muchos. Sirve para que lo que afecta a muchos y deciden unos pocos, no se negocie en lo oscurito y de espaldas a la sociedad. Sirve para que la voz de los que son muy pocos, o muy pobres, o muy algo, llegue al resto. Sirve porque su naturaleza es servir.

No es el fin del mundo, ciertamente: menos periodistas en los medios no significa que ya no habrá noticias. Las notas de portada sufrirán pocos cambios, especialmente en estos tiempos de decapitados y bolsas caídas. Pero cada vez que un periodista deja un medio, se pierde la oportunidad de leer noticias sobre nuestros barrios, nuestras escuelas, nuestros descalabros diarios, los temas que afectan nuestra salud. Cada vez que un periodista deja un medio, los ciudadanos perdemos un poco de voz. En un país que arde por los cuatro costados, en un país en donde los procesos electorales son cada vez menos confiables, en un país como el nuestro, en donde la oscuridad avanza a pasos agigantados, los periodistas son los cómplices indispensables de nuestra democracia. Los periodistas que se van se quedan sin trabajo. Nosotros nos quedamos sin información. Los que se quedan, se quedan con la enorme carga a cuestas: estar a la altura, dar la batalla por el lector, no cejar. ¿Cómo acompañarlos? Esa, señoras y señores, es la pregunta...
mvidriales@gmail.com

miércoles, 11 de febrero de 2009

"Precaución:Corazones a la vista"

Lo que antes era el día del amor y la amistad, poco a poco se va volviendo un mes.Precacución:Corazones a la vista.
Me puse para ustedes de modo con la fecha que se aproxima y aprovecho a la vez para aproximarlos con este señor que me emociona e inquieta y que ya algunos conocemos y para los que no pues, vayanlo conociendo.



"Las vísperas galantes"

1 Antes el blues que el vals

No ha terminado enero y ya se escuchan los primeros comerciales. No podemos establecer hasta dónde la sola existencia de un día del amor y la amistad ayuda a los amigos y enamorados, y con alguna suerte a unos los convierte en otros, pero a todos nos consta que al mercado le cae del cielo tamaño mandamiento sentimental. Pues se presume que aquellos que aman, o que dispensan una amistad especial, no deberían dejar pasar una ocasión acaso ñoña y hueca, pero también marcada por una ola de cariñito teatral que enfatiza la muy probable soledad de quien no participa del festín. Es frecuente, por tanto, que quienes no consiguen celebrar San Valentín en compañía de su pareja ideal, escuchen un amargo y destemplado blues cada vez que un anuncio les recuerda la obligación moral de festejar aquello que más lamentan. El verdadero brete surge cuando, al cruzar la verja del noviazgo, descubre el interfecto que el día del amor y la amistad es todavía más duro para quienes se obligan a celebrarlo.

Definir al amor es lo bastante complicado para que el día en que se le celebra sea el más subjetivo del calendario. Una fecha marcada por tan auspiciosa connotación vale tanto para ser amable, generoso y encantador, como díscolo, posesivo y egocéntrico. En todo caso, quiere uno que el amor, dondequiera que esté, sea siquiera lo bastante profundo para vivir inmune a las frivolidades del calendario, pero hay que ver quién es el racional que consigue pasarse Navidad por donde el sol no brilla, y aun así brillar en sociedad. ¿Es acaso el amor tirano tan nefario que exige de sus súbditos un rito anual de sacrificio donde se le transforma en espectáculo y se le vulgariza al extremo de la caricatura? En cualquier caso, el amor necesita sobrevivir a la extorsión del mundo solitario. Pienso en esos pequeños chantajistas que van por la avenida cazando parejitas, con una rosa roja por estandarte. No bien se plantan firmes ante la cartera veloz de Romeo, su expresión y su arrojo lo dicen a las claras: no me compras… no la quieres.
2 Lo más raro es que exista

Uno de los esfuerzos más extenuantes para el enamorado oficial tiene que ver con ese triste compromiso de vivir a la altura de su personaje. Ser no sólo quien uno dijo que era; también quien se supone que es, amén del que ofreció que sería, todo en un solo bulto a nombre del amor. Demostrar el amor, ponerlo en escena; como si él mismo no se bastara solo para hacerse notar, siempre que está presente. Y ahí es donde tendría que doler, pues si a un sentimiento que se quiere espontáneo ha de dársele guión y ocasión expresos, no queda más salida que manufacturarlo, como a las cajas de chocolates en forma de corazón que a mitad de febrero lo simbolizan y se pelean por ser su prueba fehaciente. ¿Cuál sería el objeto de convocar a un sentimiento que ya se halla presente y deslumbra a cualquiera que lo mire?
Al amor se le pide toda suerte de dones y fortunas, asumiendo que son parte de su equipaje; se espera de él que pueda contra las tentaciones más deleitosas y sobreviva tanto a días de guardar como a la cotidianidad lenta y podrida; se le trata supersticiosamente, con el pretexto viejo de que no hay quien lo entienda; se le invoca con asco horrorizado si alguien osó esgrimir alguna razón práctica en su contra; se le envidia desde la dicha fingida del malamado con fama de filántropo; se le crucifica y se le cursifica, todo en un solo gesto ansioso de empatía. ¿Qué prueban todas estas coincidencias, sino la portentosa fuerza de un sentimiento que con cierta frecuencia logra sobrevivir a éstas y otras terroríficas expectativas?

3 Corazones en fila

Reviso el calendario y confirmo intenciones. De aquí a una semana el mundo va a poblarse de flores y chocolates, sería muy tarde ya para tocar el tema del amor en su día. Imposible encontrar a un demonio con tantas facultades ahí donde se le invoca con redundancia múltiple y se le cuelgan cientos de apodos ñoños en nombre de una celebración oficial. Quien conoce al amor sabe que no es en los escaparates, sino en los escondrijos donde mejor fermenta. ¿Y qué escondrijo sirve ya como tal cuando todas las madrigueras de alquiler están no sólo llenas, como asediadas por las filas de crédulos que sólo augurarán futuro promisorio al romance en curso si se ha cumplido con el coito consagratorio de San Valentín? ¿En el nombre de qué se le niega al amor, que es el autoritario de esta historia, el derecho a la casta inapetencia bajo tan enfadoso ambiente circundante? ¿Es que acaso no saben o imaginan sus beatos que el amor es un bicho veleidoso, huidizo y eventualmente malintencionado? ¿Alguien le compraría un coche usado al amor?
Se ha dicho que un mortal se sabe enamorado cuando, pasadas las postreras convulsiones de un arrumaco en curso, descubre que a su amante no le cambió la cara. Le gusta igual, y puede que hasta más. No sabe lo que siente pero ya advierte que supera al instinto, a saber si no ayuda a retorcerlo. En una de estas, el amor verdadero es aquel que consigue llegar indemne, o siquiera de pie, al día siguiente de su celebración. Ahora bien, ¿quién ha dicho que lo que hoy es verdadero está obligado a serlo mañana? Celebra uno al amor con la ilusión obtusa de atraparlo y ya no dejarlo ir, como si la ocasión alcanzara algún rango de bendición social, pues teóricamente no se quiere pasar un día así con cualquiera. ¿Un día así cómo, perdón? Pues así, especial. Un día así así, repleto de muy muy y de tan tan, cuyo arribo se anuncia desde fines de enero. Pobres enamorados. ¿Dónde van a esconderse, entre tanto?
xvelasco@mielnio.com

jueves, 6 de noviembre de 2008

La comunicación en crisis, el tema especifico de la muerte de Muriño

José Carreño Carlón
Agenda del debate
06 de noviembre de 2008
Un control de daños… fuera de control

En juego, la capacidad del Estado para cuidar a los suyos
Urge enviar mensajes claros con nuevos nombramientos

En cuanto se estableció la identidad de los altos funcionarios que murieron en la tragedia de las Lomas, resultó prácticamente imposible encontrar una voz del público dispuesta sin más a aceptar la versión de un accidente.

Lo que hay que comprender en este tipo de reacción es la necesidad humana inicial de encontrar explicaciones inmediatas a los sucesos significativos, en busca de la seguridad perdida —o de la estabilidad afectada— por hechos traumáticos como los del anochecer del martes.

Enseguida es necesario prever la forma en que una comunidad —en este caso la mexicana— procesa los mensajes que recibe, de acuerdo a sus experiencias, creencias y valores, así como a sus actitudes frente a los emisores de los mensajes.

Y ya se sabe que el público mexicano ha acumulado experiencias, ha afirmado creencias y valores y ha desarrollado actitudes que lo conducen a no tener mayores expectativas de puntualidad, transparencia o poder de convicción de las versiones oficiales ante magnicidios y muertes de personajes relevantes. Y allí gravita en el imaginario colectivo la calaca del fiscal Chapa Bezanilla.

Finalmente, están los efectos acumulados de una comunicación gubernamental y una cobertura de medios que sitúan al público mexicano en el centro de una guerra a muerte entre el gobierno y las bandas del crimen organizado.

Verosimilitud

En estas condiciones, no debería extrañar que la primera reacción de ese público sea asociar el hecho trágico del martes con la capacidad de fuego del bando enemigo, una vez que cayó —en plena capital de la República, a unos pasos de la residencia presidencial de Los Pinos— el avión en que viajaban dos mandos superiores en la conducción de esa guerra, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y el artífice de las estrategias y las instituciones para la lucha contra el crimen organizado, José Luis Santiago Vasconcelos.

Se trata además de un enemigo cuyos efectivos han desfilado día a día por los medios con armamento superior al de las fuerzas gubernamentales y con un aparato de inteligencia y un poder de infiltración al gobierno. Y eso no hace sino otorgarle verosimilitud y poder de convicción a la hipótesis de un sabotaje, con independencia de que llegue a comprobarse.

Ante este complejo de percepciones públicas resulta riesgoso emprender acciones rutinarias de control de daños. Porque los daños permanecerán fuera de control si no se manejan las claves con que se descifran esas acciones por parte de la sociedad.

Por ejemplo, la noche de la tragedia fue meritorio el esfuerzo del portavoz emergente del gobierno federal —el secretario de Comunicaciones— para llenar el vacío de información y tratar de contrarrestar la eficacia informativa del jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Lo que está en juego

Pero su insistencia en que no hay indicios para manejar más versión que la del accidente, completada con sus pruebas de que no hubo ninguna irregularidad en el vuelo, sólo pueden activar las suspicacias sobre el origen de la tragedia y el rechazo de un público basado en sus arraigadas creencias. Esto conspira además contra el acierto de anunciar que peritos internacionales —una probada fuente de credibilidad— dictaminarán finalmente las causas de la tragedia.

Lo que está en juego aquí no es sólo una comprobación ministerial, sino la percepción del público sobre la capacidad del Estado para cuidar siquiera a sus propias cúpulas, una vez que en diversas regiones se ha establecido la percepción de incapacidad de éste para garantizar la seguridad de los particulares frente a los criminales.

Y está en juego el siguiente paso, la urgencia del Presidente de enviar los mensajes adecuados con el nombramiento del nuevo secretario de Gobernación. Uno será el mensaje si remarca la prioridad de la guerra contra el crimen. Y otro si la prioridad es preservar los restos del grupo cerrado con la pretensión de controlar su sucesión.

Fuente: El Universal

miércoles, 24 de septiembre de 2008

RadioAsalto

En este momento, usted y yo estamos sufriendo un robo al despoblado, un saqueo a los bienes de la nación y ni en cuenta. No, no me he puesto pejista de repente, ni me refiero al petróleo, sino a un bien intangible que es patrimonio de todos los mexicanos. Se trata de el aire, que por si no lo sabía, también es un bien concesionable en nuestro país y en gran parte del mundo. Y es que ese aire sirve para transportar ondas electromagnéticas. Ondas que usted y yo recibimos todos los días en la casa o en el auto o incluso caminando por la calle. Ese bien de la nación es conocido técnicamente como espectro radioeléctrico y es el que se usa para enviar señales de radio y televisión hasta donde usted se encuentre. Y aunque no lo parezca es un bien escaso, al que muy pocos pueden tener acceso, porque producir señales de medios de comunicación no es barato y sobretodo, porque las bandas de frecuencia están limitadas y en algunos casos se encuentran saturadas.

Con todo el escándalo que generaron los atentados en Morelia, en los medios de comunicación pasó desapercibida una noticia muy importante. Al más puro estilo de los sabadazos priistas, el gobierno de la República emitió un decreto en pleno 15 de septiembre por medio del cual establece que le dará una concesión de Frecuencia Modulada (FM) a los dueños de estaciones que transmitan en Amplitud Modulada (AM) por el simple hecho de ya ser concesionarios. Y la justificación es que las estaciones en AM ya no son negocio y que para volverlas competitivas y rentables hay que pasarlas a la FM. Todo esto sería plausible si el decretazo no tuviera una trampita y es que, según el documento emitido por la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, los concesionarios estarían obligados a echar a andar en FM a un año de que se les otorgue la concesión, luego a transmitir un año de manera simultánea en AM y FM y al final regresar al estado la concesión de AM. Pero aquí está la trampa: siempre y cuando la cobertura de FM que alcance la estación sea mayor a la de la AM y eso técnicamente es imposible. Cualquier ingeniero en radiocomunicaciones sabe que la FM nunca alcanzará el espectro que logra la AM. Así que lo que en realidad está haciendo el gobierno es regalarle una concesión extra de FM a los que ya tienen una estación de AM. Les duplica el paquete en un combocuates, pues.

Lo que resulta grave, es que durante años no se habían licitado frecuencias en FM, esto es que sistemáticamente se ha impedido el acceso de nuevos grupos de comunicación a la generación de contenidos y ahora les va a dar más frecuencias a los que ya las tienen. O lo que es lo mismo, el poder en los medios de comunicación seguirá en las mismas manos de las pocas familias que los controlan desde hace años y años. Más a los que más tienen, linda política la del gobierno ¿no?

¿Dónde está el meollo del asunto? Al hacer las cosas de esta forma, se atenta contra la transparencia y se hace un uso discrecional de un bien nacional, dado que por ley, el gobierno está obligado a licitar cada nueva frecuencia y con este decreto no habrá licitación.

Pero ¿por qué el gobierno haría tal cosa? La respuesta es simple, no hay que olvidar que en breve darán inicio las campañas electorales de 2009 y que los medios están enchiladísimos porque con la Reforma Electoral les quitaron un botín millonario. Todo lo que antes cobraban por los spots, de Fox, del Peje, de Emilio, de Calderón, de Peña Nieto, de Bartlett y un larguísimo etcétera, ya no podrán cobrarlo, por lo que para ellos las campañas ya no son negocio. Nada más como dato, oficialmente los medios de comunicación se embolsaron casi 700 millones de pesos en la campaña de 2006 y se estima que no reportaron otros 350 millones. Por eso había que compensarlos, darles una paletita a cambio del juguete que les quitaron para que estuvieran contentos. El juego del presidente Calderón y sus muchachos era quedar bien con los radiodifusores. Es lamentable darse cuenta que una vez más los poderes fácticos triunfan sobre los institucionales y que nuestras autoridades, a las que elegimos para que representaran nuestros intereses, se postran ante el poder del dinero.

Ricardo Salazar.