Y ahí estaba él, frente a la ventana, con la pistola empuñada en su mano izquierda, apuntando directo a su cabeza, con la soga al cuello ajustada a una viga en el techo, parado sobre la silla del desván, con un bote de raticida en la mano derecha y una aguja llena de aire en la bolsa de su camisa lista para inyectarse en sus venas.
Pretendía que su vida fuera diferente, emprendió un largo viaje por el océano mientras pensaba en todo lo que le había sucedido allá donde pronto diría “aquel lado del charco”, desde el día en que nació, por qué no, no llevaba prisa, quería crear una historia nueva.
Ya todo le tenía harto, era tan monótono que por años fue difícil escapar, su soledad le hacía daño pues no hay cosa más terrible que sentirla cuando se está rodeado de gente. Esa gente vil que solo lo buscaba por sus intereses personales, fieles a su condición humana, egoístas como solo ellos pueden, bastardos que no merecen tenerlo cerca.
Su vida era buena, preparó ese viaje con tiempo y calma, la brisa del mar acariciaba su rostro, estar solo le hacía falta así que dijo a su esposa y a su hijo que estaría fuera por un tiempo, que no fueran egoístas y lo comprendieran pues él les había dado todo de sí, qué necesitaba de ellos un pequeño sacrificio de 3 meses sin su presencia, no se acabaría el mundo en ese tiempo, la paciencia era la virtud que él más adoraba en las personas. Mientras respiraba la salinidad del ambiente tomaba su pluma y meditaba.
Cuanto hacía le salía mal, o eso pensaba, nadie le reconocía su esfuerzo, o eso pensaba, y así se confundía más, ¿le pasaba o lo pensaba? Por eso un día estaba feliz, al siguiente deprimido, a los dos más feliz, y luego molesto, enredado en sus pensamientos o en lo que le pasaba o en lo que pensaba que le pasaba o en lo que le pasaba porque así él lo pensaba.
Eligió el mejor barco que pudo pagar, sus ingresos eran altos pero no demasiado, contaba con una buena vida, una linda esposa, un único hijo, una casa propia en el centro de una ciudad pequeña y pintoresca, decorada a su gusto, no tenía auto pues prefería usar bicicleta, al fin y al cabo era más saludable y era necesario pensar en los demás. Siempre pensaba en los demás, casi nunca, muy pocas veces, se preocupaba por él mismo, como todo ser humano que debe vivir en sociedad para sobrevivir tiene el instinto de preservar a los suyos a fin de preservarse a sí mismo, no estamos hechos para ser individualistas, pensaba.
Sus esfuerzos fueron buenos pero él los creía insuficientes, se desviaba de sus objetivos por nimiedades, los amigos no pueden existir, se decía a sí mismo, la falsedad de las personas les impide crear lazos de afectividad, aun así pasaba largas horas con los que llamaba “las personas que quiero” y luego se reprochaba por el tiempo perdido, soñando cada madrugada en lo necesario que era abandonar toda emoción cursi de su mente y dedicarse a su futuro, nació solo, vivió solo, morirá solo, como debe ser.
¿Por qué no empezar a pensar por su bienestar y a exigir lo que su intelecto le debía otorgar como derechos? Algo de ego no está de más para las personas como él. Nunca pensaba en esas cosas pero la reflexión a solas le abrió profundos sentimientos que no tenía presentes en el día a día cotidiano, rodeado de la gente a la que ama, amigos, vecinos, hermanos, esposa, su querido hijo, por qué tener presente su propio bienestar cuando ellos lo eran todo, si ellos son felices yo lo soy, se repetía sin escucharse como un mantra fundido en sus venas, cada acción así lo demostraba y no necesitaba más, era feliz amaba y era amado.
Pero entonces llegaban ellos, su gente, los que lo apoyaban en todo momento, los que habían demostrado no estar a su lado por intereses personales, eran esos los buenos momentos, se sentía parte de algo, productivo no solo en asuntos materiales sino en emocionales, podía ayudar a otros, ¿por qué no? Dar algo de ti a los demás te hace mejor persona, te hace crear vínculos, esas relaciones que mantienes con todas las personas, que cada una es diferente y te aporta cosas nuevas cada día, los momentos de felicidad llegaban.
Ya había pasado mes y medio, la mitad del tiempo que planeaba estar lejos, la historia iba avanzando, iba mejorando, creía que algo le faltaba para lo cual usaría el tiempo restante, escribía todo el día, y por las noches salía a ver las estrellas, compañeras de su travesía que siempre le daban respuestas o que le hacían inventarse respuestas ¿cuándo una estrella muy lejana explota cuánto tiempo tardará para que eso afecte en algo a la Tierra? Todo está conectado, todo se relaciona y se afecta.
Poco a poco dejaba el miedo de lado, si dejar de pensar en el pasado y dejar de temerle al futuro fuera fácil habría sido feliz desde hace tiempo, pero en eso estaba, no había que seguir el duelo por toda su vida, él no era culpable de nada y así lo comenzaba a entender. Si el futuro le deparaba cosas buenas o malas o ambas o ninguna no debería importarle, estaba feliz en el momento y si la gente lo abandonaba como era costumbre que lo hicieran no se iba a matar por eso, amigos sobran en el mundo, se compraría un perro y ya.
Por qué todo le salía tan mal, ¿las personas que estaban cerca de él lo hacían de verdad por cariño, existía el cariño? Desde que tuvo memoria se dijo que ese tipo de preguntas eran tan ociosas como clasificar a los amigos o acumular billetes para poder llenar una alberca con ellos y nadar, así. Pero ahora lo pensaba, comenzaba a sentirse harto de esa vida con seres tan despreciables pero no había tenido la calma para darse cuenta, el meditar puede dejar confusas las ideas pero la sensación de claridad. El libro ya casi estaba terminado, sería un éxito, creó su nueva historia.
Entonces fue que la conoció, la vio, le sonrió, la invitó al cine, a cenar, charlaron largamente y se enamoró de ella, increíble que algo así exista, el amor, vendió todas sus pertenencias y se fue lejos, se despidió de todos sus amigos, no tenía familia, su madre murió en el parto, su padre abandonó a su madre después del coito, pero ahora se sentía feliz, como nunca lo pensó. Buscaron juntos una linda casa en una ciudad nueva, una vida nueva, una novela apasionada tras todo lo tormentoso que había sido su vida. Ahora sí, empezaría una nueva historia y… Fin.
Logró que su vida fuera diferente, la vida de ese personaje por el que sacrificó todo, guardó su pluma y decidió regresar, se habían cumplido los 3 meses. Llegó a casa, no saludó a toda la familia, amigos, vecinos, que estaban reunidos para darle la bienvenida, subió las escaleras. Su esposa supuso que se sentía agotado por el viaje y había ido a darse una ducha, tras una hora decidió subir a verlo, los invitados sonrientes charlaban entre ellos sobre los excelentes libros de su amigo, el dueño de aquella casa, un gran escritor, un verdadero creador de historias.
Ella subió al ático y ahí lo encontró. Frente a la ventana, con una pistola empuñada en su mano izquierda, apuntando directo a su cabeza, con una soga alrededor del cuello ajustada a una viga en el techo, parado sobre una silla del desván, con un bote de raticida en la mano derecha y una aguja llena de aire en la bolsa de su camisa lista para inyectarse en sus venas. Un grito escapó.
- ¡Querido, pero qué haces!
- Terminando esta historia como debe terminar.
El sonido del revólver sonó hasta el comedor.
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jueves, 6 de enero de 2011
domingo, 14 de noviembre de 2010
En la plazoleta
A la edad de 85 años no hay muchas cosas que me puedan mantener ocupado, mis huesos y articulaciones duelen, he trabajado por años y estoy desgastado, mis músculos flojos a veces no responden y la debilidad me agota, aun así prefiero estar despierto.
Hoy como todas las tardes me encuentro sentado en la plaza, en una banca bajo estos frondosos árboles que me brindan su apacible sombra cubriéndome así de los inclementes rayos del sol que queman mi piel, las aves cantan en los nidos que elaboran tan graciosamente en las ramas y hay un ambiente de paz y tranquilidad.
Así es mi vida, pasando el resto del día saludando a los vecinos, con aquellos que crecí pescando en el río, sembrando maíz en el campo, nadando en la presa; hoy ya no, ya no hay fuerzas, ni río, ni campo, ni presa.
Este día todo se einició tan apacible como siempre, pero algo extraño sucede de repente, el trinar de los pájaros cesa y el sonido del viento se opaca por un estruendo ensordecedor, la tierra debajo de mis pies comienza a abrirse, el temor invade mi cuerpo y mi mente, me levanto por el susto de mi apacible asiento.
Un grupo de hombres con chalecos color naranja y cascos de minero abren con taladros el piso de la plaza, no comprendo lo que sucede. De pronto los grandes árboles comienzan a caer, derribados por sierras eléctricas que manejan esos hombres que parecen sacados de alguna película de las que mi nieto me contaba, cuando vivía.
Instintivamente corro, sin saber cómo, llego hasta el banco en que siempre suelo pasar las tardes debajo de mi árbol favorito, aquel que planté hace 75 años cuando construimos esta plaza los de la comunidad, me interpongo entre el aparato eléctrico y él para impedir que lo mutilen, el hombre de casco continúa como si no le importase partirme en dos con tal de matar al ser vivo que defiendo, de pronto siento un jalón violento detrás, sosteniéndome de los hombros está el hombre vestido de negro, ahora veo que es un policía, me avienta al suelo gritando.
Quítese viejo, no se oponga a la modernización.
Aturdido no comprendo nada, el policía replica.
Son órdenes de El Señor Acalde, aléjese y evítenos problemas.
Me incorporo con toda la fuerza de mi voluntad pero no puedo impedir sentir la debilidad, una lágrima sale de mis ojos al voltear a mi alrededor, jóvenes y ancianos son golpeados por tratar de impedir lo que parece ser la destrucción de la plaza, el patrimonio del pueblo; volteo hacia presidencia municipal y su cúpula blanca me hace sentir más indefenso que nunca.
Alejandro Velazco
(El día 27 de julio de 2010 en la cabecera municipal de El Salto, Jalisco, inició sin aviso previo la “remodelación” de la plaza Benito Juárez, construida por los habitantes, con el pretexto de modernizar el municipio, fueron derribados decenas de árboles pasando por alto la normativa estatal de la SEMADES y sin ofrecer datos de cuántos árboles fueron derribados y el motivo por el cuál se hacía; pobladores que hicieron un campamento en el lugar fueron golpeados por policías municipales para que se continuarán los trabajos)
Hoy como todas las tardes me encuentro sentado en la plaza, en una banca bajo estos frondosos árboles que me brindan su apacible sombra cubriéndome así de los inclementes rayos del sol que queman mi piel, las aves cantan en los nidos que elaboran tan graciosamente en las ramas y hay un ambiente de paz y tranquilidad.
Así es mi vida, pasando el resto del día saludando a los vecinos, con aquellos que crecí pescando en el río, sembrando maíz en el campo, nadando en la presa; hoy ya no, ya no hay fuerzas, ni río, ni campo, ni presa.
Este día todo se einició tan apacible como siempre, pero algo extraño sucede de repente, el trinar de los pájaros cesa y el sonido del viento se opaca por un estruendo ensordecedor, la tierra debajo de mis pies comienza a abrirse, el temor invade mi cuerpo y mi mente, me levanto por el susto de mi apacible asiento.
Un grupo de hombres con chalecos color naranja y cascos de minero abren con taladros el piso de la plaza, no comprendo lo que sucede. De pronto los grandes árboles comienzan a caer, derribados por sierras eléctricas que manejan esos hombres que parecen sacados de alguna película de las que mi nieto me contaba, cuando vivía.
Instintivamente corro, sin saber cómo, llego hasta el banco en que siempre suelo pasar las tardes debajo de mi árbol favorito, aquel que planté hace 75 años cuando construimos esta plaza los de la comunidad, me interpongo entre el aparato eléctrico y él para impedir que lo mutilen, el hombre de casco continúa como si no le importase partirme en dos con tal de matar al ser vivo que defiendo, de pronto siento un jalón violento detrás, sosteniéndome de los hombros está el hombre vestido de negro, ahora veo que es un policía, me avienta al suelo gritando.
Quítese viejo, no se oponga a la modernización.
Aturdido no comprendo nada, el policía replica.
Son órdenes de El Señor Acalde, aléjese y evítenos problemas.
Me incorporo con toda la fuerza de mi voluntad pero no puedo impedir sentir la debilidad, una lágrima sale de mis ojos al voltear a mi alrededor, jóvenes y ancianos son golpeados por tratar de impedir lo que parece ser la destrucción de la plaza, el patrimonio del pueblo; volteo hacia presidencia municipal y su cúpula blanca me hace sentir más indefenso que nunca.
Alejandro Velazco
(El día 27 de julio de 2010 en la cabecera municipal de El Salto, Jalisco, inició sin aviso previo la “remodelación” de la plaza Benito Juárez, construida por los habitantes, con el pretexto de modernizar el municipio, fueron derribados decenas de árboles pasando por alto la normativa estatal de la SEMADES y sin ofrecer datos de cuántos árboles fueron derribados y el motivo por el cuál se hacía; pobladores que hicieron un campamento en el lugar fueron golpeados por policías municipales para que se continuarán los trabajos)
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Completa el cuento.
Estoy en el puerto esperando la llegada de la embarcación que me llevará a mi nuevo destino, el cambio de vida, ese cambio que tanto estuve añorando durante los años de servicio fiel al sistema que hoy abandono.
Por fin llega, se aproxima, ese resplandor que ciega y que ilumina los callejones a mis espaldas, en los cuales los gatos se deleitan con el manjar de pescados abandonados por las amas de casa del puerto.
Buen viaje, me desean mis pocos amigos, ningún gesto de añoranza futura, ni una lagrima, palabras vacías de suerte y deseo de que jamás me vuelvan a ver por estos parajes. Gracias, en realidad no extrañaré esta ciudad llena de salvajismos.
Subo al bote, saludo al que será mi capitán por los siguientes 3 días, llevo mis pertenencias en una maleta de tamaño considerable, el 80% de ellas son libros, y en mi mano cargo La Odisea que me acompañará cuando la conversación con el navegante no de para más, y sienta la leve tranquilidad de quedarnos en silencio.
-todo es muy diferente por aquellos rumbos
-lo se, por eso me voy
-no esté tan seguro de saber lo que sabe
-la seguridad es algo que no me acompaña muy seguido
-el cambio será drástico, pero en fin, yo qué me meto
-lo sé
Siento el viento en mi cabello, la brisa del mar golpeando (si es que se puede usar esa palabra para la caricia que es la brisa) mi rostro, el sol en mi piel y la satisfacción de abandonar mi vida, si es que en verdad tuve alguna un día…
-la vida siempre da muchas cambios, ¿no lo cree?
-los cambios siempre dan mucha vida
-encuentro poco razonable su decisión de partir a ese lugar
-encuentro muy poco razonable el quedarme, los días son interminables, pasan tan rápido que parece que nunca pasan, interminables, nunca comienzan jamás terminan.
-algo similar en la vida sobre el mar
-la diferencia es que aquí son interminables por que los disfrutas, allá lo son por que los sufres
-razones por las cuales partir amigo mío
-las únicas y las reales
Por fin llega, se aproxima, ese resplandor que ciega y que ilumina los callejones a mis espaldas, en los cuales los gatos se deleitan con el manjar de pescados abandonados por las amas de casa del puerto.
Buen viaje, me desean mis pocos amigos, ningún gesto de añoranza futura, ni una lagrima, palabras vacías de suerte y deseo de que jamás me vuelvan a ver por estos parajes. Gracias, en realidad no extrañaré esta ciudad llena de salvajismos.
Subo al bote, saludo al que será mi capitán por los siguientes 3 días, llevo mis pertenencias en una maleta de tamaño considerable, el 80% de ellas son libros, y en mi mano cargo La Odisea que me acompañará cuando la conversación con el navegante no de para más, y sienta la leve tranquilidad de quedarnos en silencio.
-todo es muy diferente por aquellos rumbos
-lo se, por eso me voy
-no esté tan seguro de saber lo que sabe
-la seguridad es algo que no me acompaña muy seguido
-el cambio será drástico, pero en fin, yo qué me meto
-lo sé
Siento el viento en mi cabello, la brisa del mar golpeando (si es que se puede usar esa palabra para la caricia que es la brisa) mi rostro, el sol en mi piel y la satisfacción de abandonar mi vida, si es que en verdad tuve alguna un día…
-la vida siempre da muchas cambios, ¿no lo cree?
-los cambios siempre dan mucha vida
-encuentro poco razonable su decisión de partir a ese lugar
-encuentro muy poco razonable el quedarme, los días son interminables, pasan tan rápido que parece que nunca pasan, interminables, nunca comienzan jamás terminan.
-algo similar en la vida sobre el mar
-la diferencia es que aquí son interminables por que los disfrutas, allá lo son por que los sufres
-razones por las cuales partir amigo mío
-las únicas y las reales
martes, 7 de septiembre de 2010
Nota Roja
Un reportero, por orgullo propio, odia a su corrector. Un corrector, por placer mundano, disfruta las fallas del reportero.
Omar García mostró su potencial desde que, tras regresar de una década de viaje por el sur de Chiapas, ingresó al Anulista, el único diario de corte anarquista con suficiente credibilidad en la competida plaza periodística de Guadalajara. Idealista sin llegar a ingenuo, arrojado sin llegar a imprudente, sorprendió a los editores con sus reportajes frescos, bien hilados y contrastados hasta el más mínimo detalle, tal y como aprendió en la facultad de Comunicación Pública de la Universidad de Guadalajara.
Era imposible no reconocerlo en medio de toda manifestación social, con su enorme cámara al hombro, su vieja gorra del CUCSH y sus 100 kilos de peso corriendo de un lado para otro. Sus ojos oscuros, bien enmarcados por ojeras indelebles, detectaban fácilmente detalles que los demás solían pasar por alto.
Una tarde de sábado, mientras bebía café azucarado y finalizaba su crónica sobre la última represión gubernamental, fue sorprendido por la gran sonrisa que pocas veces ofrecía Marinela Hernández, la directora general.
- Joven García, tengo el gusto de presentarle a José Toral, el nuevo corrector de su sección -dijo la mujer con su clásico tono formal.
- Omar García, un placer - murmuró distraídamente mientras alargaba su mano para saludar al nuevo compañero.
Enfundado en un traje negro, de complexión delgada, estatura media, con una prominente calva que contrastaba con el bigote grueso y rojo plantado en medio de su rostro, el corrector se apresuró a contestar:
- Igualmente. Más lleva acento.
Antes de que García pudiera reaccionar, José Toral continuó, apuntado a la hoja que se encontraba sobre el escritorio:
- Cuando se usa como adverbio comparativo que denota superioridad, "más" lleva tilde, a diferencia de la conjunción átona de sentido adversativo "mas".
- Como podrá ver -intervino Marinela dirigiéndose al periodista- el señor Toral está listo para comenzar a trabajar.
- Ya lo noté. Señor José Toral, agradezco su atención pero sé perfectamente cómo se utilizan los acentos. Ahora, si me permiten, debo terminar esta crónica.
La directora y el corrector se retiraron y prosiguieron con las presentaciones formales.
Cuando Omar García puso punto final a su trabajo, lo imprimió para llevarlo personalmente a Toral. Normalmente debería enviarlo por correo electrónico, pero quería ver la reacción del corrector cuando no tuviera nada qué corregir, pues había sido cuidadoso con los acentos. La oficina del nuevo estaba vacía, pero tomó asiento para esperar. Sobre el escritorio, junto a una escultura de lo que parecía ser una tortuga, se encontraban unas enormes tijeras de níquel plateado de cuarenta y cinco centímetros de longitud.
- Llevo diez años trabajando con ellas - exclamó Toral al entrar en la habitación y sorprender a García con la mirada perdida en el instrumento-. Me gusta trabajar con el viejo método. Esto es para mí, ¿no es así? El texto que escribía cuando nos presentaron.
- Así es, pero no se tome la molestia, ya hice el trabajo por usted.
- Entonces así será.
Apenas salió García, Toral comenzó a leer el texto. Las tijeras produjeron un agudo y raspante sonido al tiempo que cortaban de un sólo golpe todo un párrafo. Tomó un lápiz y corrigió varias frases redundantes, tachó los calificativos sensibleros y garabateó un nuevo y sarcástico titular.
El rostro de Omar García palideció al leer en el periódico recién impreso, aún con la tinta húmeda, su desgarrada prosa. Salió disparado a donde Toral, quien sonreía justamente al ver el resultado de su trabajo.
- ¡Desgraciado carnicero! -gritó García.
- ¡Poetizo de medio pelo! -contestó José Toral, alzando las tijeras amenazadoramente.
- ¿Poetizo? ¡Vete al infierno maldito periodista frustrado!
Si el editor de noticias y el jefe de información no los hubieran detenido, aquello hubiera terminado en algo más que gritos.
La directora Marinela creyó que podría sacar buen partido del enfrentamiento. Comenzó a picarle la cresta a Omar García para que realizara su trabajo cada vez mejor y a José Toral lo incitó a ser aún más escrupuloso. García pasaba horas refinando las metáforas, repasando frases en voz alta para evitar cacofonías, revisando la coherencia de todo el texto. Toral acudía a inmensos diccionarios y consultas en bases de datos especializadas en lingüística, a fin de localizar toda inconsistencia de sintaxis.
Tras varias semanas de tensas relaciones, gritos y un archivo de varios meses de trabajo misteriosamente desaparecido del cubículo de Omar García, el reportero pidió un par de días de vacaciones.
Al día siguiente, mientras Toral tomaba tranquilamente su desayuno en el comedor principal, rodeado por una veintena de compañeros de trabajo, se hizo presente García.
- ¡A ver si puedes cortar esto!- exclamó provocadoramente al tiempo que ponía sobre la mesa un manuscrito pequeño y las tijeras del corrector.
José Toral aceptó el reto con ojos centelleantes y una gran sonrisa; comenzó a tijeretear en el aire mientras desdoblaba el papel, dispuesto a eliminar hasta el error más mínimo.
Pero cuando Toral leyó lo que había escrito, perdió su sonrisa y volteó rápidamente hacia García, quien sacó un revólver y le disparó a bocajarro en el abdomen. Animado por un deseo de venganza, Toral empuñó las tijeras y las clavó de una sola estocada en el centro del pecho del reportero, cayendo los dos contrincantes muertos, en medio de la sala.
Arrugado en la mano de Toral, estaba el papel que decía lacónicamente:
"José Toral, 33 años, corrector del Anulista, fue muerto a tiros a las 10.30 de la mañana en el comedor del periódico por el reportero Omar García, de 31 años, quien, a su vez, fue muerto por el corrector por arma blanca."
La breve historia, que sólo necesitó un titular, redactado por la directora del diario, se publicó en la sección policíaca sin cambiar una sola palabra.
Omar García mostró su potencial desde que, tras regresar de una década de viaje por el sur de Chiapas, ingresó al Anulista, el único diario de corte anarquista con suficiente credibilidad en la competida plaza periodística de Guadalajara. Idealista sin llegar a ingenuo, arrojado sin llegar a imprudente, sorprendió a los editores con sus reportajes frescos, bien hilados y contrastados hasta el más mínimo detalle, tal y como aprendió en la facultad de Comunicación Pública de la Universidad de Guadalajara.
Era imposible no reconocerlo en medio de toda manifestación social, con su enorme cámara al hombro, su vieja gorra del CUCSH y sus 100 kilos de peso corriendo de un lado para otro. Sus ojos oscuros, bien enmarcados por ojeras indelebles, detectaban fácilmente detalles que los demás solían pasar por alto.
Una tarde de sábado, mientras bebía café azucarado y finalizaba su crónica sobre la última represión gubernamental, fue sorprendido por la gran sonrisa que pocas veces ofrecía Marinela Hernández, la directora general.
- Joven García, tengo el gusto de presentarle a José Toral, el nuevo corrector de su sección -dijo la mujer con su clásico tono formal.
- Omar García, un placer - murmuró distraídamente mientras alargaba su mano para saludar al nuevo compañero.
Enfundado en un traje negro, de complexión delgada, estatura media, con una prominente calva que contrastaba con el bigote grueso y rojo plantado en medio de su rostro, el corrector se apresuró a contestar:
- Igualmente. Más lleva acento.
Antes de que García pudiera reaccionar, José Toral continuó, apuntado a la hoja que se encontraba sobre el escritorio:
- Cuando se usa como adverbio comparativo que denota superioridad, "más" lleva tilde, a diferencia de la conjunción átona de sentido adversativo "mas".
- Como podrá ver -intervino Marinela dirigiéndose al periodista- el señor Toral está listo para comenzar a trabajar.
- Ya lo noté. Señor José Toral, agradezco su atención pero sé perfectamente cómo se utilizan los acentos. Ahora, si me permiten, debo terminar esta crónica.
La directora y el corrector se retiraron y prosiguieron con las presentaciones formales.
Cuando Omar García puso punto final a su trabajo, lo imprimió para llevarlo personalmente a Toral. Normalmente debería enviarlo por correo electrónico, pero quería ver la reacción del corrector cuando no tuviera nada qué corregir, pues había sido cuidadoso con los acentos. La oficina del nuevo estaba vacía, pero tomó asiento para esperar. Sobre el escritorio, junto a una escultura de lo que parecía ser una tortuga, se encontraban unas enormes tijeras de níquel plateado de cuarenta y cinco centímetros de longitud.
- Llevo diez años trabajando con ellas - exclamó Toral al entrar en la habitación y sorprender a García con la mirada perdida en el instrumento-. Me gusta trabajar con el viejo método. Esto es para mí, ¿no es así? El texto que escribía cuando nos presentaron.
- Así es, pero no se tome la molestia, ya hice el trabajo por usted.
- Entonces así será.
Apenas salió García, Toral comenzó a leer el texto. Las tijeras produjeron un agudo y raspante sonido al tiempo que cortaban de un sólo golpe todo un párrafo. Tomó un lápiz y corrigió varias frases redundantes, tachó los calificativos sensibleros y garabateó un nuevo y sarcástico titular.
El rostro de Omar García palideció al leer en el periódico recién impreso, aún con la tinta húmeda, su desgarrada prosa. Salió disparado a donde Toral, quien sonreía justamente al ver el resultado de su trabajo.
- ¡Desgraciado carnicero! -gritó García.
- ¡Poetizo de medio pelo! -contestó José Toral, alzando las tijeras amenazadoramente.
- ¿Poetizo? ¡Vete al infierno maldito periodista frustrado!
Si el editor de noticias y el jefe de información no los hubieran detenido, aquello hubiera terminado en algo más que gritos.
La directora Marinela creyó que podría sacar buen partido del enfrentamiento. Comenzó a picarle la cresta a Omar García para que realizara su trabajo cada vez mejor y a José Toral lo incitó a ser aún más escrupuloso. García pasaba horas refinando las metáforas, repasando frases en voz alta para evitar cacofonías, revisando la coherencia de todo el texto. Toral acudía a inmensos diccionarios y consultas en bases de datos especializadas en lingüística, a fin de localizar toda inconsistencia de sintaxis.
Tras varias semanas de tensas relaciones, gritos y un archivo de varios meses de trabajo misteriosamente desaparecido del cubículo de Omar García, el reportero pidió un par de días de vacaciones.
Al día siguiente, mientras Toral tomaba tranquilamente su desayuno en el comedor principal, rodeado por una veintena de compañeros de trabajo, se hizo presente García.
- ¡A ver si puedes cortar esto!- exclamó provocadoramente al tiempo que ponía sobre la mesa un manuscrito pequeño y las tijeras del corrector.
José Toral aceptó el reto con ojos centelleantes y una gran sonrisa; comenzó a tijeretear en el aire mientras desdoblaba el papel, dispuesto a eliminar hasta el error más mínimo.
Pero cuando Toral leyó lo que había escrito, perdió su sonrisa y volteó rápidamente hacia García, quien sacó un revólver y le disparó a bocajarro en el abdomen. Animado por un deseo de venganza, Toral empuñó las tijeras y las clavó de una sola estocada en el centro del pecho del reportero, cayendo los dos contrincantes muertos, en medio de la sala.
Arrugado en la mano de Toral, estaba el papel que decía lacónicamente:
"José Toral, 33 años, corrector del Anulista, fue muerto a tiros a las 10.30 de la mañana en el comedor del periódico por el reportero Omar García, de 31 años, quien, a su vez, fue muerto por el corrector por arma blanca."
La breve historia, que sólo necesitó un titular, redactado por la directora del diario, se publicó en la sección policíaca sin cambiar una sola palabra.
jueves, 5 de agosto de 2010
El Zanate
El Zanate
Para mi amigo José R. Toral.
Me constituí en ave. Los sonidos viajan varios metros, se trata de un grito que hacen con sus gargantas, unos lo emiten primero, después otros responden, y así hasta que no se sabe cómo inició aquel barullo; así, gritando, cantando y gorgojeando, dan pequeños saltitos con los que recorren todo el parque en busca de alimento, picoteando la tierra para sacar lombrices o insectos que sirvan de manjar.
Muchas veces hay disputas entre ellos, agitan sus alas y vuelan dirigiéndose hacia su virtual enemigo para amedrentar, la respuesta se da del mismo modo, hasta que alguno escapa vencido ante la fuerza del otro, sube a un árbol y, a veces, inicia una búsqueda de insectos en el tronco, no siendo carpintero desiste y baja de nuevo, pero a otro territorio.
Algunos no se buscan problemas y mejor se ponen a jugar, ¿cómo lo hacen?, no lo sé, los juegos muchas veces se parecen mucho a las riñas; así pasan sus días, buscando de comer, volando de un árbol a otro, de un parque a otro, por entre los edificios de la Gran Ciudad, parándose en los cables de electricidad para observar con esos ojos enormes, negros, que se pierden entre sus plumas, y que dan un brillo rojo.
Qué fácil sería ser un pájaro, dirían algunos; pero yo no lo creo así y por una(s) sencilla(s) razón(es): evolución, selección natural y esas cosas.
•••••••••••••
Me encuentro en éste momento viendo un par de hermosos ejemplares de un ave negra cuyo plumaje brilla para darle un tono azulado, sus pequeñas patas de dinosaurio les llevan de un lado a otro.
El Zanate se infla, aparenta engordar momentáneamente, esponja sus plumas y grita, grita como nunca en su vida había gritado, hace giros con su cuerpo, una danza que no se llama danza y se dirige hacia su destino: La Reproducción.
Es ignorado, una y otra vez, debe esforzarse: hablar de sus intereses, de lo que le gusta y lo que tienen en común, lo bonita que Ella le parece, que sus ojos son hermosos, invitarla a salir, comprarle un helado, ir al cine, ayudarle incondicionalmente, claro, todo eso expresarlo con movimiento de alas y cánticos guturales, y con algunas modificaciones.
Mas Ella se retira otra vez, pero ahora no del todo, cada vez deja una brecha más corta entre su pretendiente y el punto al que Ella va; más y más recortada esa línea, comienza a ceder, El Zanate comienza a sentirse más motivado, sea por el instinto de conservación o porque de verdad la ha convencido con su elocuencia, El Zanate se encuentra feliz, y así lo demuestra.
Ella mueve sus alas indicando algo y deja, después de 2 horas de baile, que se acerque, se encuentran el uno al otro, el momento tan esperado para ambos y tan importante para toda la especie, ahora a sortear los obstáculos futuros. Criar a los pequeños, cuidarlos, alimentarlos y hacerlos aves de bien.
Absorto en las ideas que me da en ese momento la película que acabo de presenciar despierto y veo a mi alrededor historias similares, otras aves, otros Zanates, otros nidos, otros hijos, otros árboles, y un gato buscando presas.
Si el humano tuviera plumas, si tuviera alas y pudiese volar, si solo tuviera que cantar y danzar para encontrar el amor, ¿serían las cosas más fáciles?, yo nunca lo sabré, alguien más que lo indague.
Al final de participar de ésta trama concluí que nuestra inteligencia tiene algo de instinto, y su instinto algo de inteligencia.
Alejandro Velazco
Para mi amigo José R. Toral.
Me constituí en ave. Los sonidos viajan varios metros, se trata de un grito que hacen con sus gargantas, unos lo emiten primero, después otros responden, y así hasta que no se sabe cómo inició aquel barullo; así, gritando, cantando y gorgojeando, dan pequeños saltitos con los que recorren todo el parque en busca de alimento, picoteando la tierra para sacar lombrices o insectos que sirvan de manjar.
Muchas veces hay disputas entre ellos, agitan sus alas y vuelan dirigiéndose hacia su virtual enemigo para amedrentar, la respuesta se da del mismo modo, hasta que alguno escapa vencido ante la fuerza del otro, sube a un árbol y, a veces, inicia una búsqueda de insectos en el tronco, no siendo carpintero desiste y baja de nuevo, pero a otro territorio.
Algunos no se buscan problemas y mejor se ponen a jugar, ¿cómo lo hacen?, no lo sé, los juegos muchas veces se parecen mucho a las riñas; así pasan sus días, buscando de comer, volando de un árbol a otro, de un parque a otro, por entre los edificios de la Gran Ciudad, parándose en los cables de electricidad para observar con esos ojos enormes, negros, que se pierden entre sus plumas, y que dan un brillo rojo.
Qué fácil sería ser un pájaro, dirían algunos; pero yo no lo creo así y por una(s) sencilla(s) razón(es): evolución, selección natural y esas cosas.
•••••••••••••
Me encuentro en éste momento viendo un par de hermosos ejemplares de un ave negra cuyo plumaje brilla para darle un tono azulado, sus pequeñas patas de dinosaurio les llevan de un lado a otro.
El Zanate se infla, aparenta engordar momentáneamente, esponja sus plumas y grita, grita como nunca en su vida había gritado, hace giros con su cuerpo, una danza que no se llama danza y se dirige hacia su destino: La Reproducción.
Es ignorado, una y otra vez, debe esforzarse: hablar de sus intereses, de lo que le gusta y lo que tienen en común, lo bonita que Ella le parece, que sus ojos son hermosos, invitarla a salir, comprarle un helado, ir al cine, ayudarle incondicionalmente, claro, todo eso expresarlo con movimiento de alas y cánticos guturales, y con algunas modificaciones.
Mas Ella se retira otra vez, pero ahora no del todo, cada vez deja una brecha más corta entre su pretendiente y el punto al que Ella va; más y más recortada esa línea, comienza a ceder, El Zanate comienza a sentirse más motivado, sea por el instinto de conservación o porque de verdad la ha convencido con su elocuencia, El Zanate se encuentra feliz, y así lo demuestra.
Ella mueve sus alas indicando algo y deja, después de 2 horas de baile, que se acerque, se encuentran el uno al otro, el momento tan esperado para ambos y tan importante para toda la especie, ahora a sortear los obstáculos futuros. Criar a los pequeños, cuidarlos, alimentarlos y hacerlos aves de bien.
Absorto en las ideas que me da en ese momento la película que acabo de presenciar despierto y veo a mi alrededor historias similares, otras aves, otros Zanates, otros nidos, otros hijos, otros árboles, y un gato buscando presas.
Si el humano tuviera plumas, si tuviera alas y pudiese volar, si solo tuviera que cantar y danzar para encontrar el amor, ¿serían las cosas más fáciles?, yo nunca lo sabré, alguien más que lo indague.
Al final de participar de ésta trama concluí que nuestra inteligencia tiene algo de instinto, y su instinto algo de inteligencia.
Alejandro Velazco
miércoles, 4 de agosto de 2010
viernes, 16 de julio de 2010
Recomendación: ”El Tambor de Hojalata”.
"El Tambor de Hojalata" de: Günter Grass.
¿Contra quién?, qué sé yo: pieles rojas, cerezas, sangre de la nariz; contra la cresta de los gallos, o los glóbulos rojos a punto de concentración, hasta que un rojo acaparador de la vista entera se convertía en fondo de una pasión que, entonces como hoy, es tan compresible como imposible de definir, porque con la palabreja rojo nada se ha dicho todavía, y la sangre de la nariz no lo define, y el paño de la bandera cambia de color.
Y si a pesar de todo sólo digo rojo, el rojo no me quiere, vuelve su manto del réves: negro, viene la Bruja Negra, el amarillo me asusta, azul me engaña, azul no lo creo, no me miente, no me hace verde: verde es el ataúd en el que me apaciento, verde me cubre, verde soy yo y, si sol verde, blanco: el blanco me hace negro, el negro me asusta amarillo, el amarillo me engaña azul, el azul no lo quiero verde, el verde florece en rojo.
Fragmento pág. 175.
Si todos lo que no han leído este libro, tienen la oportunidad de buscarlo, pedirlo, comprarlo, ultrajarlo, o simplemente lo encuentran, léanlo.
Después de todo, perfectamente sé que un buen alguien me diría que mi fascinación por esta obra es un trauma similar a lo que me pasó con los (valientes, lo digo yo) ”Tres mosqueteros”, o con la (impresionante, lo pienso también yo) ”Guerra de las galaxias”, pero no, cuando fantasías ajenas te causan una fuerte impresión, a veces indeleble, siempre es diferente.
¿Contra quién?, qué sé yo: pieles rojas, cerezas, sangre de la nariz; contra la cresta de los gallos, o los glóbulos rojos a punto de concentración, hasta que un rojo acaparador de la vista entera se convertía en fondo de una pasión que, entonces como hoy, es tan compresible como imposible de definir, porque con la palabreja rojo nada se ha dicho todavía, y la sangre de la nariz no lo define, y el paño de la bandera cambia de color.
Y si a pesar de todo sólo digo rojo, el rojo no me quiere, vuelve su manto del réves: negro, viene la Bruja Negra, el amarillo me asusta, azul me engaña, azul no lo creo, no me miente, no me hace verde: verde es el ataúd en el que me apaciento, verde me cubre, verde soy yo y, si sol verde, blanco: el blanco me hace negro, el negro me asusta amarillo, el amarillo me engaña azul, el azul no lo quiero verde, el verde florece en rojo.
Fragmento pág. 175.
Si todos lo que no han leído este libro, tienen la oportunidad de buscarlo, pedirlo, comprarlo, ultrajarlo, o simplemente lo encuentran, léanlo.
Después de todo, perfectamente sé que un buen alguien me diría que mi fascinación por esta obra es un trauma similar a lo que me pasó con los (valientes, lo digo yo) ”Tres mosqueteros”, o con la (impresionante, lo pienso también yo) ”Guerra de las galaxias”, pero no, cuando fantasías ajenas te causan una fuerte impresión, a veces indeleble, siempre es diferente.
jueves, 15 de julio de 2010
San José del Pacífico
La altitud de las montañas.
Toca el suelo con sus pies desnudos, baja lentamente de la camioneta que lo llevó hasta ese lugar pues tiene un mareo solo explicado por la falta de costumbre de estar en altitudes elevadas, da las gracias al chofer, toma su morral de viaje y mira a su alrededor.
La niebla que cubre la superficie del suelo hace que las puntas de sus dedos sientan frío y que se sienta tal como si estuviera pisando algodón recolectado y esparcido en pilas por toda la tierra a su alrededor. Tras cinco minutos en la misma posición dejó de sentir los pies, entumecimiento a causa de lo helado del piso, entonces se decide, empieza a caminar.
Camina, o en realidad flota, sobre las nubes esparcidas, se dirige a un café, lo primero y más cercano que ve, bebe un té de limón; mira al interior del local, un sin fin de imágenes, esculturas, figuras de barro, arcilla, cerámica y tela: "la zona de los alucinógenos", le dicen al observar su estupor por verse rodeado de tan variadas representaciones de hongo.
Hace un saludo a una pareja sentada en sillas de madera, en silencio, fuera del café, éstos le responden calurosamente, y comienza a flotar en dirección del cerro; hay un camino que sube, todavía se puede subir más.
Viajando en dirección al cielo encuentra a su paso casas de madera pintadas con diversos colores, guajolotes destinados a la comida del día, niños jugando con la desnudez pura de su edad, mujeres lavando en el pilón comunitario, la iglesia con una explanada que da una vista panorámica de la región, es entonces que se da cuenta que ha subido más de lo que había pensado, caminar con el frío estimulante es, para él, mil veces más entretenido que soportar el sofocante calor, dado lo cual siguió su paso flotante.
El mareo se le va quitando a cada nueva ráfaga de viento que le llega a su rostro; tras una hora comienza a sentir un ligero cansancio en sus pies, un poco maltratados ya por la inobservable superficie que pisaban; recostose bajo un árbol a la orilla del camino, viendo el cielo blanco, y las aves que pasaban por entre las ramas, pensando que nadie las vigilaba a esa altura.
Reconoce algunas cuantas de aquellas aves: cenzontles, gorriones, petirrojos, azulejos de gran tamaño, verdines, canarios, pero también observa muchas que nunca ha visto, algunas con la cola más larga que su cuerpo mostrando colores que iban del verde al azul, por un momento cree que es un quetzal, pero era imposible por su tamaño; otros ofrecen un pecho amarillo que se logra divisar a través de la neblina y unas largas alas negras que les alzaban al vuelo; todos emiten sus sonidos sin recato, juntos forman una hermosa melodía mezclándose con las percusiones del viento golpeando la copa de los árboles y la rítmica casi imperceptible de los roedores que atraviesan el campo corriendo con sus patitas recortadas; disfruta de aquel melódico conjunto de ruidos, recostado aun sobre la hierba.
No sabe cuánto tiempo lleva en aquel sitio pero cree que es momento de continuar caminando, se eleva nuevamente sobre las nubes, que se han hecho más espesas que antes, observa al horizonte y éste comienza a perderse; el camino deja de subir e inicia un descenso, es lo más alto del lugar, lo más alto que jamás ha estado, al menos lo cree así en ese instante.
“Es momento de bajar”, se dice en voz alta, como para que la naturaleza que le rodea le escuche y le siga, no vaya a ser que decida quedarse en ése alto lugar temiendo algún peligro.
Así comienza la bajada por el mismo camino, la niebla comienza a subir cada vez más, las aves se fueron a resguardar del frío pese a su petición, mas ahora son nubes bien formadas las que le acompañan camino abajo, las toca con los dedos de sus manos, las aspira, siente su aroma a agua condensada y ríe junto con ellas, ríe como una nube a la vez que camina entre ellas.
Sin darse cuenta se encuentra de nuevo en donde comenzó a subir, autos pasan esporádicamente por la carretera, esa carretera que conduce a la costa y que para ello debe pasar por la Sierra, en la que tiene que subir para después bajar, dicho camino llega al punto más alto de la cadena montañosa, que es en el que él se encuentra, de esto se entera sin haber necesitado de los datos que se lo confirmasen.
Camina por la orilla de la carretera antes de que las nubes tapen la vista a los conductores, encuentra una cabaña de la cual sale un aroma que le atrae, entra y saluda con cortesía, le ofrecen una taza de chocolate, café y algo de comida.
Feliz de ese encuentro sale a sentarse en un balcón que da al vacío montañoso, los árboles muestran sus troncos, más abajo otros muestran sus copas, ve algunos mapaches y varias ardillas que van pasando de un lado al otro; las nubes que hace unos momentos le hicieran compañía le ven y lentamente inician un ascenso que las acerque a él.
Es buen momento, toma una pluma, papel y comienza a escribir; mientras escribe recuerda cosas, dibuja mapas, piensa en el cariño y bebe su chocolate; el sabor de esa bebida explota en su paladar con ese dulzor tan especial que nunca había sentido y jamás olvidará, aspira el vapor que sale de su taza de cerámica cristalizada, el aroma invade todo su cuerpo, el ligero calor que necesitaba, su cuerpo se ilumina en medio de la densa blancura.
Termina su chocolate molido y es tiempo del café, dulce olor a canela mezclado con el de la humedad del entorno, bebe y continúa escribiendo, las aves más aventuradas y nada temerosas del frío y del viento, continúan volando y cantando a su alrededor, el horizonte ya no existe, ahora todo es blanco, solo alcanza a distinguir sus extremidades, su propio cuerpo, la hoja llena de letras y el humo que sale de su taza.
Siente el aire frío por todos los poros de su piel, las nubes quieren entrar a su cuerpo y por eso comienzan a rodearlo; se levanta, camina hacia el precipicio, encuentra una escalera que da al bosque, baja, se encuentra otra vez sintiendo la tierra, piedras y pasto en sus plantas y en medio de sus dedos, algunas hacen cosquillas o tocan puntos muy sensibles que le hacen estremecerse; camina por entre los árboles, no sabe si se ha alejado mucho de la cabaña, pero se detiene al ver una gran mata llena de flores azules, moradas y blancas que miran hacia abajo, con pétalos largos, semejando campanas que son sostenidas por ramas verdes, la planta es tan grande que se puede ver el interior de sus flores con solo mirar hacia arriba, decide recostarse para inspeccionarla, siente la tierra por todo su cuerpo.
Unos chapulines saltan, un colibrí se acerca esparciendo con sus alas la niebla, el ave extrae néctar de las flores que está observando; siente que algo camina por sus brazos, se trata de un escarabajo, de color azul platinado, brillante, lo observa fijamente, se levanta y lo coloca suavemente en su palma admirando esa coraza tan brillante.
En ese momento cierra los ojos, en todo el trayecto no lo había hecho, pero en ese momento algo le lleva a ello, todo se vuelve rojo, con algunas manchas naranjas, todo se mueve y hace un movimiento para sentarse.
Dura así un tiempo indefinido, disfrutando las tonalidades y formas que su mente combina con tan alta estética, siente estar en el cielo, a una altura superior de la que en realidad se encuentra, ahora todo es azul con plata, cascadas suben entre filas de nubes que encandilan, todo hace un círculo y se pierde, se deja caer, sigue recostado; es imposible describir todo lo que en ese momento observó, con los ojos dirigidos hacia su interior, un giro de 180 grados de sus órbitas oculares; de repente, sin saber por qué, abre los ojos.
Su sonrisa es completa e irradiaba felicidad; sin saber cómo, encuentra el camino hacia la cabaña en que están sus objetos, los toma; la blancura se espesa, como puede observar.
Sale de la cabaña, la carretera ha desaparecido y no se ven seres humanos en las calles, un burro cargado y amarrado se da un festín con pastura que tiene cerca.
Sube por la carretera hasta el café que le dio la bienvenida en primer instante, pide té de limón, espera pacientemente la camioneta que lo lleva de nuevo por donde llegó a este lugar, da una vuelta con sus ojos a su alrededor, todo en el interior del local es igual excepto por la pareja que se encontraba sentada afuera; escucha el sonido de la camioneta, la ve acercarse, sube.
Mientras piensa en lo hermoso de todo lo que vio, pide la hora, no ha pasado mucho tiempo; sentado, solo le quedará una duda, si toda esa belleza que experimento en el viaje fue real, si de verdad estuvo ahí junto a él, o solo era un efecto primario o secundario de aquel hongo que le dieron a probar una mujer y un hombre indígenas, con preciosos vestidos típicos, ella de gran tocado, él con sombrero, sentados en madera afuera del café al que llegan todos los caminantes a ese alto territorio de la Sierra Oaxaqueña…
Toca el suelo con sus pies desnudos, baja lentamente de la camioneta que lo llevó hasta ese lugar pues tiene un mareo solo explicado por la falta de costumbre de estar en altitudes elevadas, da las gracias al chofer, toma su morral de viaje y mira a su alrededor.
La niebla que cubre la superficie del suelo hace que las puntas de sus dedos sientan frío y que se sienta tal como si estuviera pisando algodón recolectado y esparcido en pilas por toda la tierra a su alrededor. Tras cinco minutos en la misma posición dejó de sentir los pies, entumecimiento a causa de lo helado del piso, entonces se decide, empieza a caminar.
Camina, o en realidad flota, sobre las nubes esparcidas, se dirige a un café, lo primero y más cercano que ve, bebe un té de limón; mira al interior del local, un sin fin de imágenes, esculturas, figuras de barro, arcilla, cerámica y tela: "la zona de los alucinógenos", le dicen al observar su estupor por verse rodeado de tan variadas representaciones de hongo.
Hace un saludo a una pareja sentada en sillas de madera, en silencio, fuera del café, éstos le responden calurosamente, y comienza a flotar en dirección del cerro; hay un camino que sube, todavía se puede subir más.
Viajando en dirección al cielo encuentra a su paso casas de madera pintadas con diversos colores, guajolotes destinados a la comida del día, niños jugando con la desnudez pura de su edad, mujeres lavando en el pilón comunitario, la iglesia con una explanada que da una vista panorámica de la región, es entonces que se da cuenta que ha subido más de lo que había pensado, caminar con el frío estimulante es, para él, mil veces más entretenido que soportar el sofocante calor, dado lo cual siguió su paso flotante.
El mareo se le va quitando a cada nueva ráfaga de viento que le llega a su rostro; tras una hora comienza a sentir un ligero cansancio en sus pies, un poco maltratados ya por la inobservable superficie que pisaban; recostose bajo un árbol a la orilla del camino, viendo el cielo blanco, y las aves que pasaban por entre las ramas, pensando que nadie las vigilaba a esa altura.
Reconoce algunas cuantas de aquellas aves: cenzontles, gorriones, petirrojos, azulejos de gran tamaño, verdines, canarios, pero también observa muchas que nunca ha visto, algunas con la cola más larga que su cuerpo mostrando colores que iban del verde al azul, por un momento cree que es un quetzal, pero era imposible por su tamaño; otros ofrecen un pecho amarillo que se logra divisar a través de la neblina y unas largas alas negras que les alzaban al vuelo; todos emiten sus sonidos sin recato, juntos forman una hermosa melodía mezclándose con las percusiones del viento golpeando la copa de los árboles y la rítmica casi imperceptible de los roedores que atraviesan el campo corriendo con sus patitas recortadas; disfruta de aquel melódico conjunto de ruidos, recostado aun sobre la hierba.
No sabe cuánto tiempo lleva en aquel sitio pero cree que es momento de continuar caminando, se eleva nuevamente sobre las nubes, que se han hecho más espesas que antes, observa al horizonte y éste comienza a perderse; el camino deja de subir e inicia un descenso, es lo más alto del lugar, lo más alto que jamás ha estado, al menos lo cree así en ese instante.
“Es momento de bajar”, se dice en voz alta, como para que la naturaleza que le rodea le escuche y le siga, no vaya a ser que decida quedarse en ése alto lugar temiendo algún peligro.
Así comienza la bajada por el mismo camino, la niebla comienza a subir cada vez más, las aves se fueron a resguardar del frío pese a su petición, mas ahora son nubes bien formadas las que le acompañan camino abajo, las toca con los dedos de sus manos, las aspira, siente su aroma a agua condensada y ríe junto con ellas, ríe como una nube a la vez que camina entre ellas.
Sin darse cuenta se encuentra de nuevo en donde comenzó a subir, autos pasan esporádicamente por la carretera, esa carretera que conduce a la costa y que para ello debe pasar por la Sierra, en la que tiene que subir para después bajar, dicho camino llega al punto más alto de la cadena montañosa, que es en el que él se encuentra, de esto se entera sin haber necesitado de los datos que se lo confirmasen.
Camina por la orilla de la carretera antes de que las nubes tapen la vista a los conductores, encuentra una cabaña de la cual sale un aroma que le atrae, entra y saluda con cortesía, le ofrecen una taza de chocolate, café y algo de comida.
Feliz de ese encuentro sale a sentarse en un balcón que da al vacío montañoso, los árboles muestran sus troncos, más abajo otros muestran sus copas, ve algunos mapaches y varias ardillas que van pasando de un lado al otro; las nubes que hace unos momentos le hicieran compañía le ven y lentamente inician un ascenso que las acerque a él.
Es buen momento, toma una pluma, papel y comienza a escribir; mientras escribe recuerda cosas, dibuja mapas, piensa en el cariño y bebe su chocolate; el sabor de esa bebida explota en su paladar con ese dulzor tan especial que nunca había sentido y jamás olvidará, aspira el vapor que sale de su taza de cerámica cristalizada, el aroma invade todo su cuerpo, el ligero calor que necesitaba, su cuerpo se ilumina en medio de la densa blancura.
Termina su chocolate molido y es tiempo del café, dulce olor a canela mezclado con el de la humedad del entorno, bebe y continúa escribiendo, las aves más aventuradas y nada temerosas del frío y del viento, continúan volando y cantando a su alrededor, el horizonte ya no existe, ahora todo es blanco, solo alcanza a distinguir sus extremidades, su propio cuerpo, la hoja llena de letras y el humo que sale de su taza.
Siente el aire frío por todos los poros de su piel, las nubes quieren entrar a su cuerpo y por eso comienzan a rodearlo; se levanta, camina hacia el precipicio, encuentra una escalera que da al bosque, baja, se encuentra otra vez sintiendo la tierra, piedras y pasto en sus plantas y en medio de sus dedos, algunas hacen cosquillas o tocan puntos muy sensibles que le hacen estremecerse; camina por entre los árboles, no sabe si se ha alejado mucho de la cabaña, pero se detiene al ver una gran mata llena de flores azules, moradas y blancas que miran hacia abajo, con pétalos largos, semejando campanas que son sostenidas por ramas verdes, la planta es tan grande que se puede ver el interior de sus flores con solo mirar hacia arriba, decide recostarse para inspeccionarla, siente la tierra por todo su cuerpo.
Unos chapulines saltan, un colibrí se acerca esparciendo con sus alas la niebla, el ave extrae néctar de las flores que está observando; siente que algo camina por sus brazos, se trata de un escarabajo, de color azul platinado, brillante, lo observa fijamente, se levanta y lo coloca suavemente en su palma admirando esa coraza tan brillante.
En ese momento cierra los ojos, en todo el trayecto no lo había hecho, pero en ese momento algo le lleva a ello, todo se vuelve rojo, con algunas manchas naranjas, todo se mueve y hace un movimiento para sentarse.
Dura así un tiempo indefinido, disfrutando las tonalidades y formas que su mente combina con tan alta estética, siente estar en el cielo, a una altura superior de la que en realidad se encuentra, ahora todo es azul con plata, cascadas suben entre filas de nubes que encandilan, todo hace un círculo y se pierde, se deja caer, sigue recostado; es imposible describir todo lo que en ese momento observó, con los ojos dirigidos hacia su interior, un giro de 180 grados de sus órbitas oculares; de repente, sin saber por qué, abre los ojos.
Su sonrisa es completa e irradiaba felicidad; sin saber cómo, encuentra el camino hacia la cabaña en que están sus objetos, los toma; la blancura se espesa, como puede observar.
Sale de la cabaña, la carretera ha desaparecido y no se ven seres humanos en las calles, un burro cargado y amarrado se da un festín con pastura que tiene cerca.
Sube por la carretera hasta el café que le dio la bienvenida en primer instante, pide té de limón, espera pacientemente la camioneta que lo lleva de nuevo por donde llegó a este lugar, da una vuelta con sus ojos a su alrededor, todo en el interior del local es igual excepto por la pareja que se encontraba sentada afuera; escucha el sonido de la camioneta, la ve acercarse, sube.
Mientras piensa en lo hermoso de todo lo que vio, pide la hora, no ha pasado mucho tiempo; sentado, solo le quedará una duda, si toda esa belleza que experimento en el viaje fue real, si de verdad estuvo ahí junto a él, o solo era un efecto primario o secundario de aquel hongo que le dieron a probar una mujer y un hombre indígenas, con preciosos vestidos típicos, ella de gran tocado, él con sombrero, sentados en madera afuera del café al que llegan todos los caminantes a ese alto territorio de la Sierra Oaxaqueña…
lunes, 28 de diciembre de 2009
El Rancho en llamas
El Rancho en Llamas
Alejandro Velazco
José Carlos Rodríguez
Érase una vez, en el viejo oeste mexicano, un pueblito pintoresco llamado Guadalajara. El sheriff del pueblo, mejor conocido como el apestoso Pit, tenía problemas para mantener el orden y la paz...
- ¡Demonios! ¿Y ahora qué haré con este lugar? - se preguntaba el apesto Pit en su comisaría- Johny, ven pa'ca.
Entonces llegó el ayudante de sheriff, un muchachillo bigotón, heredero de una de las familias más pudientes del pueblo.
- A la orden, jefecito.
- Qué vamos a hacer con este pueblo, la gente quiere soluciones para el suministro de agua, que las calles tengan bebederos para sus caballos, que se eviten los accidentes con las carretas, empleo y que se termine con la banda de foragidos quiere apoderarse de nuestro oro -dijo desesperadamente el apestoso Pit.
- ¡Todo menos el oro!
- Sí, el oro jamás permitiremos que se lo lleven. Por eso me compré una silla de montar de oro, se llama inversión, tienes mucho que aprender mi buen Johny.
- ¿Pero qué vamos a hacer para resolver los problemas?
- No me hagas preguntas tontas, te pregunté qué hacemos con la gente, no con los problemas.
- Las rosas son rojas, ¿las violetas azules?
- ¡Eres un inútil! Ya, vete, fuera de mi vista, jamás llegarás a ser un sheriff.
Así transcurrían los días en el pueblo de Guadalajara y los problemas seguían aquejando a los pobladores que cada vez se mosatraban más molestos con el apestoso Pit.
El sheriff sentía en su conciecia algo que no lo dejaba dormir tranquilo, así que un buen día a media noche decidió dirigirse con el cura del pueblo para que éste le diera apoyo espiritual.
- ¡Padre, padre!, necesito su ayuda.
- ¿Qué chingados quieres! ¿No ves que estoy jetón!
- Perdón padre pero es una urgencia.
- A ver pues, deja me pongo mi piyama, eso de dormir desnudo no es práctico cuando te despiertan a media noche.
- Está bien padre, acá lo espero.
El apestoso Pit se sentó en un equipal esperando al padre Emily, el líder moral y religioso de toda la comarca.
- Padre, padre, ya no sé qué hacer con este pueblo, todo el tiempo jorobando, ya ni saben de qué quejarse.
- Ni que lo digas señor Sheriff, a mí también me tienen igual, con sus peticiones y que dizque no hay comida y además todas esas cosas que hacen que van contra el santísimo cielo... ya me tienen hartos.
- Pero necesitamos hacer algo o este pueblo terminará por prendernos fuego y nos iremos al infierno.
- Mira, tengo aquí un pinche papelito que me dio el señor don Rico Mc Raña para construir el Santuario de los Pollos ya para que por lo menos estemos en buenas migas con el santísimo cielo y no nos vayamos directito a los infiernos.
- Pero si esto es muchísimo dinero.
- Pero te diré algo, a mí lo que unos poquitos dicen ¡me vale madre!, yo sé lo que se tiene que hacer en el pueblo.
- Pero padre, si el sheriff aquí soy yo.
- Pero no te hagas, aquí solo manda el de arriba y soy su enviado directísimo.
- Perdone serñor padre, no lo quise ofender. Pero a ver, cuénteme, qué hacemos para frenar el odio de la gente.
- Pues por eso, mira, este pinche papelito indica que el rico del pueblo tiene mucho dinero, tal vez puedas ir a hablar con él y a ver qué sale.
- Bien santo padre, seguiré sus consejos siempre tan llenos de la sabiduría popular.
El apestoso Pit acudió presuroso con el rico del pueblo a pedirle consejo. Poderoso caballero es don dinero.
- Pues mire sheriff – recomendó rico Mc. Raña, envuelto en su bata de terciopelo- la solución es muy fácil. No se preocupe por los pequeños problemas de la gente; si usted consigue hacer que el mundo ponga los ojos en usted y en este pueblo, Guadalajara, sus problemas estarán resueltos.
- Wow... ¿y cómo hago eso?
- Muy fácil. Usted deme el dinero de los impuestos y yo le conseguiré a usted los Juegos Ranchoamericanos para que usted, y Guadalajara, pasen a la fama mundial... no necesitará resolver los problemas, porque el pueblo estará en la vitrina internacional, el dinero regresará por montones en inversiones.
El apestoso sheriff Pit no cabía en sí de alegría. Realmente el plan del rico del pueblo parecía el mejor; con los Juegos Ranchoamericanos Guadalajara sería una ciudad de primer mundo, sería el centro del planeta, la capital global. No entendía muy bien lo que todo esto implicaba, pero sonaba genial.
Así fue como Rico Mac Raña consiguió que Guadalajara fuera la sede de los Juegos Ranchoamericanos y comenzaron efusivamente lo preparativos, grandes adecuaciones en el pueblo, remodelación de callejuelas, construcción del lienzo charro y el hostal ranchoamericano para dar cabida a los asistentes.
- Mira qué bonita se ve la maquetita -le comentó el apestoso Pit a su caballo Rocinancio al cual había delegado para la organización de tan magno evento.
- Claro, será todo un proyecto que nos llevará a la cumbre, ante los ojos de mundo.
- Te lo digo con toda claridad, esto será el mejor evento en la historia de Guadalajara.
Sin embargo los tapatíos seguían inconformes con la falta de soluciones por parte de la comisaría a sus problemas, y cuando se enteraron de las nuevas obras y la nueva empresa del sheriff y sus secuaces, comenzaron las protestas.
- ¡No queremos olimpiadas, queremos revolución!
Ante las constantes presiones, el cura del pueblo pensó hacer una crucifixión para calmar al pueblo, pero pensó que lo mejor sería actuar como gente civilizada:
- Sheriff Pit, de seguir esto así nuestro proyecto de los Juegos Ranchoamericanos se nos vendrá abajo. ¿Por qué mejor no sale de su puesto para que la gente se tranquilice?
- Pero señor cura, a usted le vale lo que digan unos poquitos.
- Pues claro, faltaba más, pero tenemos que ser cuidadosos. ¿Qué tal si dejamos a su ayudantecito ese a cargo de la comisaría y usted se viene conmigo al templo?
- ¿Al templo?
- Claro, será mi monaguillo, necesito alguien que me ayude con las labores pastorales.
- ¿A dar catecismo?
- ¡Nombre! A pasar con la cesta de la limosna.
Así, Johny pasó a ser el sheriff interino, mientras el apestoso Pit pasaba felizmente a hacerle los mandados al cura Emily. La gente estuvo tranquila por unos días, pensando que con Jonhy ahora sí resolverían los problemas que tanto los habían hecho sufrir. Sin embargo, el rico del pueblo encargó al caballo Rocinancio y a su ahora dueño, el sheriff interino, que siguieran los trabajos para los Juegos Ranchoamericanos.
Las manfestaciones continuaron, las demandas de los tapatíos para mejorar sus condiciones de vida se exacerbaban y la inseguridad, la escasez de agua y los problemas de alimentación cada vez se hacían más fuertes en el pueblo.
- Bien, ahora sí le demostraremos a todos que somos un pueblo moderno, con expectativas a futuro, crearemos una imagen de capital mundial de la charrería y sobre todo se darán cuenta que somos un pueblo de primer mundo- dijo el sheriff interino a su caballo Rocinancio una tarde en que estaban planeando la construcción del lienzo charro.
- Así es, esta gente debe comprender que el sacrificio valdrá la pena por todos los grandes beneficios que nos traerá este evento.
- Y si no lo comprenden pues ni modo, continuaremos con los trabajos, ¡vivan los Ranchoamericanos!
A la fecha los pobladores de Guadalajara siguen esperando las acciones de sus gobernantes para solucionar sus problemas y que comiencen a trabajar en favor de sus demandas; mientras tanto, este grupo de gobernantes continúa implementando grandes proyectos definidos dentro de su visión global de ser vistos por millones de personas, desarrollar intereses personales y ser colocados en la imagen del mundo, creyendo que así, solo así, se solucionarán todos los problemas.
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Personajes:
Alfonso Petersen como el apestoso Pit.
Juan Pablo De la Torre como Johny el sheriff interino.
Emilio González Márquez como el padre Emily.
Carlos Andrade Garín como el caballo Rocinancio.
Mario Vázquez Raña como el Rico Mc Raña.
Y el pueblo de Guadalajara, iñor.
Alejandro Velazco
José Carlos Rodríguez
Érase una vez, en el viejo oeste mexicano, un pueblito pintoresco llamado Guadalajara. El sheriff del pueblo, mejor conocido como el apestoso Pit, tenía problemas para mantener el orden y la paz...
- ¡Demonios! ¿Y ahora qué haré con este lugar? - se preguntaba el apesto Pit en su comisaría- Johny, ven pa'ca.
Entonces llegó el ayudante de sheriff, un muchachillo bigotón, heredero de una de las familias más pudientes del pueblo.
- A la orden, jefecito.
- Qué vamos a hacer con este pueblo, la gente quiere soluciones para el suministro de agua, que las calles tengan bebederos para sus caballos, que se eviten los accidentes con las carretas, empleo y que se termine con la banda de foragidos quiere apoderarse de nuestro oro -dijo desesperadamente el apestoso Pit.
- ¡Todo menos el oro!
- Sí, el oro jamás permitiremos que se lo lleven. Por eso me compré una silla de montar de oro, se llama inversión, tienes mucho que aprender mi buen Johny.
- ¿Pero qué vamos a hacer para resolver los problemas?
- No me hagas preguntas tontas, te pregunté qué hacemos con la gente, no con los problemas.
- Las rosas son rojas, ¿las violetas azules?
- ¡Eres un inútil! Ya, vete, fuera de mi vista, jamás llegarás a ser un sheriff.
Así transcurrían los días en el pueblo de Guadalajara y los problemas seguían aquejando a los pobladores que cada vez se mosatraban más molestos con el apestoso Pit.
El sheriff sentía en su conciecia algo que no lo dejaba dormir tranquilo, así que un buen día a media noche decidió dirigirse con el cura del pueblo para que éste le diera apoyo espiritual.
- ¡Padre, padre!, necesito su ayuda.
- ¿Qué chingados quieres! ¿No ves que estoy jetón!
- Perdón padre pero es una urgencia.
- A ver pues, deja me pongo mi piyama, eso de dormir desnudo no es práctico cuando te despiertan a media noche.
- Está bien padre, acá lo espero.
El apestoso Pit se sentó en un equipal esperando al padre Emily, el líder moral y religioso de toda la comarca.
- Padre, padre, ya no sé qué hacer con este pueblo, todo el tiempo jorobando, ya ni saben de qué quejarse.
- Ni que lo digas señor Sheriff, a mí también me tienen igual, con sus peticiones y que dizque no hay comida y además todas esas cosas que hacen que van contra el santísimo cielo... ya me tienen hartos.
- Pero necesitamos hacer algo o este pueblo terminará por prendernos fuego y nos iremos al infierno.
- Mira, tengo aquí un pinche papelito que me dio el señor don Rico Mc Raña para construir el Santuario de los Pollos ya para que por lo menos estemos en buenas migas con el santísimo cielo y no nos vayamos directito a los infiernos.
- Pero si esto es muchísimo dinero.
- Pero te diré algo, a mí lo que unos poquitos dicen ¡me vale madre!, yo sé lo que se tiene que hacer en el pueblo.
- Pero padre, si el sheriff aquí soy yo.
- Pero no te hagas, aquí solo manda el de arriba y soy su enviado directísimo.
- Perdone serñor padre, no lo quise ofender. Pero a ver, cuénteme, qué hacemos para frenar el odio de la gente.
- Pues por eso, mira, este pinche papelito indica que el rico del pueblo tiene mucho dinero, tal vez puedas ir a hablar con él y a ver qué sale.
- Bien santo padre, seguiré sus consejos siempre tan llenos de la sabiduría popular.
El apestoso Pit acudió presuroso con el rico del pueblo a pedirle consejo. Poderoso caballero es don dinero.
- Pues mire sheriff – recomendó rico Mc. Raña, envuelto en su bata de terciopelo- la solución es muy fácil. No se preocupe por los pequeños problemas de la gente; si usted consigue hacer que el mundo ponga los ojos en usted y en este pueblo, Guadalajara, sus problemas estarán resueltos.
- Wow... ¿y cómo hago eso?
- Muy fácil. Usted deme el dinero de los impuestos y yo le conseguiré a usted los Juegos Ranchoamericanos para que usted, y Guadalajara, pasen a la fama mundial... no necesitará resolver los problemas, porque el pueblo estará en la vitrina internacional, el dinero regresará por montones en inversiones.
El apestoso sheriff Pit no cabía en sí de alegría. Realmente el plan del rico del pueblo parecía el mejor; con los Juegos Ranchoamericanos Guadalajara sería una ciudad de primer mundo, sería el centro del planeta, la capital global. No entendía muy bien lo que todo esto implicaba, pero sonaba genial.
Así fue como Rico Mac Raña consiguió que Guadalajara fuera la sede de los Juegos Ranchoamericanos y comenzaron efusivamente lo preparativos, grandes adecuaciones en el pueblo, remodelación de callejuelas, construcción del lienzo charro y el hostal ranchoamericano para dar cabida a los asistentes.
- Mira qué bonita se ve la maquetita -le comentó el apestoso Pit a su caballo Rocinancio al cual había delegado para la organización de tan magno evento.
- Claro, será todo un proyecto que nos llevará a la cumbre, ante los ojos de mundo.
- Te lo digo con toda claridad, esto será el mejor evento en la historia de Guadalajara.
Sin embargo los tapatíos seguían inconformes con la falta de soluciones por parte de la comisaría a sus problemas, y cuando se enteraron de las nuevas obras y la nueva empresa del sheriff y sus secuaces, comenzaron las protestas.
- ¡No queremos olimpiadas, queremos revolución!
Ante las constantes presiones, el cura del pueblo pensó hacer una crucifixión para calmar al pueblo, pero pensó que lo mejor sería actuar como gente civilizada:
- Sheriff Pit, de seguir esto así nuestro proyecto de los Juegos Ranchoamericanos se nos vendrá abajo. ¿Por qué mejor no sale de su puesto para que la gente se tranquilice?
- Pero señor cura, a usted le vale lo que digan unos poquitos.
- Pues claro, faltaba más, pero tenemos que ser cuidadosos. ¿Qué tal si dejamos a su ayudantecito ese a cargo de la comisaría y usted se viene conmigo al templo?
- ¿Al templo?
- Claro, será mi monaguillo, necesito alguien que me ayude con las labores pastorales.
- ¿A dar catecismo?
- ¡Nombre! A pasar con la cesta de la limosna.
Así, Johny pasó a ser el sheriff interino, mientras el apestoso Pit pasaba felizmente a hacerle los mandados al cura Emily. La gente estuvo tranquila por unos días, pensando que con Jonhy ahora sí resolverían los problemas que tanto los habían hecho sufrir. Sin embargo, el rico del pueblo encargó al caballo Rocinancio y a su ahora dueño, el sheriff interino, que siguieran los trabajos para los Juegos Ranchoamericanos.
Las manfestaciones continuaron, las demandas de los tapatíos para mejorar sus condiciones de vida se exacerbaban y la inseguridad, la escasez de agua y los problemas de alimentación cada vez se hacían más fuertes en el pueblo.
- Bien, ahora sí le demostraremos a todos que somos un pueblo moderno, con expectativas a futuro, crearemos una imagen de capital mundial de la charrería y sobre todo se darán cuenta que somos un pueblo de primer mundo- dijo el sheriff interino a su caballo Rocinancio una tarde en que estaban planeando la construcción del lienzo charro.
- Así es, esta gente debe comprender que el sacrificio valdrá la pena por todos los grandes beneficios que nos traerá este evento.
- Y si no lo comprenden pues ni modo, continuaremos con los trabajos, ¡vivan los Ranchoamericanos!
A la fecha los pobladores de Guadalajara siguen esperando las acciones de sus gobernantes para solucionar sus problemas y que comiencen a trabajar en favor de sus demandas; mientras tanto, este grupo de gobernantes continúa implementando grandes proyectos definidos dentro de su visión global de ser vistos por millones de personas, desarrollar intereses personales y ser colocados en la imagen del mundo, creyendo que así, solo así, se solucionarán todos los problemas.
------
Personajes:
Alfonso Petersen como el apestoso Pit.
Juan Pablo De la Torre como Johny el sheriff interino.
Emilio González Márquez como el padre Emily.
Carlos Andrade Garín como el caballo Rocinancio.
Mario Vázquez Raña como el Rico Mc Raña.
Y el pueblo de Guadalajara, iñor.
domingo, 12 de julio de 2009
Hacia mañana será agosto...
Hoy... desperté más temprano de lo acostumbrado, tuve una pesadilla terrible y me ha paralizado, me ha espantado el deseo de seguir durmiendo, el deseo de descanso después de un día ¿agotado?, ser joven es agotador.
En ella estabas, con tu carita siempre tan blanca y tus atavíos… parecías una princesa, como siempre, la Diosa que encontré en un mar ajeno de mis posibles haberes, quién lo hubiera dicho.
De repente comenzaste a insultarme; a gritar incoherencias a decir cosas que jamás creí escuchar (sea como haya sido en sueños o en realidad), fue extraño, el primer sueño dormido en que estabas tú y de esa manera. Me llené de miedo pero no desperté, continué hasta el fin, como debe ser…
La pesadilla siguió, gritabas de una manera casi demoniaca que en momentos llegaba a sentir placer de verte así, pero tus palabras, tus palabras eran de resentimiento, hacia mí, odio que de seguro jamás estuvo en tu mente sino en la mía. Mi paranoia, mis miedos y mi autoestima que solamente se sostiene (aún) en ti, crearon diálogos ficticios (tan ficticios como un sueño) en los que me denigraba a mi mismo por el hecho de… Sabes, cuando desperté de ese martirio no pude ni llorar, solo pude respirar profundo, marcar el número de tu casa y… lo demás, el café de la mañana, el desayuno y el diario local, tomar mi bicicleta, el aeropuerto.
Te escribo, en un avión que marcha (vuela) hacia el sureste, lejos, recordando viejos tiempos:
La fiesta, hola, cómo te llamas, 13 años ¿y tú?, ¡a mí también me gustan!, increíble… La cita, que gusto de verte, a dónde quieres ir, ¿y cuánto tiempo lleva allá?, ¡auch!... El viaje, claro con gusto, amo ir para allá, ¿en serio?, cómo le fue en la operación, ¡Chapultepec!... La vida.
Ahora, frente a un malecón abandonado miro el sol caer sobre el océano, ahogándose en las aguas, perdiendo su fuego, cesando su brillo, muriendo lentamente como la bola de fuego que entra al agua y se apaga por leyes físicas causales; pero en realidad no sucede eso, solo es una visión, sabes, él solo desaparece por un instante de tiempo mientras va hacia otros lugares, a iluminar distintos horizontes para hacer despertar a otra gente mientras no le vemos. Mientras dormimos y soñamos, él siempre sigue allí aunque el mar lo haya apagado por hoy.
Y veo, llega el auto, vamos hacia el lugar, el primer llanto después de la pesadilla de la madrugada (increíble que aún sea hoy) cuando salió la noticia de labios de tu madre y sentí helado mi cuerpo, mi mente, mi espíritu; solo estando aquí podía llorar, llegando donde reposa el cuerpo, aún te ves hermosa, y yo, yo estoy tan solo, en la pesadilla, una pesadilla de la que despertaré algún día, pero que de igual manera no estarás tú, jamás, para ...
-Amor, calma, solo fue una pesadilla
En ella estabas, con tu carita siempre tan blanca y tus atavíos… parecías una princesa, como siempre, la Diosa que encontré en un mar ajeno de mis posibles haberes, quién lo hubiera dicho.
De repente comenzaste a insultarme; a gritar incoherencias a decir cosas que jamás creí escuchar (sea como haya sido en sueños o en realidad), fue extraño, el primer sueño dormido en que estabas tú y de esa manera. Me llené de miedo pero no desperté, continué hasta el fin, como debe ser…
La pesadilla siguió, gritabas de una manera casi demoniaca que en momentos llegaba a sentir placer de verte así, pero tus palabras, tus palabras eran de resentimiento, hacia mí, odio que de seguro jamás estuvo en tu mente sino en la mía. Mi paranoia, mis miedos y mi autoestima que solamente se sostiene (aún) en ti, crearon diálogos ficticios (tan ficticios como un sueño) en los que me denigraba a mi mismo por el hecho de… Sabes, cuando desperté de ese martirio no pude ni llorar, solo pude respirar profundo, marcar el número de tu casa y… lo demás, el café de la mañana, el desayuno y el diario local, tomar mi bicicleta, el aeropuerto.
Te escribo, en un avión que marcha (vuela) hacia el sureste, lejos, recordando viejos tiempos:
La fiesta, hola, cómo te llamas, 13 años ¿y tú?, ¡a mí también me gustan!, increíble… La cita, que gusto de verte, a dónde quieres ir, ¿y cuánto tiempo lleva allá?, ¡auch!... El viaje, claro con gusto, amo ir para allá, ¿en serio?, cómo le fue en la operación, ¡Chapultepec!... La vida.
Ahora, frente a un malecón abandonado miro el sol caer sobre el océano, ahogándose en las aguas, perdiendo su fuego, cesando su brillo, muriendo lentamente como la bola de fuego que entra al agua y se apaga por leyes físicas causales; pero en realidad no sucede eso, solo es una visión, sabes, él solo desaparece por un instante de tiempo mientras va hacia otros lugares, a iluminar distintos horizontes para hacer despertar a otra gente mientras no le vemos. Mientras dormimos y soñamos, él siempre sigue allí aunque el mar lo haya apagado por hoy.
Y veo, llega el auto, vamos hacia el lugar, el primer llanto después de la pesadilla de la madrugada (increíble que aún sea hoy) cuando salió la noticia de labios de tu madre y sentí helado mi cuerpo, mi mente, mi espíritu; solo estando aquí podía llorar, llegando donde reposa el cuerpo, aún te ves hermosa, y yo, yo estoy tan solo, en la pesadilla, una pesadilla de la que despertaré algún día, pero que de igual manera no estarás tú, jamás, para ...
-Amor, calma, solo fue una pesadilla
sábado, 10 de enero de 2009
Hoy no leo
A un lado de mi trabajo hay un parque.
Siempre que llego temprano, me acuesto en el pasto verde, junto a un hormiguero, y me pongo a leer. Deboro el libro mientras las hormigas pasan a mi lado con su interminable carga de hojitas, palitos y chinches.
Hoy llegué antes de mi hora de entrada.
Un ácido olor me ataca; en mis ojos sólo hay cadáveres. A lo largo del caminito que surcaba el jardín yacen todas las hormiguitas, muertas.
*
El sol me pega en la cara. Se escucha el pasar de los autos, el grito de los pájaros, el agua de la fuente.
Veo salir una hormiga del agujero. Debilmente rodea el cuerpo de una de sus compañeras y toma una minúscula florecilla blanca. La levanta trabajosamente, sus patas se tambalean -quizás es aquella que pasaba con un pedazo de hoja a cuestas, finamente recortada y de tamaño tres veces más grande que ella... o tal vez es la que cargaba una jacaranda marchita, o la que llevaba un escarabajo-. Lentamente entra al hormiguero y desaparece en la oscuridad.
La sombra de los árboles me pega en la cara. Se escucha el pasar de los autos, el grito de los pájaros, el agua de la fuente.
Hoy no quiero Leer.
Siempre que llego temprano, me acuesto en el pasto verde, junto a un hormiguero, y me pongo a leer. Deboro el libro mientras las hormigas pasan a mi lado con su interminable carga de hojitas, palitos y chinches.
Hoy llegué antes de mi hora de entrada.
Un ácido olor me ataca; en mis ojos sólo hay cadáveres. A lo largo del caminito que surcaba el jardín yacen todas las hormiguitas, muertas.
*
El sol me pega en la cara. Se escucha el pasar de los autos, el grito de los pájaros, el agua de la fuente.
Veo salir una hormiga del agujero. Debilmente rodea el cuerpo de una de sus compañeras y toma una minúscula florecilla blanca. La levanta trabajosamente, sus patas se tambalean -quizás es aquella que pasaba con un pedazo de hoja a cuestas, finamente recortada y de tamaño tres veces más grande que ella... o tal vez es la que cargaba una jacaranda marchita, o la que llevaba un escarabajo-. Lentamente entra al hormiguero y desaparece en la oscuridad.
La sombra de los árboles me pega en la cara. Se escucha el pasar de los autos, el grito de los pájaros, el agua de la fuente.
Hoy no quiero Leer.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Ahura Mazda
Tuve yo una mascota
Su nombre fue “Ahura Mazda”,
Recuerdo cómo me veía con su mirada animal
Y como se alegraba cada vez que le acercaba la comida a su bandeja
Ella siempre se acercaba cuando me veía con angustias que me embargaban
Y se regocijaba conmigo al observar mis alegrías.
Siempre en la soledad de mi departamento
Ella esperaba paciente la llegada de su amo.
Me quiso como a ninguna otra cosa en su mundo…
Desconozco si esto fue normal.
De vez en vez la sacaba a pasear por el vecindario
Dejaba que se peleara un rato con las demás bestias de los alrededores.
Creo que le hacia bien, no pasaba de unos moretones por aquí y unas mordidas por allá
Se divertía inmensidades
Le cuidé, le alimenté, le curé, le premié…
Pero un día…
Desapareció.
Algunas voces del edificio dicen que se escapó con un perro de mala nota;
Otras cuantas, dicen que fue secuestrada por un grupo de mascotraficantes;
Las más osadas se atreven a aventurar que le vieron escapando de una jauría que lo perseguía
Por deudas de juego, según me cuentan.
Los Zoroastrianos del barrio
dicen que fue una maldición por usar un nombre sagrado
Para designar a una bestia.
Yo me reservo mis dudas sobre estas voces,
Solo se que nunca fue como los demás animales…
Tenía una misión, la cumplió y por ello se marchó
De la forma que haya sido; solo sucedió, se fue…
De eso ya hace dos año, y no supe jamás de “Mazda”
A veces le extraño…
…sin embargo hoy se cumplen dos años de conocer a Ahura
La mujer
…que me acompañará el resto de mi vida.
Su nombre fue “Ahura Mazda”,
Recuerdo cómo me veía con su mirada animal
Y como se alegraba cada vez que le acercaba la comida a su bandeja
Ella siempre se acercaba cuando me veía con angustias que me embargaban
Y se regocijaba conmigo al observar mis alegrías.
Siempre en la soledad de mi departamento
Ella esperaba paciente la llegada de su amo.
Me quiso como a ninguna otra cosa en su mundo…
Desconozco si esto fue normal.
De vez en vez la sacaba a pasear por el vecindario
Dejaba que se peleara un rato con las demás bestias de los alrededores.
Creo que le hacia bien, no pasaba de unos moretones por aquí y unas mordidas por allá
Se divertía inmensidades
Le cuidé, le alimenté, le curé, le premié…
Pero un día…
Desapareció.
Algunas voces del edificio dicen que se escapó con un perro de mala nota;
Otras cuantas, dicen que fue secuestrada por un grupo de mascotraficantes;
Las más osadas se atreven a aventurar que le vieron escapando de una jauría que lo perseguía
Por deudas de juego, según me cuentan.
Los Zoroastrianos del barrio
dicen que fue una maldición por usar un nombre sagrado
Para designar a una bestia.
Yo me reservo mis dudas sobre estas voces,
Solo se que nunca fue como los demás animales…
Tenía una misión, la cumplió y por ello se marchó
De la forma que haya sido; solo sucedió, se fue…
De eso ya hace dos año, y no supe jamás de “Mazda”
A veces le extraño…
…sin embargo hoy se cumplen dos años de conocer a Ahura
La mujer
…que me acompañará el resto de mi vida.
lunes, 20 de octubre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
sábado, 27 de septiembre de 2008
"La ." (Pequeño texto mamón impulsado por Pechu)
La hojita vivía. Eso lo sabemos, pero ella no. Vive-muerta, nula, pasa por el mundo que ni siquiera conoce. No es que no le interese conocerlo, es que simplemente no está ahí. Como si no existiese. Pero sí existe, eso lo sabemos. No es Feliz ni es triste, simplemente no es. Pero sabemos que existe. Era sal en la mar, sola en la inmensidad de su propia nada. No piensa quien és, no quiere saber qué es o de dónde viene, porque no piensa ni quiere, ni es. No lo eligió ella. Simplemente no es; pero sabemos que existe, de eso no hay duda, existe. Existe Plar, la hojita.
Un niño la arranca. Del árbol, que sabemos que existe, pero Plar no, porque no sabe nada, no es un ignorante, simplemente no es; Hasta ahora.
Reacciona, a toda acción hay una reacción, es natural, eso lo sabemos. Ahora es, ya es, pero no una hojita, sólo es la reacción a la acción, a la acción del niño, que sí sabe quién es: “Juan Armando Godínez Aguilar”, o al menos él cree que eso es, pero es suficiente para ser.
Plar es dolor, ahora es, pues dolor fue la reacción a la acción. Quiere evitar el dolor pero no puede, es imposible, porque él es dolor…. Así que dejará de serlo. Ahora ya no es dolor. El dolor fue la reacción a la acción, sí, pero la acción ya no esta, ya no és, ya no existe, eso lo sabemos bien, aunque no nos lo han enseñado.
Ahora Plar es un deseo, deseo de dejar de ser lo que es: una reacción, pero al desear dejar de ser, dejó de serlo, es natural. Fue la reacción de la acción de alguien que sabía quién era, que sabía qué quería hacer, o al menos él creía saberlo. Ahora su acción ha desencadenado la reacción y la única forma de evitarlo es dejar de ser, y es lo que va a hacer Plar. Dejar de existir. O al menos dejar de ser.
Yo pienso ¡Regresa! Vuelve al árbol del que te arrancaron. Vuelve a dejar de ser, aunque yo sepa que existes, pero ¿Cómo? ¿Cómo puede Plar dejar de ser algo que ni siquiera se sabe que no fue?
Plar volverá a ser una hojita, eso espero. Esperanza, ¿Será reacción? ¿O forma parte de lo que no fue Plar? ¿Será parte de la hojita?
No, porque Plar dejó de no ser, ahora es. Soy. Sé que volveré a ser hojita, volveré a no ser. Unos dicen que seré Juanito pero no creo; ahora puedo creer porque soy. Volveré a ser no ser, volveré a ser hojita. No se cómo, no se cuándo, ni siquiera se qué no voy a ser. Pero Existí, y eso lo sabemos muy bien.
Un niño la arranca. Del árbol, que sabemos que existe, pero Plar no, porque no sabe nada, no es un ignorante, simplemente no es; Hasta ahora.
Reacciona, a toda acción hay una reacción, es natural, eso lo sabemos. Ahora es, ya es, pero no una hojita, sólo es la reacción a la acción, a la acción del niño, que sí sabe quién es: “Juan Armando Godínez Aguilar”, o al menos él cree que eso es, pero es suficiente para ser.
Plar es dolor, ahora es, pues dolor fue la reacción a la acción. Quiere evitar el dolor pero no puede, es imposible, porque él es dolor…. Así que dejará de serlo. Ahora ya no es dolor. El dolor fue la reacción a la acción, sí, pero la acción ya no esta, ya no és, ya no existe, eso lo sabemos bien, aunque no nos lo han enseñado.
Ahora Plar es un deseo, deseo de dejar de ser lo que es: una reacción, pero al desear dejar de ser, dejó de serlo, es natural. Fue la reacción de la acción de alguien que sabía quién era, que sabía qué quería hacer, o al menos él creía saberlo. Ahora su acción ha desencadenado la reacción y la única forma de evitarlo es dejar de ser, y es lo que va a hacer Plar. Dejar de existir. O al menos dejar de ser.
Yo pienso ¡Regresa! Vuelve al árbol del que te arrancaron. Vuelve a dejar de ser, aunque yo sepa que existes, pero ¿Cómo? ¿Cómo puede Plar dejar de ser algo que ni siquiera se sabe que no fue?
Plar volverá a ser una hojita, eso espero. Esperanza, ¿Será reacción? ¿O forma parte de lo que no fue Plar? ¿Será parte de la hojita?
No, porque Plar dejó de no ser, ahora es. Soy. Sé que volveré a ser hojita, volveré a no ser. Unos dicen que seré Juanito pero no creo; ahora puedo creer porque soy. Volveré a ser no ser, volveré a ser hojita. No se cómo, no se cuándo, ni siquiera se qué no voy a ser. Pero Existí, y eso lo sabemos muy bien.
viernes, 26 de septiembre de 2008
La claustrofobia de la mosca
estrategas, chequen y dejen sus comentarios.
Hay tres temas; el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, esas presencias lo han acompañado, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres.
Augusto Monterroso
Movimiento Perpetuo
La claustrofobia de la mosca
Cosas extraordinarias pasan justo frente a nosotros. Y es aun más extraordinario que no las notemos. Una de ellas es la inagotable energía de las moscas, que se empeñan en chocar una y otra vez contra el cristal.
Fascinado con su obstinación, tuve la curiosidad de observar con detenimiento su conducta. Tal vez podría aprender de ellas.
Para situarnos en la perspectiva de la mosca, debemos tener en cuenta que las moscas se aburren con facilidad, y deben explorar nuevos horizontes. Llevan el nomadismo en el instinto. Para ellas, permanecer en un solo lugar es condenarse a morir de fastidio.
A primera vista, podríamos pensar que vagan por el aire sin rumbo fijo. Pero, si observamos con detenimiento, podremos descubrir que, lo que parece un vuelo ocioso, es en realidad un concienzudo estudio de los posibles obstáculos en su plan de fuga.
Valoran cada detalle del panorama, calculan la resistencia de los materiales y crean una ruta de escape.
Debo confesar que, a estas alturas de mi observación, mis impresiones me llevaron a concluir que las moscas son perezosas.
Es por eso que, una vez que han evaluado todas las rutas de escape, toman la más sencilla de las opciones: la ventana. Es sencilla desde su perspectiva, porque nunca toman en cuenta la posibilidad de que la ventana esté cerrada. Y no lo hacen porque, a pesar de poseer ojos compuestos por cientos de facetas sensibles a la luz individualmente, no son capaces de ver el cristal.
Entonces, una vez elegida la salida, emprende raudo vuelo hacia la ventana. Se acerca. Esta cerca, más cerca, aun más cerca, puede sentir la libertad…
¡BAM! Demasiado bueno para ser verdad. Ha pagado cara su pereza. Se ha estrellado contra el cristal.
Desconcertada y un poco aturdida, debe tomar asiento en el marco de la ventana y sobarse la cara. El golpe ha sido duro. Pero más duro aun fue el impacto a su mente. No cabe en su pequeño cerebro la idea de que existe una barrera que no puede ver, pero vaya que puede sentir.
Y lo intenta una y otra y otra vez. Y se desespera cada vez más. Se llena la cabeza de chichones y descalabros, pero no desiste en su deseo de libertad. Después de todo es mejor este suplicio que morir de aburrimiento.
Llegar a la conclusión de mi experimento me fue imposible. Mi altruismo fue más fuerte que mi espíritu científico. Tuve que doblar las manos ante la piedad y abrirle la ventana al remedo de mosca que quedaba después de cientos de cabezazos en el cristal.
Debo decir con toda franqueza que, aunque traté de ser objetivo en mis observaciones, se puede detectar en ellas maneras tendenciosas, por lo que dejo a consideración de cada uno de ustedes la veracidad de estos hechos.
Al fin y al cabo, aquel que dude, puede sacar sus propias conclusiones. Todo será cuestión de sentarse a esperar una mosca, despojarse de todo prejuicio, eliminar toda manifestación de escrúpulos, y observar detenidamente la claustrofobia de la mosca.
Elmer Homero Costelo (pechu pa los compas)
Hay tres temas; el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, esas presencias lo han acompañado, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres.
Augusto Monterroso
Movimiento Perpetuo
La claustrofobia de la mosca
Cosas extraordinarias pasan justo frente a nosotros. Y es aun más extraordinario que no las notemos. Una de ellas es la inagotable energía de las moscas, que se empeñan en chocar una y otra vez contra el cristal.
Fascinado con su obstinación, tuve la curiosidad de observar con detenimiento su conducta. Tal vez podría aprender de ellas.
Para situarnos en la perspectiva de la mosca, debemos tener en cuenta que las moscas se aburren con facilidad, y deben explorar nuevos horizontes. Llevan el nomadismo en el instinto. Para ellas, permanecer en un solo lugar es condenarse a morir de fastidio.
A primera vista, podríamos pensar que vagan por el aire sin rumbo fijo. Pero, si observamos con detenimiento, podremos descubrir que, lo que parece un vuelo ocioso, es en realidad un concienzudo estudio de los posibles obstáculos en su plan de fuga.
Valoran cada detalle del panorama, calculan la resistencia de los materiales y crean una ruta de escape.
Debo confesar que, a estas alturas de mi observación, mis impresiones me llevaron a concluir que las moscas son perezosas.
Es por eso que, una vez que han evaluado todas las rutas de escape, toman la más sencilla de las opciones: la ventana. Es sencilla desde su perspectiva, porque nunca toman en cuenta la posibilidad de que la ventana esté cerrada. Y no lo hacen porque, a pesar de poseer ojos compuestos por cientos de facetas sensibles a la luz individualmente, no son capaces de ver el cristal.
Entonces, una vez elegida la salida, emprende raudo vuelo hacia la ventana. Se acerca. Esta cerca, más cerca, aun más cerca, puede sentir la libertad…
¡BAM! Demasiado bueno para ser verdad. Ha pagado cara su pereza. Se ha estrellado contra el cristal.
Desconcertada y un poco aturdida, debe tomar asiento en el marco de la ventana y sobarse la cara. El golpe ha sido duro. Pero más duro aun fue el impacto a su mente. No cabe en su pequeño cerebro la idea de que existe una barrera que no puede ver, pero vaya que puede sentir.
Y lo intenta una y otra y otra vez. Y se desespera cada vez más. Se llena la cabeza de chichones y descalabros, pero no desiste en su deseo de libertad. Después de todo es mejor este suplicio que morir de aburrimiento.
Llegar a la conclusión de mi experimento me fue imposible. Mi altruismo fue más fuerte que mi espíritu científico. Tuve que doblar las manos ante la piedad y abrirle la ventana al remedo de mosca que quedaba después de cientos de cabezazos en el cristal.
Debo decir con toda franqueza que, aunque traté de ser objetivo en mis observaciones, se puede detectar en ellas maneras tendenciosas, por lo que dejo a consideración de cada uno de ustedes la veracidad de estos hechos.
Al fin y al cabo, aquel que dude, puede sacar sus propias conclusiones. Todo será cuestión de sentarse a esperar una mosca, despojarse de todo prejuicio, eliminar toda manifestación de escrúpulos, y observar detenidamente la claustrofobia de la mosca.
Elmer Homero Costelo (pechu pa los compas)
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