domingo, 31 de octubre de 2010

Sobrevivir.

Mi piel se estremece y poco a poco va fluyendo la información, periodistas entrevistan a uno los habitantes de una finca afectada por dos granadazos en Zapopan, no sabe cuál pudo haber sido el móvil del crimen, lo que sabe es que hay miedo; se respira el temor en las calles de la ciudad, desde ese día ya nada sería igual.

Jueves 28 de octubre, las 19:00 horas, me encuentro en mi trabajo y escucho una nota que detonaría movilización del cuerpo político del estado para retóricamente armar una estrategia de seguridad; dos granadas de fragmentación fueron detonadas en el centro histórico de Zapopan, hay 5 heridos.

Jueves 28 de octuubre, 16:45 horas, en Jilotlán de los Dolores, Jalisco, a unos cuantos kilómetros de Michoacán, un grupo de 80 sicarios embosca a policías estatales ejecutando a 9 elementos, hay 1 desaparecido y 2 heridos; las autoridades señalan que fue una venganza del grupo delictivo La Familia por la detención de un sobrino del Jefe apodad La Tuta.

Miércoles 27 de octubre, 12:00 horas, 15 jóvenes son ejecutados en un autolavado en Tepic, Nayarit, por un grupo de sicarios.

Miércoles 27 de octubre, Tepito, Ciudad de México, 6 jóvenes son ejecutados, dice la procuraduría que se trataba de narcomenudistas.

Lunes 25 de octubre, trece internos del centro de rehabilitación El Camino en Tijuana son asesinados por un comando armado que irrumpió en el lugar con sus armas de alto calibre.

Viernes 22 de octubre por la noche, en el fraccionamiento Horizontes del Sur en Ciudad Juárez 14 jóvenes son asesinados y 20 más resultan heridos durante una celebración de cumpleaños, las autoridades federales se lavan las manos diciendo que los sicarios buscaban a un sujeto apodado “El Mouse” y que se les pasó la mano.

Viernes 29 de octubre, un grupo de 4 jóvenes nuevamente es ejecutado mientras hacían los preparativos de un bar nocturno que sería inaugurado al día siguiente, nuevamente un grupo de sicarios fue el culpable.

Viernes 29 de octubre, por la tarde un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez realizaba una caminata por la paz, en exigencia de un alto a la violencia en su ciudad, un grupo de elementos de la Policía Federal tratan de detener la manifestación, se escucha un disparo, un joven de 19 años resulta herido en el abdomen.

El Gobierno Federal criminaliza a los jóvenes que son atacados por sicarios, criminaliza a los manifestantes y no le basta que la ciudadanía tenga un miedo terrible de salir a la calle cuando los narcotraficantes tienen el mando sino que se encarga de que tengamos más terror cuando sus agentes federales toman el control.

Cuando el Estado se convierte en el enemigo hay muy pocas cosas qué hacer, a quién recurrir si el garante de la seguridad se vuelve en el principal violador de las garantías individuales y de los derechos humanos.

Cuando al que debemos de exigirle cuentas por la violencia nos responde con más violencia, justificando la muerte de civiles con un simple “muertes colaterales” como si en su batalla interna los ciudadanos termináramos siendo un simple decorativo del territorio en disputa.

Desde aquel 28 de octubre para mí ya nada es igual, sentí el miedo con un ataque a menos de 2 kilómetros de donde me encontraba laborando, el centro de Zapopan, aquí, a solo media hora, el miedo ya no ha salido de mi cuerpo desde entonces, la indignación se ha convertido en eso, en un terror indescriptible que ni siquiera me permite respirar con confianza, cómo terminará esto, me pregunto, si yo no puedo hacer algo existo solo para esperar recibir un plomazo en mi abdomen cada mañana, cada tarde, cada noche que estos actos de violencia y represión se hagan presentes en mi entorno, en mi país.

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